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El Diablo no solo viste a la moda; también envejece mejor que nadie

FT MERCADOS

Mientras Hollywood obsesiona con la juventud, Meryl Streep y Anna Wintour prueban que el verdadero poder —como el buen estilo— solo mejora con los años.

Algo grande orbita la atmósfera terrestre. ¿Puedes sentir su atracción gravitacional? Veinte años después del primer contacto, la Tierra se prepara para El Diablo Viste a la moda 2.

Basada en una novela de Lauren Weisberger, la primera película de El Diablo Viste a la moda se estrenó en 2006. Narraba la historia de la desaliñada periodista Andy Sachs (Anne Hathaway), quien consigue un trabajo en Runway, una revista de moda dirigida por Miranda Priestly, una fría editora interpretada por Meryl Streep.

Allí, Andy aprende a sortear los peligros de una industria obsesionada con el poder, las posesiones materiales y la riqueza personal.

Basada libremente en las propias experiencias de Weisberger trabajando en Condé Nast a finales de la década de 1990, la película captura la época dorada de la industria editorial: una era predigital en la que las redes sociales aún estaban en sus inicios y los ingresos publicitarios alcanzaban niveles récord.

Un éxito rotundo, la película recaudó más de 326 millones de dólares (mdd) en taquilla a nivel mundial, con un presupuesto relativamente modesto, estimado en 35 mdd. Como Streep le comentó a Stephen Colbert en un programa de entrevistas nocturno, originalmente descartaron la película como una chick flick (película para chicas), una etiqueta que “como que no ha envejecido bien”.

La película transformó a Anne Hathaway de una actriz juvenil de mejillas sonrosadas a una protagonista y convirtió a la actriz inglesa Emily Blunt en una estrella internacional. Desde entonces, se ha convertido en una película de culto y ha dado lugar a un musical de Broadway, que actualmente triunfa en el West End.

Su secuela contó con un generoso presupuesto de alrededor de 150 mdd y se filmó el verano pasado en las calles de Nueva York ante un público apresuradamente expectante. Y aunque El diablo viste a la moda 2 no se estrena hasta el fin de semana que viene, la campaña de mercadotecnia global ya está en marcha desde hace varias semanas. 

A finales de marzo, sus estrellas desfilaron por las alfombras rojas de Ciudad de México, Tokio y Seúl. Cumbres Borrascosas posiblemente estableció nuevos estándares para generar expectación, pero Margot Robbie parece una aficionada al cosplay. Streep apareció en el programa de Colbert luciendo el jersey original de Sachs en “azul cerúleo”.

La moda cambia de temporada

Sin duda, ya los aburrí con mis críticas a la película de 2006. Llegué a la edición británica de Vogue en 2008, poco después de su estreno. La impresión general sobre la obra de Weisberger era que se trataba de una especie de documental sobre la vida en el periodismo de moda y, por lo tanto, sus protagonistas debían ser unas malditas obsesionadas con el peso, o unas imbéciles, que se vestían con ropa de Chanel gratis que salía de un armario. 

El hecho de que ni una sola historia pareciera publicarse en la revista Runway me molestaba mucho. Me imagino cómo se sentirán los cirujanos de traumatología al preguntarles si sus experiencias son “exactamente iguales” a las que se ven en The Pitt de HBO.

La actriz Meryl Streep y la famosa editora Anna Wintour se siguen mostrando empoderadas aun con el pasar de los años.
Revista Vogue con El Diablo Viste a la Moda. Cortesía

En particular, tuve problemas con Andy, quien aspira a ser periodista pero llega a su primer día de trabajo sin las herramientas necesarias para escribir. Detesto que nunca haya oído hablar de Dolce & Gabbana, y detesto a su novio inmaduro y tóxico, que la obliga a elegir entre sus sándwiches de queso a la plancha a altas horas de la noche y su carrera.

Sin embargo, 20 años después, la hegemonía cultural de la película es innegable. Y muchos de sus temas sobre la ambición, las decisiones de la vida y el liderazgo femenino se han vuelto aún más relevantes en un periodo en el que la política de género se ha vuelto más tensa y febril.

Ninguna de las dos es especialmente encantadora. Y, sin embargo, aquí están, viviendo sus mejores vidas como las mujeres empoderadas por excelencia.

Aún más sorprendente, Anna Wintour, la editora de Vogue en la que se basó falsamente el drama de 2006, sigue siendo la figura central en torno a la cual gira el mundo de la moda. Así como Streep sigue siendo la actriz más poderosa de Hollywood, una industria que venera la juventud, esta semana, en un acto de audacia autorreferencial, la revista Vogue estadunidense publicó una portada digital con las dos mujeres de 76 años juntas: Wintour luce un vestido bermellón y Streep un traje de Prada. El retrato fue fotografiado por otra septuagenaria, Annie Leibovitz, y el estilismo estuvo a cargo de Grace Coddington, ahora una venerable mujer de 84 años.

Cuando Streep rodó la primera película de El diablo viste a la Prada, tenía cincuenta y tantos años, una década que puede ser peligrosa para las actrices (y las mujeres profesionales) que se acercan al olvido. 

ella dice...

“20 años después, la hegemonía cultural

De la película es innegable”

El éxito de esa película, y poco después el de Mamma Mia!, impulsó un periodo de gran esplendor en su carrera. Del mismo modo, en 2006, Wintour podría haber sido considerada “cansada”, luego de casi veinte años en Vogue. La película, aunque no trataba explícitamente sobre ella, consagró su reputación como una especie de semidiosa intocable cuyo poder e influencia sellarían su liderazgo durante otros veinte años.

El poder y las prendas invisibles

La moda siempre se ha caracterizado por su apetito por la novedad. El constante flujo de nuevos talentos, sangre nueva y potencial juvenil se considera la savia de la industria. Y, sin embargo, aquí reside la máxima ironía: dos de las figuras culturales más poderosas del mundo en este momento están en la tercera edad: ambas abuelas, entre las dos suman diez nietos. Ambas son matriarcas, literal y figuradamente, de vastas dinastías. “Me gusta mi edad”, dijo Wintour en su entrevista con Vogue. “Me siento tan viva, entusiasmada y consciente como siempre, y me gusta aprender de mis hijos y de todos mis equipos alrededor del mundo”.

Ninguna de las dos es especialmente encantadora. Ambas pueden mostrar una desapasionada indiferencia hacia el hombre más débil. “Por naturaleza estoy de mal humor”, dijo Streep a los periodistas en una ocasión, mientras que Wintour es famosa por su arrogante indiferencia. Y, sin embargo, aquí están, viviendo sus mejores vidas como las mujeres empoderadas por excelencia. Su éxito parece un anacronismo aún mayor ahora que entonces. El último suspiro de una generación dorada para la que el feminismo realmente significaba que se podía tenerlo todo.

AAL

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@The Financial Times Limited 2026. Todos los derechos reservados . La traducción de este texto es responsabilidad de Milenio Diario.

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