M+.- Cuando Rusia desató la guerra en Ucrania, el 24 de febrero de 2022, la periodista Inna Afinogenova era uno de los rostros más conocidos de RT en Español, el canal del Estado ruso para el público hispanohablante. Un mes después salió de su país y, en mayo, anunció su renuncia a la cadena.
Tres años más tarde volvió a Moscú con una cámara para averiguar qué quedaba de la Rusia que conocía. El resultado, Mi regreso a Rusia, tuvo su estreno mundial el sábado 24 de octubre en la Ciudad de México.
La función en la Cineteca Nacional de las Artes formó parte de las proyecciones especiales de la edición 21 de DocsMX, el festival internacional de cine documental de la capital, que hasta hoy 31 de octubre exhibe 73 documentales de más de 25 países en competencia. La periodista eligió estrenar aquí, y no en España, donde se produjo la película, por una razón que ella misma formula: en esta guerra, intentar comprender se volvió un gesto sospechoso.
Esa sospecha también ha caído sobre ella, en forma de acusaciones que se contradicen entre sí; rastreó MILENIO para esta investigación. Cuando dejó RT, el periodista mexicano León Krauze la describió en The Washington Post como la principal propagandista de Rusia en América Latina. En España, adonde llegó ese mismo año, El Confidencial citó a un experto anónimo que insinuaba que ella seguía trabajando para Moscú, y El Mundo la retrató después como una propagandista con doble vida.
En una columna dada a conocer en Público, en octubre de 2022, la periodista negó cobrar de Moscú, escribió que dejó RT por no querer justificar la guerra y contó que, desde la izquierda, también la habían acusado de haberse vendido a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Inna Afinogenova escribió y dirigió Mi regreso a Rusia con su esposo, Boris Kozlov, un cineasta hispanoserbio nacido en Belgrado cuyo trabajo –como su documental ¿Qué pasó con Yugoslavia?, de 2023– explora la memoria histórica y la construcción de los relatos políticos.
Es el segundo proyecto de la pareja, después de Stop Wars, un cortometraje que publicaron en YouTube. La película es una crónica personal y periodística sobre los relatos enfrentados acerca de Rusia y la guerra: Afinogenova la narra en español, a partir de su propia experiencia, y recorre la memoria íntima, la propaganda, las sanciones, la militarización y la vida cotidiana de quienes se quedaron.
Volvió, explica, con preguntas como estas: “¿Cómo vive el país más sancionado del mundo? ¿Qué sé hoy de este conflicto que entonces no conocía ni podía imaginar? ¿Por qué fracasa la diplomacia?”. Su primera pregunta parte de un dato exacto: desde 2022, Rusia acumula más sanciones internacionales que cualquier otro país, según Castellum.AI, una base de datos que da seguimiento a las sanciones en el mundo. La última sigue sin respuesta: a punto de cumplir cinco años, la guerra continúa pese a las negociaciones.
Vigilar los diferentes relatos
Afinogenova reparte las críticas. De su país dice que la guerra que Moscú llamó “eufemísticamente” Operación Militar Especial es “una agresión que sentí injustificable”, y que empujó a centenares de miles de rusos a irse del país “por rabia, vergüenza o desacuerdo con la decisión de un gobierno que ya había dejado de tolerar el disenso”.
De Europa, dice que levantó su propio relato sobre “el cómodo esquema de buenos y malos: Putin como Hitler, Zelenski como Churchill, Rusia como la encarnación del mal y Occidente como un espectador involuntario”.
En esa guerra de relatos, sostiene, “comprender el conflicto dejó de ser una tarea necesaria para convertirse en un gesto sospechoso”. Su punto de partida es que “condenar una agresión no nos exime de intentar comprender cómo hemos llegado hasta aquí”.
Por eso su posición no cabe en ninguna de las dos lógicas de guerra: al anunciar su salida de RT, en 2022, dijo que no podía estar de acuerdo con ninguna guerra, y ahora vuelve a Moscú con la pregunta de por qué la diplomacia no ha podido detenerla. Horas después de la función, en un mensaje de voz desde Coyoacán, desarrolló su argumento:
“Siento que en estos momentos en que el mundo atraviesa guerras [y se sucede] una guerra de relatos, México, comparado con el resto, sigue siendo un lugar que da más libertad”. Empezando por su propio país: “Rusia es un país en guerra, un país donde, extraoficialmente pero todos lo saben, rige una censura”.
Siguió con los europeos: “Cuando me fui a España y [a otros países de] Europa, creí erróneamente que ahí había más libertad de expresión. Y realmente el relato que predomina allá también es un relato belicista, de otro bando, que no permite matices, contexto ni preguntas”.
Distingue, eso sí, lo que cuesta disentir en cada lugar: “Si das contexto y haces preguntas, no vas a terminar preso como en Rusia, pero sí en una suerte de ostracismo profesional: eliminado, tachado de propagandista, de pro-Putin, de extrema derecha y todo lo demás”.
A diferencia de Rusia, en México aún se puede
La censura que describe como extraoficial tiene, además, sustento legal: desde marzo de 2022, difundir en Rusia lo que el gobierno considera información falsa sobre sus fuerzas armadas puede castigarse con hasta 15 años de prisión, y los medios tienen prohibido llamarla “guerra”.
Ese es el telón de fondo de lo que el documental muestra de Moscú y una clave para verla, porque cualquier ruso que hable frente a una cámara sabe lo que arriesga.
México, en cambio, es para ella un lugar donde aún se tiene el derecho de expresarse, de hablar.
“Siento que aquí no hay un prejuicio preestablecido, y más cuando hablamos de conflictos que francamente están lejos de México. Eso es algo que habría que cuidar”.
Tal lectura tiene un correlato diplomático: México votó en la Asamblea General de la ONU, en marzo de 2022, a favor de condenar la ofensiva rusa, y desde entonces ha defendido una salida negociada. En noviembre de 2024, la presidenta Claudia Sheinbaum firmó con Brasil, Chile y Colombia un llamado a evitar cualquier escalada de la guerra.
Su ejemplo cobra sustento dentro del propio festival. El domingo 25, en la sala 2 del mismo complejo cinematográfico, DocsMX proyectó Peace for Nina, de la cineasta ucraniana Zhanna Dovhych, que compite en la sección Global Docs. La película sigue a Nina Branovytska, cuyo hijo Ihor, uno de los últimos soldados ucranianos en el aeropuerto de Donetsk, fue capturado en enero de 2015 y, según el documental, habría sido torturado y ejecutado en cautiverio por un mercenario ruso. La madre reúne testimonios para que esa muerte se reconozca como crimen de guerra.
La periodista rusa Afinogenova supone que esa película contiene “otro punto de vista” y prefiere no opinar sobre ella. Lo que sí celebra es compartir cartelera:
“Que los creadores de Rusia y de Ucrania podamos estar en un mismo espacio, que nadie nos cancele ni nos increpe, que nos den esa plataforma y que la gente vaya, reflexione, opine y piense, es una riqueza que México tiene y que ya no queda en el mundo”.
MD
