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Domingo , 24.03.2019 / 16:16 Hoy

Aprovechar la adversidad

Nada ha sido fácil para FEMSA. La empresa se mantuvo a flote a través de dos graves crisis y diversos contratiempos, para convertirse en protagonista global del mercado de consumo.
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Cuentan sus amigos más cercanos que a Don Eugenio Garza Lagüera le gustaba invitarlos seguido a su rancho y los llevaba cada vez a ver un árbol al que le habían caído varios rayos y, que a pesar de eso, seguía vivo. “Decía que ese árbol le gustaba, pues se parecía a él”, recuerda José Antonio Fernández Carbajal, presidente ejecutivo del Consejo de Administración de FEMSA.

“Este árbol es un sobreviviente que ha sufrido muchos golpes”, solía decir Don Eugenio, “por eso vengo aquí a cargar la pila”.

Hoy FEMSA, que Garza Lagüera heredó de su padre, opera en 10 países, además de México (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Filipinas, Guatemala, Nicaragua, Panamá y Venezuela). Según su informe anual de 2017, tan solo la división de bebidas atiende a 381.1 millones de personas al año, tiene presencia en 2,766,310 puntos de venta, opera 64 plantas y 324 centros de distribución. Pero para tener una dimensión real del tamaño de la multinacional sería necesario agregar, también, su participación en tiendas de proximidad (cadena OXXO), en salud y farmacias, y en energéticos (OXXO GAS).



Sin embargo, nada del éxito del que posee esta empresa mexicana dedicada a la industria de bebidas y la embotelladora de Coca-Cola más grande del mundo, haría pensar en los obstáculos que ha tenido que enfrentar desde su fundación.


Una historia atribulada

El origen de la empresa regiomontana se remonta a la fundación de la Cervecería Cuauhtémoc en 1890, por Isaac Garza Garza (abuelo de Eugenio), Francisco Sada Muguerza, José Muguerza y José María Schneider. De acuerdo con el dossier que ofrece la fondeadora y consultora para inversionistas Funding Universe sobre FEMSA, la inversión original fue de 150,000 pesos y su producción alcanzaba únicamente 1,500 botellas de cerveza al día. Solo 19 años más tarde su producción había ascendido a 300,000 botellas, el mismo número de barriles, y tenía una planta laboral de 1,500 empleados.

El primer golpe, afirma la consultora, llegó durante la Revolución, cuando los dueños decidieron apoyar al bando que eventualmente resultaría perdedor, lo cual les costó la expropiación de sus empresas, que solo pudieron recuperar gracias a los esfuerzos diplomáticos de Estados Unidos (EU) y Rusia.

Los años que siguieron al conflicto armado fueron de crecimiento y diversificación para la empresa, que además de la cervecería fundó compañías de vidrio (para las botellas), papel, cartón, corchos y corcholatas. En estas operaciones estuvieron involucradas otras empresas de la familia, como Fábricas Monterrey S.A. (Famosa) y Vidrios y Cristales de Monterrey S.A., constituyendo así una cadena de autosuministro. En 1936 el consorcio se reorganizó con el nombre de Valores Industriales S.A. (VISA), uno de los primeros holdings en el país, el cual llegaría a agrupar hasta 135 compañías subsidiarias décadas después.

En medio de todas estas circunstancias, en 1923, nació , el mayor de los hijos de Eugenio Garza Sada, entonces presidente del holding y quien era, a su vez, hijo de Isaac Garza Garza.

Eugenio Garza Lagüera estudió Ingeniería Química en el Tec de Monterrey y en 1947 se incorporó al negocio en el área de Investigación de la cervecera, posición que ocupó solo durante algunos años, antes de crecer a puestos de más responsabilidad.

“Mientras su papá todavía vivía, fue designado presidente del Consejo de VISA (hoy FEMSA) en 1969. Antes había trabajado en la cervecera y en la parte financiera del grupo. Como presidente, tuvo que enfrentar muy pronto un entorno complejo para la economía mexicana”, recuerda Fernández Carbajal.

Coca-Cola FEMSA obtuvo un crecimiento de 14.7% en sus utilidades al cierre de 2017. (SHUTTERSTOCK)


Cuatro golpes

Se podrían resumir en cuatro los grandes acontecimientos adversos que Garza Lagüera tuvo que enfrentar durante su gestión al frente de la empresa y que definirían su legado.

El primero fue la muerte de su padre, ocurrida en 1973 durante un intento de secuestro por parte de una célula del grupo guerrillero Liga Comunista 23 de septiembre. De acuerdo con el relato de Fernández Carbajal, “Además de hacer frente a esa pérdida familiar ocurrida en forma tan dramática, a Don Eugenio Garza Lagüera le tocó administrar una decisión familiar y negociar la separación de la empresa en dos grandes grupos: ALFA y la nueva VISA.”

la figura unificadora de Garza Sada, pero también por la crisis económica que comenzaba en esos años: la inflación llegó por primera vez a dos dígitos en 1973, la economía entró en recesión y en 1976 el peso se devaluó más de 100% frente al dólar estadounidense.

El resultado fue que los Garza Lagüera se quedaron al frente de VISA —que unió los negocios de bebidas, más su participación en un banco—, mientras que el resto de las operaciones pasaron a manos de otras ramas de la familia.

“Desde entonces y hasta 1982, apostándole al país, inició una estrategia de diversificación endeudándose de manera agresiva, lo que se tradujo en un rápido crecimiento”, añade Fernández Carbajal. Como parte de esta táctica, en 1978 abrió sus puertas la primera tienda OXXO y en 1979 se funda Coca-Cola FEMSA, de la fusión de VISA y Grupo ALFA.

Fernández Carbajal relata también los siguientes pasos de la empresa: “Al mismo tiempo siguió apuntalando nuestro negocio base, y se dio la fusión con Cervecería Moctezuma en 1985. Todo esto atreviéndose a dar cada vez un paso más grande que el anterior Don Eugenio y su equipo fueron dibujando el futuro del grupo que somos hoy”.

“Estaba convencido de la importancia de hacer un acuerdo con alguna cervecera global que tuviera los mismos valores y una cultura como la nuestra”
José Antonio Fernández
Presidente ejecutivo del Consejo de Administración de FEMSA.

Sin embargo, este periodo de bonanza no duró mucho, pues en 1982 Garza Lagüera tendría que afrontar un nuevo golpe: de acuerdo con el actual presidente del Consejo, las políticas de control de cambios que implementó el gobierno ese año, dejaron a la compañía al borde de la quiebra. La puntilla llegó ese mismo año con la nacionalización de la banca, que privó a FEMSA de su negocio financiero en Banca Serfín, que en ese entonces era el tercer banco más grande de México.

En este contexto, el tercer golpe no se hizo esperar: un intento de adquisición por parte de Javier Garza Calderón, quien controlaba 45% de la compañía. “Internamente, algunos accionistas vendieron a otro accionista, en un intento de takeover, pero Don Eugenio logró unir a la mayoría de los accionistas, que le otorgaron a su vez su confianza, y gracias a ello, logró salir muy bien librado de este gran obstáculo”, señala Fernández Carbajal.

De finales de los 80 y hasta mediados de los 90, Don Eugenio y sus socios tuvieron que enfrentar otros desafíos, el último de ellos fue la crisis de 1995, que de acuerdo con Funding Universe ocasionó pérdidas para la compañía de, por lo menos, 775 millones de pesos.

Ante la dificultad de pagar las nuevas deudas que el grupo había adquirido, Garza Lagüera se vio en la necesidad de tomar decisiones difíciles: vendió una parte de su participación en Labatt Brewing, una cervecera canadiense, y también una porción de Coca-Cola FEMSA, gracias a lo cual pudo ir reduciendo sus deudas.

La visión para el futuro

¿Qué quería el ingeniero Garza Lagüera para el futuro? De acuerdo con José Antonio Fernández Carbajal eran tres los ejes fundamentales: expansión en América Latina, diversificación en actividades complementarias a las bebidas, e internacionalización.

La asociación con Coca-Cola llevó a FEMSA a operar su negocio por todo Latinoamérica y con eso Garza Lagüera pudo cubrir la primera de sus inquietudes y a esto se han sumado adquisiciones como la de Panamco en 2003, que entonces era la embotelladora más grande de esta región del continente.

La necesidad de diversificación ha venido de la mano con el crecimiento de OXXO, impulsada por él, lo mismo que su separación de la cervecera. “Tuvimos que reducirnos de 500 tiendas a tener 350 solamente, pero con excelente funcionamiento. De ahí despegamos con solidez y con conocimiento de los procesos para llegar ahora a más de 16,000”, recuerda Fernández Carbajal.

En 2003 durante una rueda de prensa tras entregar un apoyo financiero al Tec de Monterrey. (JUAN CARLOS PÉREZ)

En cuanto a la tercera preocupación del ingeniero, el actual presidente del Consejo agrega, “Uno de los temas que más le preocupaba, sobre todo en sus últimos años, era el futuro de la cervecera. Con la visión de largo plazo que le caracterizaba, observaba que la industria a nivel mundial se estaba consolidando rápidamente y era muy riesgoso para nosotros mantenernos como una compañía independiente”

La cristalización del sueño para FEMSA llegó en 2010, a dos años del fallecimiento de Garza Lagüera, cuando se anunció que intercambiaría la Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma por 20% de las acciones de Heineken. A partir de este acuerdo, la operación cervecera salió de las manos de la familia Garza Lagüera, pero les permitió tener mayor presencia internacional, además de expandirse en sus operaciones de comercio, salud y energéticos.

“Antes de fallecer nos decía a algunos colaboradores y a su familia que estaba convencido de la importancia de hacer un acuerdo con alguna cervecera global y que su sueño sería acercarse a empresas que tuvieran los mismos valores y una cultura como la nuestra. Yo sé que él había conocido a Freddy Heineken y siempre vio con buenos ojos la relación con la familia Heineken”, concluye Fernández Carbajal.





* Autor: Arturo Vallejo

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