M+.- Michigan llega a las elecciones de este martes como uno de los estados clave para definir el control del Senado y medir el avance del ala más a la izquierda del Partido Demócrata. Su electorado ha demostrado independencia partidista: en 2024, Donald Trump ganó por apenas 80 mil votos, mientras la demócrata Elissa Slotkin conquistó un escaño senatorial por una diferencia de 19 mil.
La historia electoral reciente confirma su condición de estado bisagra: votó por Trump en 2016, por Joe Biden en 2020 y nuevamente por el republicano en 2024. Ahora, los demócratas necesitan ganar cuatro escaños netos para recuperar la Cámara Alta y defender el asiento que deja vacante Gary Peters.
En esta disputa también está a prueba una izquierda más progresista —autodenominada socialista democrática— que gana terreno dentro del Partido Demócrata, con propuestas que desafían a su dirigencia tradicional.
Propuestas de cambio y la disputa por la preferencia electoral
Médico de 42 años, musulmán e hijo de un inmigrante egipcio, Abdul El-Sayed representa esa corriente impulsada por Bernie Sanders con la que se identifica en promedio el 43 por ciento de los demócratas que propone salud universal, educación gratuita, impuestos a multimillonarios y salarios dignos y ha agregado al go más: eliminar el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
Enfrenta al republicano Mike Rogers, respaldado por Trump, a quien la demócrata Slotkin derrotó en 2024. Esta vez, el promedio de encuestas de RealClearPolling coloca a El-Sayed con 50.1 por ciento de intención de voto, frente al 44.8 por ciento de Rogers. Una ventaja de 5.3 puntos que no elimina las incertidumbres sobre la participación electoral.
Michigan registró en 2024 una votación histórica de 5.7 millones de personas, equivalente al 74.6 por ciento de sus electores elegibles, la tercera participación más alta del país. Más de 800 mil sufragaron por primera vez.
Esa capacidad de movilización vuelve a ser determinante. En Detroit, los actos de El-Sayed son un destilado de la sociedad estadunidense en etnias y clases, enfermeros, estudiantes, afroamericanos, latinos, musulmanes, sindicalistas y anglosajones que, entre saludos, fotografías y conversaciones con el candidato, expresan preocupaciones que van desde el precio de los alimentos hasta el acceso a servicios médicos.
“La gente está entusiasmada, pero, sinceramente, está frustrada. Quiere ver un cambio”, resume Cindy Gamboa, directora de Mi Poder, organización que trabaja con la comunidad latina.
La economía y la inmigración se cruzan en una campaña que busca ampliar la base demócrata, particularmente entre electores descontentos con las políticas de Trump.
Bianca Cuevas, votante latina, encuentra en la propuesta de eliminar el ICE una razón para respaldar al candidato.
“Realmente a nuestra comunidad no nos están tratando como seres humanos. Nos están tratando como criminales y él nos está dando la dignidad que merecemos”, afirma.
El-Sayed también apuesta por convertir la salud pública en un asunto electoral. Formado en Medicina en Columbia y doctorado en Oxford, defiende que la esperanza de vida no dependa de los ingresos ni del lugar de nacimiento.
“No debería importar el color de tu piel, ni dónde crezcas, ni a qué te dediques tú o tus padres. Mereces una vida larga y saludable en Estados Unidos”, dice ante sus seguidores.
Su propuesta encuentra eco en Richard Forbes, un estudiante que recuerda las dificultades económicas de su madre:
"Sé que, cuando era niño, mi mamá no siempre tenía los recursos económicos".
Fricciones partidistas y el desafío identitario en las urnas
Pero el desafío de esta izquierda también está dentro de su partido. A dos días de las elecciones, Haley Stevens, derrotada por El-Sayed en las primarias demócratas, anunció su respaldo al republicano Rogers. La ruptura exhibió desacuerdos ideológicos, especialmente en torno a Israel, y sacudió la campaña.
La religión del candidato es otro frente de confrontación. De ganar, sería el primer musulmán en ocupar un escaño en el Senado estadunidense. Trump ha difundido acusaciones que lo vinculan con el extremismo islamista, sin pruebas verificadas, y anuncios televisivos cuestionan su capacidad para representar al país.
“Mi nombre y mi fe no están subiendo el precio de la gasolina. No están encareciendo los alimentos”, responde El-Sayed.
Entre sus seguidores, la identidad religiosa tampoco explica por sí sola el respaldo.
"No voto por él por su religión. Voto por él porque tiene buenas propuestas y, además, resulta que es musulmán", afirma Maha Faisal, votante musulmana.
La elección de Michigan medirá así algo más que la disputa por un escaño: si una izquierda que desafía al aparato tradicional demócrata puede conquistar un estado que votó por Trump, ampliar su coalición social y demostrar que tiene espacio para disputar el poder nacional.
IOGE
