Los gobiernos y las instancias de salud se encuentran preocupados ante el brote de ébola que crece en República del Congo, no solamente en sus habitantes, también en visitantes.
El director general de la Organización Mundial de la Salud dijo éste miércoles que había 600 casos sospechosos de ébola y 139 muertes sospechosas, y que se espera que las cifras aumenten, dado el tiempo que el virus estuvo circulando antes de que se detectara el brote.
¿Qué dicen las autoridades de salud?
Un Comité de Emergencias de la OMS se reunió el martes en Ginebra y confirmó que el nuevo brote de ébola de la rara cepa Bundibugyo del virus constituye una emergencia de salud pública de importancia internacional, pero no una emergencia pandémica, dijo el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.
Tedros declaró la emergencia el fin de semana, la primera vez que un director de la OMS ha dado ese paso sin consultar primero a los expertos, debido a la urgencia de la situación, según explicó.
¿Qué se sabe de la cepa Bundibugyo?
La especie Bundibugyo ebolavirus (BDBV), descrita por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. como uno de los virus causantes de la fiebre hemorrágica del Ébola, representa una de las variantes biológicas de mayor relevancia dentro de la familia filoviridae.
Clasificada formalmente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) tras un brote en el distrito de Bundibugyo, Uganda, en el año 2007, esta cepa se diferencia genéticamente de otras variantes letales, como el virus Ébola Zaire y el virus Ébola Sudán, al presentar una divergencia en su secuencia genómica superior a 30 por ciento.
A diferencia de la cepa Zaire, responsable de las epidemias más extensas en el continente africano, el historial epidemiológico de la cepa Bundibugyo documentado por el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) es considerablemente más acotado.
Tras su aparición inicial en Uganda en 2007 -que acumuló 149 casos sospechosos-, solo se ha registrado un segundo evento epidemiológico de magnitud en la República Democrática del Congo durante el año 2012.
Los registros estadísticos de la OMS y los CDC señalan que la tasa de letalidad de la cepa Bundibugyo oscila históricamente entre 30 por ciento y 50. Aunque este porcentaje es inferior al documentado en brotes provocados por la variante Zaire (cuya mortalidad puede alcanzar 90 por ciento), la patogenicidad sigue situando al virus en el Grupo de Riesgo 4 de bioseguridad.
De acuerdo con los protocolos técnicos de Africa CDC, los mecanismos de transmisión de la cepa Bundibugyo son idénticos a los del resto de los ebolavirus. El contagio en humanos ocurre por el contacto directo de las membranas mucosas o la piel lesionada con fluidos corporales infectados (como sangre, saliva, vómito o heces) o mediante la exposición a superficies y objetos contaminados por estos elementos.
La sintomatología clínica descrita en los manuales de los CDC detalla un periodo de incubación que varía de 2 a 21 días. El cuadro clínico inicia con una fase seca caracterizada por fiebre súbita, debilidad extrema, cefalea intensa y dolor muscular. Posteriormente, evoluciona hacia una fase húmeda con manifestaciones gastrointestinales graves (vómitos y diarrea profusa), fallas en las funciones hepática y renal, y en los casos más graves, hemorragias internas y externas generalizadas.
El diagnóstico confirmatorio de la cepa Bundibugyo se realiza mediante ensayos de reacción en cadena de la polimerasa (PCR) y pruebas de inmunoadsorción enzimática (ELISA), metodologías validadas por la OMS para diferenciar este agente de otras patologías endémicas de la región como la malaria o la fiebre Lassa.
No existen actualmente vacunas ni antivirales específicos con licencia comercial dirigidos de forma exclusiva contra el Bundibugyo ebolavirus, por lo que el manejo clínico de los pacientes infectados se fundamenta estrictamente en la terapia de soporte intensivo y la rehidratación.
KVS