M+.- Las pupilas de Camila Vallejo irradian luz cuando menciona una de las frases que pronunció el presidente de Chile, Salvador Allende, en la Universidad de Guadalajara, hace casi 54 años: “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción casi hasta biológica”.
La exministra chilena no comparte que la juventud en América Latina se encuentre en una actitud apática o de letargo ante el avance de las ultraderechas en la región.
Hace unos meses, Vallejo Dowling dejó sus oficinas en el Palacio de La Moneda (sede del gobierno en Chile), como integrante del gabinete del expresidente Gabriel Boric Frot, para asumir una nueva responsabilidad, ahora a nivel hemisférico como directora de Ruta Continental de la Escuela Latinoamericana de Liderazgos en Seguridad Social de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social (CISS).
Desde ese nuevo encargo, la política chilena afirma que hoy los jóvenes están buscando otras formas de organización.
“La juventud en América Latina está organizada en otros espacios, no en los tradicionales que nosotros conocíamos como el sindical, el estudiantil o el de partidos, sino en organizaciones ambientales, comunitarias, deportivas o culturales. Hay que entender mejor esta realidad en el mundo de los jóvenes para que puedan sentirse parte de un momento de la historia, porque su mirada puede ayudar a transformar el mundo en el que vivimos”.
En uno de los salones de ese organismo, fundado en 1942 e impulsado por Salvador Allende, cuya sede está enclavada en la zona de San Jerónimo, al sur de la Ciudad de México, la joven de ojos color esmeralda que a principios de la segunda década de este siglo, como líder estudiantil, puso en jaque la administración del presidente derechista Sebastián Piñeira, comenta que las izquierdas latinoamericanas deben hacer frente a los grupos o sectores de ultraderecha que buscan socavar la democracia en la región.
“Se debe rescatar el componente social en las democracias”, menciona Camila Vallejo, de 38 años, en entrevista exclusiva con MILENIO. La militante del Partido Comunista Chileno (PCCh) reposa su brazo izquierdo sobre la mesa y deja ver un tatuaje de un ave posándose sobre tres rosas. La exdirigente estudiantil enfatiza que el gran desafío para la izquierda es desnudar “la histórica lucha de las derechas para restringir los derechos sociales a la población”.
“Falta. Falta mucho más (a las izquierdas en América Latina). Y estos espacios (como la CISS) permiten dar cauce a los principios de universalidad, de la defensa de los individuos, de la igualdad, de la justicia, de que todos tienen derechos, y no sólo unos pocos. Y de esta forma se puede contribuir, obviamente, a contrarrestar esta embestida (de las ultraderechas) que es esencialmente antidemocrática”, insiste.
La izquierda subestimó los neofascismos
Vallejo, nacida en Santiago en 1988, tiene una marcada influencia allendista. Habla sobre los logros sociales del presidente de Chile de 1970 a 1973, de su papel en la fundación de organismos hemisféricos como el CISS, de la tozudez que tuvo para defender la democracia chilena hasta su muerte, atrincherado con su círculo más leal en el Palacio de La Moneda durante el golpe de Estado del fascista Augusto Pinochet.
- Entrevista
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- A lo largo de su trayectoria, Camila Vallejo ha sido presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, periodo 2010-2011. Ministra del Ministerio Secretaría General de Gobierno, desde el 11 de marzo de 2022 al 11 de marzo de 2026, durante el gobierno de Gabriel Boric.
A Vallejo Dowling se le inyectan los ojos cuando habla sobre el presidente chileno a quien, como dijo Gabriel García Márquez, “el destino le deparó la rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala el mamarracho apolillado del derecho burgués; defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había repudiado y había de legitimar a sus asesinos; defendiendo un Congreso miserable que lo había declarado ilegítimo, pero que había de sucumbir complacido ante la voluntad de sus usurpadores; defendiendo la libertad de los partidos de oposición, que habían vendido su alma al fascismo; defendiendo toda la parafernalia apolillada de un sistema de mierda que él se había propuesto aniquilar sin disparar un tiro”.
¿En qué han fallado las izquierdas de la región ante este avance de las derechas? Camila Vallejo observa que este fenómeno no sólo se da en el ámbito latinoamericano, sino que es global. Lo que es cierto —señala— es que “el avance de la extrema derecha, neofascista, tiene una articulación que está teniendo resultados”.
La extitular del Ministerio Secretaría General de Gobierno chileno —encargado de la comunicación estatal— considera que los sectores de derecha “fueron muy hábiles en instalar sus temas en la opinión pública; se fueron naturalizando discursos que antes teníamos como superados, como el negacionismo respecto de la violación de derechos humanos, incluso de su reivindicación”.
“Empezaron a tener incluso espacios en los medios de comunicación tradicionales, y para qué decir en las redes sociales, donde sus discursos de odio han ido calando e incluso les parecen graciosos a muchos por cómo han construido ese relato. Una derecha tradicional tenía su ‘cerco sanitario’ [contra ese discurso], y finalmente fue asimilándose hacia ese sector por incapacidad o por querer ganar electorado”, anota.
Vallejo Dowling no evade referir las fallas de la izquierda. Comenta que en estos temas habla más como exministra o militante comunista que como funcionaria de la CISS. En su antebrazo derecho luce otro tatuaje, un símbolo en honor a la maternidad y a su hija Adela, de 13 años, una réplica de la obra de Gustav Klimt, Las tres edades de la mujer, de 1905.
Expone que, ante el arribo al poder de personajes como Donald Trump, Javier Milei, Abelardo de la Espriella, José Antonio Kast, Nayib Bukele, Daniel Noboa, Keiko Fujimori o Rodrigo Paz Pereira, desde la izquierda “subestimamos el potencial que tenían aquellas pequeñas apariciones de dirigencias, candidaturas o conformación de partidos que reivindican temas que se pensaban superados, con mucha xenofobia, con mucho clasismo, con discursos de odio contra las mujeres”.
Dicho esto, toma impulso y reflexiona sobre los errores de la izquierda en esta etapa: “A pesar de que los gobiernos progresistas, tanto en Chile, Brasil, México u otras latitudes, sacaron a cientos de miles de la pobreza, aumentaron los salarios mínimos, ampliaron la cobertura en salud, vivienda y en otras materias, aun así faltó. Y hay muchísima gente que está al margen, que siente que no le tocaron estos beneficios, o que, si les tocó, siente que la inseguridad no la deja vivir”.
Repensar la izquierda
Pero la nueva funcionaria de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social tiene optimismo. No ve todo perdido, incluso si se llega a dar un triunfo del ultraderechista Flávio Bolsonaro en el balotaje de Brasil.
Camila Antonia Amaranta Vallejo Dowling lo dice en medio de un ambiente donde flota el latinoamericanismo, a unos metros de donde ondean 35 banderas de países de la región y de una estatua que honra al artífice de este organismo, Salvador Guillermo Allende Gossens.
Hacia la izquierda, a unos 100 metros de donde se desarrolla la charla, están las habitaciones en las que durmieron los jugadores de la mítica selección de Brasil del Mundial México 1970, donde levantó la Copa Jules Rimet en el Estadio Azteca una vez que derrotó a la selección de Italia.
De frente, pero unas calles más arriba, está la casa del expresidente Luis Echeverría Álvarez, quien falleció en 2022, el mismo que le abrió las puertas al exilio chileno tras el pinochetazo del 11 de septiembre de 1973, pero también el que fue señalado por su presunta responsabilidad en la masacre del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco y en el halconazo de 1971. El mismo que puso en marcha la guerra sucia y el golpe a Excélsior de Julio Scherer.
Con la llegada de estos gobiernos de ultraderecha —continúa Vallejo— “el sector de la población que votó por esos grupos hoy está decepcionada, a pocos meses de que tomaron el poder”, sobre todo porque “es una población que no necesariamente se adscribe a las posiciones de extrema derecha, sino que creyó que iba a venir mano dura en materia de seguridad, o que se iban a resolver los problemas económicos y los relacionados con la delincuencia o el crimen organizado”.
Fija la mirada hacia un punto indeterminado del salón donde se desarrolla la charla y recalca que, sin embargo, “hoy tenemos una situación de no crecimiento económico en los países donde llegaron estos gobiernos de extrema derecha, un nivel de desempleo cada vez más al alza; aumento en el desempleo femenino, en el desempleo juvenil”.
“¿Qué quiero decir con esto? Que aunque a veces llegan al poder y tienen mayoría parlamentaria, no necesariamente tienen mayoría social, no actúan ni toman decisiones a favor de los intereses de las grandes mayorías. Y de eso la gente se está dando cuenta”.
Entonces agrega que “hay posibilidad de pensar que es posible recuperar espacios para seguir defendiendo la democracia, la justicia social e ir más allá. Repensar en la izquierda cómo vamos más allá para poder cumplir con la expectativa de gente que no está dispuesta a seguir esperando tanto”.
La escuela que hoy dirige Camila Vallejo pretende dar formación que combine contenidos sobre los sistemas de seguridad social en América Latina con herramientas de liderazgo y comunicación estratégica a una cincuentena de jóvenes entre 18 y 30 años. Sus ejes incluyen los retos que se ciernen sobre los sistemas de salud, de cuidados, además de pensiones y trabajo.
Su programa se basa en encuentros presenciales en Ciudad de México. Proveerá de acompañamiento durante un año para consolidar una red regional activa de liderazgos de jóvenes de distintos países de la región que logren tender enlaces y vínculos con las diferentes temáticas relacionadas con la seguridad social.
(Fact checking: JRH)
