Frida Escobedo desconfía de las categorías demasiado cómodas. No le interesa hablar de un supuesto “momento mexicano” como si décadas de producción cultural acabaran de ser descubiertas, prefiere hablar de contextos que no pueden trasladarse de un país a otro sin perder algo en el camino. Esa precisión también explica su manera de entender la arquitectura como una estructura capaz de dejar espacio para que otras cosas sucedan.
Esa postura adquiere otra escala en sus proyectos actuales. La arquitecta trabaja en la nueva Tang Wing del Metropolitan Museum de Nueva York y, junto con Moreau Kusunoki, en la renovación del Centre Pompidou de París.
En esta conversación, Escobedo habla de autoría colectiva en una profesión todavía fascinada por la figura del arquitecto estrella y de por qué la innovación cultural quizá ya no consista en inventar nuevos edificios, sino en diseñar lugares capaces de admitir usos que todavía no podemos anticipar.
¿Qué encuentras más desafiante o estimulante al intervenir espacios de esta relevancia global?
"Lo que me parece más interesante es que no son monumentos estáticos, sino instituciones vivas. La pregunta entonces no es cómo preservar una imagen, sino cómo entender qué debe permanecer y qué necesita evolucionar".
"En ambos casos, eso también implica mirar más allá del edificio. Estas instituciones tienen una relación extraordinaria con el espacio público y con la ciudad. El Centre Pompidou con la Place Georges Pompidou en París, y el Met con Central Park y Fifth Avenue. Parte de su identidad proviene de la manera en que las personas se aproximan a ellos, entran, circulan y los entienden como parte de la vida pública. En ese sentido, se han convertido en símbolos de la ciudad".
Alguna vez declaraste que la era del “starchitect” había terminado. Menos de una década después, eres reconocida públicamente y por tu trabajo. ¿Cómo equilibras esa visibilidad con una práctica significativa y concentrada?
"Cuando dije que la era del “starchitect” había terminado, no sugería que los arquitectos dejarían de ser figuras públicas, cuestionaba la idea de la arquitectura como expresión de un único autor heroico. Los edificios de esta escala y complejidad son inherentemente colectivos, y creo que nuestra comprensión de la autoría se ha vuelto mucho más matizada".
"También haría una distinción entre visibilidad y celebridad. Esa distinción es importante para mí. No quiero que la visibilidad se convierta en el trabajo. Cuando eso sucede, corres el riesgo de convertirte en una marca en lugar de alguien que hace cosas. Idealmente, cualquier presencia pública que tenga es una extensión de las mismas ideas, intereses y sensibilidad que existen en la arquitectura".
Hablas con frecuencia de la relación entre arquitectura y lenguaje, de diseñar edificios como una especie de diálogo. ¿Qué significa eso cuando hablamos de materiales, formas y plantas?
"Cuando hablo de arquitectura y lenguaje no pienso en los edificios como algo que deba decodificarse ni como si cada elemento tuviera un significado simbólico fijo; me interesa más la manera en que la arquitectura crea relaciones".
"Los materiales, las formas y las plantas comunican, pero lo hacen a través de la manera en que se relacionan entre sí. Un material puede sugerir permanencia o fragilidad, pero también puede contener huellas de conocimiento, trabajo, técnica y tiempo. La manera en que se produce, manipula o ensambla forma parte de lo que comunica. Un muro puede separar, pero también filtrar, enmarcar o conectar. La organización de una planta establece distancia, proximidad, movimiento y encuentro. Las personas habitan los edificios de maneras que no puedes anticipar del todo, por lo que el significado de un espacio continúa transformándose a través de su uso".
¿Imaginaste que existiría tanto interés internacional por la producción creativa mexicana, desde la gastronomía hasta el arte y, por supuesto, la arquitectura?
"Siempre soy un poco cautelosa con la idea de un “momento mexicano”, porque puede hacer que siglos de producción cultural parezcan un descubrimiento reciente. Sin duda existe mucha más atención internacional ahora, pero no creo que esa atención provenga de una única estética, lenguaje material o generación".
"Precisamente lo contrario es lo que me parece interesante; México tiene un ecosistema creativo muy complejo y diverso. Creo que existe un riesgo al intentar explicar esa atención mediante una idea reconocible de “mexicanidad”. Las prácticas más interesantes no intentan encajar dentro de una imagen predeterminada de identidad mexicana. Tienen sus propias posiciones, intereses y contextos, y simplemente están haciendo buen trabajo. Por eso describiría lo que está sucediendo menos como una tendencia y más como una mayor visibilidad alrededor de un entorno cultural que lleva mucho tiempo siendo activo, complejo y ambicioso."
