De acuerdo con el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés), el nuevo repunte de los precios de la energía provocado por el conflicto en Medio Oriente representa un desafío adicional para los bancos centrales.
"Esto debido a que aumenta el riesgo de que el encarecimiento del petróleo y el gas se traslade al resto de la economía, complicando el control de la inflación, lo cual obliga a mantener una política monetaria restrictiva por más tiempo", señaló el banco.
“Choques energéticos e inflación: desafíos para la política monetaria”
En su reporte “Choques energéticos e inflación: desafíos para la política monetaria”, BIS explicó que los efectos de una crisis energética dependen tanto de la magnitud del choque como de las condiciones económicas existentes antes de su aparición.
El organismo detalló que históricamente los fuertes incrementos en los precios de la energía provocados por interrupciones en la oferta han tenido un impacto mucho más profundo y persistente sobre la inflación subyacente.
Lo anterior excluye a los componentes más volátiles del índice de precios, como los alimentos no elaborados y los energético, que los aumentos de menor magnitud.
Además, destacó que la transmisión de estos choques suele intensificarse cuando las expectativas de inflación de los hogares y las empresas no están bien ancladas.
En este sentido, resaltó que cuando las expectativas inflacionarias se ubican por encima de la meta de los bancos centrales, el impacto de un choque petrolero sobre la inflación puede ser más del doble que en un escenario donde consumidores y empresas confían en que los precios volverán a estabilizarse.
“Esto incrementa el riesgo de que el aumento en los costos de la energía termine trasladándose al resto de los bienes y servicios mediante los llamados efectos de segunda ronda”, dijo.
¿Cuál es el sube y baja de la inflación? Así se refleja
El organismo señaló que las expectativas inflacionarias son un factor determinante, ya que, cuando los consumidores anticipan aumentos sostenidos en los precios, las empresas ajustan con mayor rapidez sus costos, dificultando que la inflación regrese a los objetivos establecidos por los bancos centrales.
Además, agregó que las condiciones del mercado laboral también influyen en la evolución de los precios.
"Un mercado laboral tensionado puede intensificar las demandas salariales de los trabajadores, especialmente cuando buscan preservar su poder adquisitivo tras un choque en los precios de la energía", indicó el BIS.
Además, destacó que las economías importadoras de petróleo y gas enfrentan mayores riesgos inflacionarios, ya que el deterioro de los términos de intercambio y una posible depreciación del tipo de cambio amplifican el traslado del encarecimiento energético hacia los precios internos.
Por su parte, agregó que este efecto también depende de la intensidad energética de cada país, es decir, del peso que tienen el petróleo y el gas tanto en los procesos productivos como en la canasta de consumo de los hogares.
El organismo explicó que el principal desafío para la política monetaria es que este tipo de choques elevan la inflación al mismo tiempo que debilitan la actividad económica.
Por ello, los bancos centrales enfrentan el dilema de endurecer las tasas de interés para evitar que las presiones inflacionarias se propaguen o actuar con mayor cautela para no profundizar la desaceleración económica.
Incluso advirtió que, aunque una estrategia de "esperar y ver" permite obtener mayor claridad sobre la evolución del conflicto, también incrementa el riesgo de que las expectativas de inflación se desanclen, lo que eventualmente podría obligar a aplicar aumentos más rápidos en las tasas de interés.
Sin embargo, el BIS destacó que el entorno actual presenta diferencias frente al episodio inflacionario de 2022, ya que antes del nuevo choque energético los déficits fiscales eran menores en promedio y la política monetaria ya tenía una orientación más restrictiva en varias economías, factores que podrían limitar la intensidad de las presiones inflacionarias.
Además, indicó que los mercados inicialmente anticiparon una respuesta más moderada de los bancos centrales de Estados Unidos y la zona euro que durante la crisis energética de 2022.
Sin embargo, conforme avanzó el conflicto comenzaron a descontar un endurecimiento monetario más rápido y persistente ante el riesgo de que la inflación permanezca elevada durante más tiempo.
El organismo financiero internacional recordó que el episodio actual se encuentra entre las mayores crisis energéticas desde la década de 1990.
Además, explicó que, tras el inicio del conflicto, la oferta mundial de petróleo se redujo cerca de 15 por ciento durante los primeros cinco meses, mientras que los precios del crudo aumentaron más de 120 por ciento respecto a los niveles mínimos registrados antes de la guerra.
Por ello, advirtió que las perturbaciones en el suministro de petróleo y gas pueden generar presiones inflacionarias más persistentes, especialmente en economías importadoras de energía, donde el aumento de los costos de producción, así como de transporte puede trasladarse con mayor rapidez a los precios finales para consumidores y empresas.
Riesgos geopolíticos
El organismo señaló que, aunque los precios posteriormente comenzaron a moderarse hacia niveles previos al conflicto, la volatilidad continúa siendo elevada debido a la incertidumbre sobre la duración de las interrupciones en el suministro y la posibilidad de nuevos riesgos geopolíticos.
Además, recordó que los mercados energéticos ya experimentaron episodios similares. Tras la invasión de Kuwait por Irak en 1990, los precios del petróleo aumentaron alrededor de 180 por ciento, mientras que después de la invasión rusa a Ucrania en 2022 alcanzaron un máximo 77 por ciento superior.
En ambos casos, recordó que los precios retrocedieron posteriormente conforme se normalizó la oferta o se encontraron fuentes alternativas de suministro.
Sin embargo, el organismo indicó que la crisis actual presenta características particulares debido al riesgo asociado con un cierre prolongado del estrecho de Ormuz, una ruta estratégica para el transporte mundial de energía.
Finalmente, BIS destacó que además de petróleo y el gas, esta zona es relevante para el comercio de materias primas como fertilizantes, fundamentales para la producción agrícola, y helio, utilizado en industrias tecnológicas como la fabricación de semiconductores.
KL