M+.- La disputa por el voto latino en Nevada ha desatado una ofensiva entre los candidatos a gobernador y otros cargos políticos que incluye la inversión de un millón de dólares en publicidad por parte del republicano Joe Lombardo.
Su rival demócrata, Aaron Ford, arrancó su campaña en el este de la ciudad, la de mayor población hispana, presumiendo su español de escuela y telenovelas.
En tanto, el republicano —que busca la reelección— lanzó Latinos con Lombardo, incorporó al presidente de la Cámara de Comercio Latina, Peter Guzmán, y contrató a Eva Sara Landau, excolaboradora de Donald Trump de origen boliviano, para dirigir su campaña en el sur del estado.
El demócrata contrató a tres directivos latinos y lleva a sus mítines al influencer Carlos Eduardo Espina, crítico durísimo de las políticas antiinmigrantes del presidente.
Tendencia electoral
El 3 de noviembre, Nevada elegirá gobernador, funcionarios estatales, cuatro congresistas federales, legisladores y autoridades locales, además de votar reformas constitucionales sobre aborto e identificación electoral.
Con una tendencia dividida entre el total del electorado que revela casi un empate entre los dos principales partidos, el coqueteo de los políticos para lograr los favores hispanos va en serio porque pueden cargar la balanza y su sufragio no está comprometido: pueden abstenerse si nadie les convence — representan el 22 por ciento del electorado, pero en 2024 sólo participó el 17 por ciento— o pueden cambiar de un partido a otro sin culpas.
Así, su lealtad política, según los centros de análisis Pew Research Center y Edison Research: el respaldo latino a los demócratas cayó del 61 por ciento en 2020 al 47 por ciento en 2024.
Esto, cuando votó la mitad por Trump, amén de que el voto no significa afiliación y la realidad es que el 45 por ciento se registró como independiente o afiliado a otras fuerzas, 39 por ciento como demócrata y apenas 16 por ciento como republicano.
Se trata, pues, de un electorado creciente, menos atado a los partidos, ya que reconocen las cifras y activistas como Pablo Antonio Castro, presidente del Paseo de las Estrellas y de la Confederación Internacional de Morelenses y Migrantes Mexicanos, veterano de la comunidad latina en Las Vegas.
Castro se inscribió para votar hace 25 años, en cuanto se volvió ciudadano beneficiado por la amnistía de 1986.
En aquel tiempo, cuenta, nadie volteaba a ver al incipiente sufragio, recuerda mientras se dirige a la biblioteca pública del condado de Clark para ejercer su voto anticipado:
“El gobernador Ford ahora va a los restaurantes, se mete hasta las cocinas, platica con los lavaplatos y con las personas que tienen trabajos modestos. Eso es de destacarse”, destacó.
“Échale ganas, tú puedes”, va diciendo Ford en español, de aquí para allá prometiendo reducir los costos de vivienda y electricidad, mejorar los salarios y limitar la colaboración estatal con los agentes migratorios de ICE.
Castro, cuya organización decide a qué artistas estadounidenses y latinos se premian en la ciudad, ha sido testigo de cómo el peso electoral latino incluso decide la victoria de candidatos de otras etnias.
“A veces, un político estadounidense afroamericano depende más del electorado nuestro que de su propia comunidad”, afirmó.
“Hay políticos que utilizan eslóganes como: ‘El voto latino me va a hacer ganar’”, señaló.
En las elecciones de 2024, la senadora demócrata Jackie Rosen reconoció que ganó gracias al apoyo latino y para estas elecciones, la candidata a alcalde Shelley Berkley pidió a Castro organizar una cena con 25 líderes latinos en Las Vegas.
No se casan
A María Guadalupe Loyo, dirigente de Casa Guerrero en Las Vegas, las políticas federales de persecución a los inmigrantes no la llevan a descartar totalmente al Partido Republicano.
“Hay personas republicanas que no están a favor de la ideología de Donald Trump”, explica.
Para ella, como para Pablo Castro, lo decisivo son las propuestas y la defensa de los derechos de los migrantes de cada uno de los candidatos a cargos populares.
“Si me gustan sus ideas y veo que va a ser un buen ciudadano o un buen defensor de nuestros derechos, voy a votar por él, independientemente de que sea demócrata o republicano”, indicó.
Después de todo, “hemos visto persecuciones migratorias siempre”, coinciden.
Si bien, las cifras de ICE revelan que en verano Nevada registró cifras récord en un periodo con 203 arrestos migratorios, lo cierto es que Trump lleva en este periodo 980 mil deportaciones frente a 4.6 millones de Joe Biden, según Deportation Data Proyect.
Así que en el estado de Nevada, la economía preocupa cinco veces más que la migración entre los latinos.
Según Emerson College, 43 por ciento de los electores prioriza el costo de vida, 15 por ciento la vivienda, 11 por ciento la salud y 10 por ciento la educación. La migración irregular cae al quinto lugar, con apenas 8.1 por ciento.
Sin embargo, el 55 por ciento desaprobaba la política migratoria de Trump, según una encuesta estatal de noviembre de 2025. Que la economía domine las preocupaciones no significa respaldo a las deportaciones, al miedo en las calles a ser detenido por el color de la piel.
Esta preocupación está llevando a muchos a votar anticipadamente, como se ve en la Biblioteca Pública del condado de Clark, donde la mayoría de los electores son hispanos.
Valeria Sandoval, mexicana de tercera generación acudió a las urnas acompañada de su hija, quien participaba por primera vez.
“Hay muchos cambios y no queremos esperar”, explicó.
“Si esperas hasta el último minuto, puede que tu voto no cuente”, agrega la muchacha, nerviosa pero convencida de participar.
"Al voto anticipado también se sumó Fermín Ramírez, compañero de batallas de Pablo Castro. El músico originario de Durango, que se identifica como demócrata, reconoce méritos a Donald Trump, como la intervención en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro, pero rechaza el trato que reciben los migrantes indocumentados bajo su gobierno", comenta.
Su indignación tiene raíces personales. Ramírez llegó sin documentos a Estados Unidos y se ganó la vida tocando el órgano y el acordeón en iglesias, bodas y quinceañeras. Después se estableció en Las Vegas, donde logró comprar una vivienda.
Conoce las dificultades de empezar desde abajo y cuestiona que ahora se persiga a quienes buscan las mismas oportunidades.
Su experiencia termina imponiéndose en una pregunta: “Yo fui indocumentado y no puedo menos que apoyar a los indocumentados. ¿Qué pecado es ser indocumentado?”.
KL
