Cada vez que el mundo presencia una nueva guerra, la misma pregunta vuelve a aparecer: ¿dónde está la Organización de las Naciones Unidas? Ocurrió con Ucrania, con Gaza, con Sudán y, probablemente, volverá a ocurrir en el próximo gran conflicto internacional.
Si la ONU fue creada después de la Segunda Guerra Mundial con el propósito de preservar la paz y evitar que la humanidad repitiera una tragedia similar, ¿por qué las guerras continúan? ¿Se trata de una institución que perdió relevancia con el paso del tiempo o de un organismo cuyos límites siempre han sido mayores de lo que solemos imaginar?
La respuesta está lejos de ser sencilla. La ONU no es un gobierno mundial ni cuenta con un ejército propio. Su capacidad para actuar depende de la voluntad de sus 193 Estados miembros y, especialmente, del Consejo de Seguridad, donde cinco potencias —Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido— conservan un derecho de veto capaz de bloquear cualquier resolución, incluso cuando la mayoría de los países está de acuerdo.
Este mecanismo, diseñado en 1945 para mantener el equilibrio entre las grandes potencias continúa siendo uno de los aspectos más debatidos del sistema internacional. Para numerosos especialistas en relaciones internacionales, representa uno de los principales desafíos para responder con rapidez a las crisis del siglo XXI.
Sin embargo, limitar el papel de la ONU a la parálisis del Consejo de Seguridad ofrece una visión incompleta. Mientras las decisiones políticas suelen quedar atrapadas entre intereses nacionales, sus agencias continúan coordinando ayuda humanitaria, atendiendo a millones de refugiados, documentando posibles crímenes de guerra y respaldando operaciones de paz en distintas regiones del mundo.
La discusión, entonces, va mucho más allá de preguntarse si la ONU funciona o no. El verdadero debate consiste en entender hasta qué punto una organización creada para el mundo de 1945 puede responder a un escenario internacional profundamente distinto. Comprender sus límites también permite explicar por qué, cada vez que estalla una guerra, la pregunta sobre el papel de la ONU vuelve a ocupar el centro de la conversación global.