En julio, cuando las páginas de sociales se llenaron con la noticia de que Alejandro Santo Domingo, el elegante multimillonario colombiano, se iba a casar con lady Charlotte Wellesley, la hija del duque de Wellington, murió una pequeña parte del corazón de muchas de las más guapas en la tierra, como se diría en los cuentos de hadas.
Santo Domingo, de 38 años, es el guapo rostro público de la fortuna cervecera de su familia. Una figura habitual en las listas de los hombres mejor vestidos y más codiciados, estas semanas el financiero educado en Harvard también surgió como alguien con influencia para la oferta pública de adquisición de Anheuser-Busch InBev por SABMiller.
Finalmente, SABMiller dijo que acordó “en principio” la adquisición por 68 mil millones de libras que ofreció su rival Anheuser-Busch InBev, la cervecera más grande del mundo por ventas. Alejandro Santo Domingo estuvo en las últimas negociaciones.
Por décadas, a los Santo Domingo los dirigió el padre de Alejandro, Julio, un políglota citadino y astuto negociador que construyó un conglomerado colombiano que en su punto más alto representó 4% del PIB nacional.
SABMiller, un golpe maestro, hizo que la familia fuera el segundo mayor accionista de SABMiller, con una participación de 14% y dos puestos en la junta de En la actualidad la riqueza de la familia asciende a más de 14 mil millones de dólares (mdd). Esa participación hace a los Santo Domingo clave en la negociación con AB InBev.
El brasileño Carlos Brito, director ejecutivo de la cervecera Budweiser, lo reconoció antes de llegar al acuerdo de adquisición. “No existe una transacción sin ellos, eso es muy claro”.
Y, tras cuatro intentos, el acuerdo se alcanzó sólo después de que Olivier Goudet, presidente de AB InBev dijo que su compañía elevaría su oferta de efectivo por quinta vez a 44 libras por acción. La cifra -una prima de 50% sobre el precio de acciones al cierre y sin cambios de SAB de hace un mes- fue suficiente. Jan du Plessis, el presidente sudafricano de SAB, dijo que el apoyo de los Santo Domingo fue “crítico” para el acuerdo. “Tengo la mayor admiración por la forma como se comportaron. Son unos verdaderos caballeros”, dijo.
La propuesta final de AB InBev valora el capital de SAB en 68 mil millones de libras y tiene un valor de 75 mil millones de libras incluyendo la deuda neta. La oferta incluye una oferta parcial de 41% de acciones de SAB, que tienen un valor de 39.03 por acción.
Santo Domingo vive en Nueva York y parece tener una vida afortunada. Maneja la fortuna familiar desde Quadrant Capital Advisory, junto con su primo del lado materno, Carlos Alejandro Pérez Dávila, de 53 años, un exbanquero de inversión de Goldman Sachs quien se sienta junto con Alejandro en el consejo de SABMiller.
Según personas cercanas a la situación, es probable que la familia Santo Domingo, que tiene participación en la compañía BevCo acepte la alternativa de las acciones y espere recibir un puesto en el consejo de dirección de la entidad fusionada.
“Es muy inteligente”, dice Violy McCausland-Seve, una banquera de inversión que alguna vez asesoró a la familia y empleó a Alejandro en 1999 como un prometedor financiero cuando salió de la universidad. “Pero la inteligencia también viene de saber rodearse de gente inteligente, de escuchar… de pedir opiniones, y no pensar que lo sabes todo”.
Un don, para los negocios corre en la familia. La venta hace 10 años de Bavaria a SABMiller no solo multiplicó sino que también diversificó la fortuna del clan, por lo que quedó protegida de la reciente caída de los precios de los activos de los mercados emergentes. También le permitió a los Santo Domingo obtener cerca de mil 500 millones de dólares en dividendos, ganancias que reinvierten en una serie de negocios que van desde logística hasta medios.
Su monopolio de cerveza es la fuente de la fortuna familiar. De hecho, fue el éxito de los Santo Domingo, y otras dinastías cerveceras regionales como los Mendoza en Venezuela y los Bemberg en Argentina, lo que inspiró al multimillonario brasileño Jorge Paulo Lemann, un accionista clave de InBev, para entrar al negocio de la cerveza y ahora lanzar la oferta por SABMiller.
¿Qué hizo cambiar de opinión a Santo Domingo, el “príncipe encantador” que parece tenerlo todo, incluso una novia? “Lo más importante en las fusiones y adquisiciones es no decir nada, no hablar y mantener las cartas muy cerca de ti”, dice McCausland-Seve, quien dice que no sabe lo que piensa la familia.
