Internacional
  • El quilombo de París exhibe un país en quiebra y beneficia a Le Pen

  • Detrás de las cortinas de humo está el deterioro de la educación pública, el poder de las élites y la fragilidad del gobierno de Macron. En medio, un relato que sólo beneficia a la extrema derecha.
Las protestas en Francia golpean a Macron y benefician al discurso de la extrema derecha | Especial
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DOMINGA.– Mi hermano me escribe preocupado. Va a llegar a París en una semana y no sabe si cancelará su vuelo: teme aterrizar en medio de la revolución. Su mensaje llega con otros más de preocupación, que si estamos bien, que si mi barrio está tranquilo, que si es peligroso. Han visto en las redes sociales los autos arder, lo mismo los basureros, bicicletas, todo incendiado; tiendas saqueadas, vidrios rotos, monumentos destruidos, gente lanzando piedras a los policías, narices ensangrentadas. Un toque de queda. Desde afuera, parece un campo de guerra.

El 17 de octubre, el sábado, Francia vivió una de las movilizaciones sociales más grandes de su historia reciente. Se contabilizaron entre 500 y 800 mil personas en las calles. Pero sólo en París, 110 mil. Siguiendo la numeralia oficial, van alrededor de 6 mil detenidos y muchos lesionados que no han sido censados.

El llamado a las calles fue un reclamo de estudiantes franceses de secundaria y preparatoria con precariedad en sus escuelas: no hay maestros ni suplentes suficientes, las instalaciones están en mal estado, no hay personal médico-sanitario.

Además, desde 2018 implementaron un sistema de selección universitaria, Parcoursup, que funciona a través de un algoritmo pero que nadie comprende y que ha dejado resultados nefastos, como selección discriminatoria y segregadora, aumento de la ansiedad en estudiantes y mayor deserción por falta de opciones verdaderamente vocacionales. En la prueba PISA, Francia apuntó debajo de la media de los países de la OCDE: 33% de los alumnos se encuentran por debajo del nivel básico de competencia, según el informe del Ministerio de Educación.

A la protesta estudiantil se han sumado sindicatos, transportistas, agricultores y otros sectores sociales
A la protesta estudiantil se han sumado sindicatos, transportistas, agricultores y otros sectores sociales | Shutterstock


Las protestas iniciaron en septiembre de 2026
, en una escuela en los suburbios del sureste parisino. Se le unieron otros barrios con las mismas exigencias y, en pocas semanas, más de 800 planteles del país estaban bloqueados y en huelga. Después tomaron las calles y paulatinamente la manifestación fue creciendo: se unieron padres y madres, sindicatos, estudiantes universitarios, personas que comparten su lucha.

El brinco fue decisivo y creció rápido. Las fuerzas del orden reaccionaron con las ratoneras o cercos policiales, así que lo que iba a ser una gran manifestación se diversificó en muchas. Autoridades, entonces, lanzaban gas lacrimógeno a diestra y siniestra para controlar el movimiento, desorientar y desalentar. El ambiente era tenso; se oían cosas reventar, se veían humaredas negras, quemaba gas hasta dentro del metro. Muros y esculturas de las plazas quedaron decoradas con spray.

Sabría después que en algunas ciudades quemaron edificios públicos, como en Limoges –más hacia el suroeste– donde la alcaldía fue incendiada.

Ante el llamado estudiantil de continuar las manifestaciones, los gobiernos de ciudades francesas como Marsella, Lyon u Orleans las han prohibido. Para el jueves 22, Emmanuel Macron dirá que únicamente las movilizaciones sindicales serán permitidas, con el fin de evitar que se replique el caos. Periodistas y organizaciones vieron este acto como antidemocrático.

El presidente Macron dice que no es su culpa sino de la izquierda


Emmanuel Macron
, la noche del 18 de octubre, dio un discurso oficial en el cual dedicó, de sus ocho minutos y veinticuatro segundos de tiempo al aire, alrededor de uno minuto y dieciséis a hablar de las reivindicaciones de los estudiantes. Lo demás –la mayor parte– lo utilizó para condenar a quienes habían hecho disturbios y “ejercido violencia”; también aprovechó para culpar a la extrema izquierda por haber promovido e incitado el caos, que él reprobó categóricamente. Una declaración frente a las elecciones presidenciales del 2027 habla de la sucesión preferida del líder.

Macron anunció una restricción de manifestaciones para restablecer el orden tras las primeras protestas
Macron anunció una restricción de manifestaciones para restablecer el orden tras las primeras protestas | Especial

Horas antes en el chat de la Red de Periodistas Latinxs en París nos avisábamos del contingente con el que íbamos a la marcha del sábado pasado, de la dirección que íbamos a tomar y de los grados centígrados del clima. Sabíamos que iba a ser una manifestación complicada: lo habían sido las anteriores y se preveía lo peor. Las fuerzas del orden implementaron las ratoneras o cercos policiales, para dividir la manifestación en pequeños grupos para evitar las grandes masas.

“Yo estaba en [la plaza] République y nos empezaron a gasear horrible. Toda la gente se empezó a dispersar. La policía abrió las callecitas aledañas y nos dejaron salir a cuentagotas. Durante mi caminata encontré barricadas, bicis quemadas, basura quemada y nos dispersaron”, escribió Greta Guzmán, periodista mexicana.

Así lograron dividir a las 110 mil personas que salimos a las calles parisinas, entre estudiantes, los Gilets Jaunes (los Chalecos Amarillos, un movimiento de protesta surgido en 2018, en rechazo al aumento de los impuestos al combustible y evolucionó hacia una demanda generalizada por la justicia y la democracia), agricultores, sindicatos, periodistas y civiles descontentos.

Poco después nos mandó un video en el que se ven las rejas de los Jardines de las Tullerías y los árboles detrás. Hay manifestantes con las caras cubiertas que comienzan a retroceder y, de pronto, de las rejas se levanta una cortina de humo lacrimógeno tan densa que ya no se ve nada más que blanco. La gente corre y tose.

La técnica de cortina de humo es un lugar común de la política. Es una herramienta relativamente sencilla para dirigir la atención y las miradas hacia un lugar conveniente, mientras que del otro lado de la cortina suceden otras cosas, menos oportunas para ser vistas. ¿Cómo llegó Francia a esto y por qué ahora? ¿Qué no alcanzamos a ver detrás de ese humo lacrimógeno?

Policías reprimieron a los manifestantes con gas lacrimógeno y violencia
Policías reprimieron a los manifestantes con gas lacrimógeno y violencia | Especial

¿Pero qué hay detrás de la cortina de humo lacrimógeno?

“Este problema no es de ahorita”, dice Ricardo Gómez Carrera, economista mexicano, doctorante de la Paris School of Economics e investigador del World Inequality Lab. Francia se ha ido sumiendo en una deuda importante que responde a factores externos, como la pandemia del covid-19 o la invasión de Rusia en Ucrania, que implica un mayor gasto en defensa y un fuerte encarecimiento de los combustibles; y otras que son consecuencia de decisiones que ha tomado el gobierno de Macron. “El gasto público total pasó de 56.5% del PIB en 2017 a 57.3% en 2025, pero los ingresos públicos son menores: pasan de 53.5% a 52.2%”, dice Gómez Carrera.

Esa diferencia se paga con deuda, que a su vez tiene intereses cada vez más altos. En este 2026 pagar la deuda cuesta a Francia lo mismo que todo lo que invierte en educación pública, y en 2027, será aún más. “El resultado es un efecto bola de nieve: cada año de déficit alto añade deuda, más intereses que a su vez agrandan el déficit. Para estabilizar la deuda, el déficit tendría que bajar a un 2.2% del PIB, según el Alto Consejo de Finanzas Públicas. Francia tiene ya la tercera deuda más alta de la Unión Europea, tras Grecia e Italia”, explicó el economista.

Se han hecho ajustes presupuestales paulatinos, por un lado, para intentar remediar esta deuda, y también en respuesta a intereses locales y de la Unión Europea. Se hicieron recortes, por ejemplo, en el sistema de jubilación: el retiro es ahora a partir de los 64 años, en lugar de los 62, lo cual le da al gobierno dos años más de gente pagando el ISR y dos menos de tener que financiar la jubilación. Se redujo ligeramente el gasto en seguridad social, de un 24.3% a 23.7% del PIB, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos.


En educación, declaró el famoso economista Thomas Piketty, el gobierno de Macron ha reducido 20% la inversión por estudiante desde 2017. Sanidad (+37%) y Defensa (+35%) son los dos rubros que reciben aumentos significativos. “La educación (+24%) apenas superó a los precios [...] por eso los alumnos no perciben mejoras”, dice Gómez Carrera.

Hay algunas decisiones fiscales importantes de mencionar. Desde 2018 se hicieron reformas y se dejó de cobrar el impuesto de vivienda. También se redujo el impuesto (33% a 25%) que pagan las empresas por sus ganancias. Según el Instituto de Políticas Públicas, un centro de investigación independiente, las medidas sociofiscales del primer mandato de Macron (2017-2022) aumentaron el nivel de vida de los hogares en 1.9% en promedio, pero no por igual: el 5% más pobre ganó 0.8%, mientras que el 1% más rico ganó 3.3%. Esto se explica, en buena medida, por el cambio al ISF (impuesto a la gran fortuna), que ahora sólo grava los bienes inmobiliarios, y porque las ganancias de inversiones pasaron a pagar un impuesto fijo y más bajo.

Estos cambios se hicieron con la bandera de promoción de la inversión para que las empresas inyectaran dinero al país. Desde que Macron está en el poder, los ricos franceses son más ricos y el costo de la vida ha aumentado –medido a través del Índice de Precios al Consumidor– un 23.4%.

El gobierno de Emmanuel Macron enfrenta una severa crisis por el aumento histórico de la deuda pública
El gobierno de Emmanuel Macron enfrenta una severa crisis por el aumento histórico de la deuda pública | Especial

El movimiento de los Chalecos Amarillos y la izquierda francesa


La inestabilidad política ha sido una constante en el gobierno de Emmanuel Macron.
 En 2018 apareció el Gilets Jaunes en contra del encarecimiento de la vida. Desde entonces las manifestaciones fueron subiendo de tono, principalmente por parte de las autoridades, pero también en las acciones de los civiles; en 2024 Macron disolvió la Asamblea Nacional y han pasado siete primeros ministros durante su gobierno. A los inversores no les gusta la inestabilidad política.

En un tercer momento subió la presión: el Impuesto Zucman. En junio de 2025, el Senado bloquea una reforma fiscal que propone aplicar un límite mínimo de interés o “tasa suelo” del 2% anual sobre la fortuna total a los hogares fiscales cuyo patrimonio neto supera los 100 millones de euros, cosa que sucede en unos mil 800 hogares en Francia. Se calcula que con esto se recaudaría entre 15 y 20 mil millones de euros al año para el Estado. Era una de las propuestas más concretas para que haya mayor distribución de la riqueza. Pero fue rechazada tanto por el presidente como por los senadores de centro y derecha. Solo las izquierdas votaron a favor.

“Hay una cierta cronología de las marchas y la de este sábado es nueva porque viene de una cuestión estudiantil, pero que al volverse de masa, al volverse una manifestación nacional, incorpora todas las demandas del antimacronismo”, dice el politólogo Rogelio Alcántara, experto en análisis de la violencia.

Es sobre esa olla de presión que se para el descontento estudiantil y hay que sumarle la incertidumbre del futuro: este verano las temperaturas en Francia –y muchos otros países– alcanzaron y superaron récords históricos, con temperaturas de cuarenta grados en casi todo el país durante varios días consecutivos y ninguna infraestructura para hacerle frente; la Inteligencia Artificial está cambiando las dinámicas laborales y cómo entendemos la realidad. La vida que se les ha dicho que existe, ya no es la que están viviendo.

​Alcántara le da una lectura particular a las formas de violencia que se presenciaron durante la marcha. Más que una forma de revolución antisistema, hay un deseo de que el sistema pueda seguir funcionando. Lo llama una “movilización emocional y de demanda social”. Sí vimos estas imágenes de robos a tiendas comerciales, las Louis Vuitton, las tiendas de lujo de Champs Elysee, pero “aquí no hay la cuestión de una marcha anticonsumo, sino que, en realidad, lo que se quiere es tener la capacidad de consumir”, dice el politólogo mexicano.

Se manipula la narrativa en contra de los migrantes en Francia

“Mis conocidos en México están viendo las movilizaciones extremadamente dramatizadas en comparación con lo que en verdad es”, dice Ana Paula Ríos, mexicana que lleva siete años en Francia, estudiando Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, y que estuvo en la marcha del 17 de octubre. “En ciertas partes las cosas están más sensibles, pero al final de cuentas los disturbios están en una parte muy específica. Siento que ha habido muchísima dramatización para cambiar las narrativas de lo que está pasando”.

Ríos dice que percibe que la narrativa se manipula para crear un discurso en contra de la migración, que es culpa de los hijos de migrantes que Francia esté así. En lo poco que ha salido a decir, la candidata Marine Le Pen ha aprovechado para afirmar que la violencia en las marchas se debe a “décadas de migración” y a las incitaciones de la izquierda. Donald Trump hizo lo propio en sus redes sociales y, después, en una conferencia de prensa, responsabilizando de los disturbios a “una migración masiva fuera de control”. Santiago Abascal, de la ultraderecha española, y Péter Magyar, de la húngara, se sumaron a los discursos xenofóbicos.

Se ha extendido la culpa a la extrema izquierda por el caos de la marcha del 17, tanto que el presidente del Senado, Gérard Larcher, dijo que “sería pertinente” poner sobre la mesa la posibilidad de disolver el partido La Francia Insumisa, de izquierda y el segundo más fuerte, para las elecciones de abril.

Ana Paula percibe mucha desinformación y un filtrado de narrativas que reflejan poco o nada de las razones reales por las cuales la gente ha salido a la calle.

París, Marsella y Lyon son algunas de las ciudades donde se han registrado disturbios
París, Marsella y Lyon son algunas de las ciudades donde se han registrado disturbios | REUTERS/Stephanie Lecocq/File Photo


Macron ha mantenido un discurso centralista respecto a la migración
. Durante su mandato ha endurecido el control fronterizo y pasó una ley de migración en 2023 en la que implementó procedimientos que facilitan su expulsión. Sin embargo, se ha declarado en contra de los centros de retorno externos, negó las restricciones al reagrupamiento familiar, rechazó imponer fianzas a estudiantes extranjeros para asegurarse de que no se queden, entre otras medidas que habían pedido los grupos de derecha.

Ríos fue parte de la manifestación, con un perfil bajo y sin intenciones de ocupar demasiado espacio, pero le parece que es importante que quienes hemos emigrado hacia acá salgamos y nos enteremos de primera mano de qué es lo que está pasando, qué pide la gente, cómo opera la política.

Aun así, no todo el mundo se siente seguro de hacerlo. José Manuel Díaz, también mexicano, decidió no salir a manifestarse porque su situación migratoria lo hace vulnerable. Migró hace seis años a Francia y su objetivo es, eventualmente, conseguir la nacionalización. Su proyecto de vida está aquí, formando una familia y trabajando como consultor. “Los papeles y los procesos de administración francesa siempre son difíciles, siempre estamos en constante renovación y tenemos que justificarlo y validarlo”, explica. Tener un registro judicial virgen, sin ninguna marca de desorden, es necesario: “Tienes que demostrar que eres un buen ciudadano para que te puedas quedar, que no bloquee tu permiso de estancia en el país”.

En un grupo mexicano de Whatsapp una mujer compartió un mensaje el lunes por la mañana en el que contaba que, al llegar a su trabajo, sus colegas le enseñaron la fotografía de un hombre con una máscara de luchador con la acusación de que había sido un compatriota suyo quien había provocado los destrozos en París.

Le pedí platicar al respecto y me dijo “pasé un momento horroroso en mi trabajo, no quiero pensar en ello y quiero que quede atrás”. No quiere volver a hablar del tema. La académica francesa y experta en violencia política Isabelle Sommier me dice que ella puede resumir el estado de la gente con la frase nerfs à vif, que significa algo así como “nervios al vivo”, sensibles; un cable pelado listo para electrocutar.

Una manifestante sostiene una pancarta con una fotografía del presidente Emmanuel Macron
Una manifestante sostiene una pancarta con una fotografía del presidente Emmanuel Macron | AP Foto/Laurent Cipriani

¿Qué va a salir de todo esto?


Las manifestaciones violentas no son cosa nueva en Francia. Isabelle Sommier lleva tiempo estudiando el aumento de violencia política desde 1986 y, si bien reconoce un aumento, dice que no es novedad. “Las manifestaciones han experimentado una dinámica cada vez más violenta en nuestro país desde las movilizaciones contra la Ley del Trabajo, en 2016. Y por supuesto, esta tendencia se acentuó aún más con el movimiento de los Gilets Jaunes, entre 2018 y 2019”, dice la académica.

Y explica que se debe a diversas razones: por un lado, la escasez y debilidad de voceros intermedios, especialmente de sindicatos, “a los que el presidente Macron ha ignorado”. La experta también dice que es causado por la falta de apertura a la negociación entre el gobierno y la sociedad y que el mantenimiento del orden es brutal, lo cual favorece la escalada de la violencia.

Sommier le suma las dificultades políticas que implica la falta de una mayoría en la Asamblea que no tiene Macrón –un “país ingobernable”, dice, por falta de consenso– y la suma de factores en un contexto electoral en el que la mayoría de estudiantes está preocupada ante la posibilidad de que Marine Le Pen, la candidata de la extrema derecha, llegue a la presidencia.

Marine Le Pen, del partido Agrupación Nacional, se perfila como la favorita para ganar las elecciones presidenciales del 2027
Marine Le Pen, del partido Agrupación Nacional, se perfila como la favorita para ganar las elecciones presidenciales del 2027 | REUTERS/Sarah Meysson


En 1960, el sociólogo y politólogo estadounidense Seymour Martin Lipset publicó un libro titulado El hombre político: las bases sociales de la política en el que explica la teoría de las fisuras políticas; que las sociedades se construyen en torno a identidades que son opuestas, y que una sociedad sana es aquella que se balancea entre estas diferencias, conflictos leves y moderados que nutren a la comunidad. Cuando las fisuras se hacen más profundas, es cuando la sociedad está polarizada.

“Siento que lo que nadie está viendo es el hundimiento del centro, que está implícito en el auge de los extremismos, pero que está menos analizado”, dice Tomás Martínez Adalid, internacionalista y politólogo argentino; “y si el centro se hunde lo suficiente, se puede fracturar la democracia, como pasó en los treinta”.

Martínez Adalid se refiere al colapso de la Tercera República Francesa, provocado por el impacto económico de la Gran Depresión y la inestabilidad institucional. Grupos de extrema derecha comenzaron a tomar más fuerza e hicieron un intento de golpe de Estado. Las izquierdas se unieron y crearon el Frente Popular, que ganó las elecciones de 1936, pero pronto se desmoronó por presión de las élites empresariales y financieras bajo el lema “mejor Hitler que Blum [el presidente]”. Después de eso, la invasión del régimen nazi en Francia no fue difícil.

Isabelle Sommier y Ricardo Gómez Carrera coinciden en el punto al que llega Martínez Adalid después: quien está saliendo triunfante de este quilombo, de esta explosión de violencia que ha dejado jóvenes mutilados a manos de la policía francesa, escuelas cerradas, cientos de personas profundamente preocupadas, es Le Pen. Aquella que no ha salido a declarar prácticamente nada, a la que el actual presidente no señala como provocadora de disturbios.

Lo que esconden esas cortinas de gas lacrimógeno –los videos de violencia, la desinformación, los discursos xenofóbicos– es esa posibilidad de ruptura, la brújula cargada de miedo, de desazón que apunta la aguja a la derecha.

Pero la cortina de humo ya no está.

GSC/ASG


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Sofía Viramontes
  • Sofía Viramontes
  • Sofía Viramontes, periodista mexicana en Francia. Estudió una maestría en Sociología y escribe de movimientos sociales, feminismos, migración, gordofobia y sus intersecciones. Ha publicado en 'Gatopardo', 'Milenio' y 'Este País'.
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