Después de conquistar dos medallas olímpicas, la clavadista encontró una nueva misión: apoyar a las futuras generaciones de deportistas mexicanos y compartir las experiencias que la llevaron al podio.
Los hermanos Ortiz crecieron entre palos de golf y mientras uno abrió camino en el PGA Tour con un título histórico, el otro construyó una destacada carrera amateur y llegó al Masters de Augusta.
De acuerdo con todas las previsiones privadas y públicas, la derrama económica generada por el Gran Premio de México fue mayor a cualquiera de los fines de semana del Mundial 2026.
Recompensa para un Santos que mereció la victoria y jolgorio para una afición que cada vez más está fusionada con su equipo, con sus jugadores, con su estadio, con su TSM, con su identidad y con su pertenencia.
La competencia reunió a las figuras internacionales Carlos Ortiz y Abraham Ancer a favor de la asociación Mi Gran Esperanza A.C., logrando recaudar fondos y subastar pases para el Masters de Augusta.
Cuatro de los seis novillos fueron aplaudidos en el arrastre, incluso Mariachi, lidiado en segundo turno, era un novillo de arrastre lento que no fue percibido por la autoridad.
El estadounidense se coronó con 25 golpes bajo par y una ventaja de cinco impactos sobre sus perseguidores. Después de firmar rondas extraordinarias de 61 y 62 golpes, consiguió su segundo triunfo en el PGA Tour y el primero de manera individual.
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