Mark Walter dio la sorpresa. El financiero y fundador de la firma de inversión crediticia Guggenheim Partners anunció la venta sorpresiva del equipo de basquetbol Los Angeles Lakers al antiguo director ejecutivo de Disney Bob Iger y a Josh Kushner por 12 mil 500 millones de dólares —apenas un año después de que lo compró—, un movimiento que pone de relieve cuánto ha cambiado la naturaleza de la propiedad en el deporte.
En la década de 1940, cuando Walter O’Malley empezó a adquirir participaciones en la franquicia de beisbol de los Dodgers, no era más que el abogado interno del equipo. Para el momento en el que se compró el equipo, en 2012, por una cifra récord en aquel entonces de 2 mil millones de dólares, el consorcio comprador estaba encabezado por destacados financieros a la vanguardia del capital privado. El líder de ese grupo era el mismo Mark Walter que ahora vendió los Lakers.
No es difícil entender por qué los multimillonarios están tomando un papel preponderante en el deporte. El prolongado mercado alcista en el sector del capital privado engrosó sus arcas y les permite comprar superyates, megamansiones y, cada vez más, equipos que sirven como trofeos. Sin embargo, sus objetivos son muy diferentes de los de la generación anterior de propietarios.
Familias como los O’Malley obtenían sus ingresos y su riqueza principalmente del deporte y los equipos se pasaban de generación en generación. Pero, para los financieros, las franquicias deportivas forman parte de carteras más amplias, y los equipos corren el riesgo de verse arrastrados por los diversos asuntos.
El imperio asegurador de Walter es investigado por fiscales federales debido a la forma en que clasifica las inversiones vinculadas a otras áreas de sus intereses empresariales, informó Financial Times. Los ingresos obtenidos por la venta de los Lakers pueden ayudar a aliviar las presiones para desinvertir en el negocio de seguros o para recapitalizar los balances de esas aseguradoras.
Mat Ishbia, propietario de los Phoenix Suns, rivales de los Lakers, se enfrenta a sus propios problemas financieros. United Wholesale Mortgage, el gigante hipotecario que cotiza en bolsa y que él dirige, perdió 600 millones de dólares en una reciente operación de cobertura y canceló el pago de dividendos, con valor de cientos de millones de dólares, una fuente de ingresos que Ishbia utilizaba en parte para reinvertir en su equipo de basquetbol.
Estos propietarios de equipos han sufrido contratiempos a pesar de la prolongada tendencia alcista en los mercados de valores y de deuda. Sin embargo, al tener en cuenta la elevada inflación y las valoraciones bursátiles en máximos, es concebible que el sector financiero en general se enfrente a tensiones significativas.
Algunos pueden verse obligados a desprenderse de obras de arte, coches e incluso de sus preciados equipos deportivos, sobre todo cuando estos activos de prestigio representan una partida más en su cartera de inversiones en lugar de una pasión de toda la vida.
Tradicionalmente, los propietarios de equipos ofrecían estabilidad a largo plazo y pocas distracciones ajenas al deporte. Muchos transformaron pequeñas inversiones realizadas en la década de 1940 en cientos de millones, o incluso miles de millones, de dólares al vender sus participaciones ya entrado el siglo actual. Los multimillonarios que pagan precios astronómicos pueden mostrarse menos leales y menos sentimentales hacia las franquicias recién adquiridas. Los aficionados, ya acostumbrados a los sinsabores en la cancha, harían bien en prepararse para nuevas decepciones durante los periodos fuera de temporada.