Internacional

Canadá analiza una invasión de EU

Altos funcionarios explicaron a The Globe and Mail que este ejercicio es estrictamente teórico, pues es “improbable” un ataque de su principal aliado; no obstante, el contexto político actual genera inquietudes en el círculo de defensa

Las fuerzas armadas de Canadá elaboraron recientemente un modelo hipotético sobre su respuesta a una posible invasión militar de Estados Unidos y admiten que no tienen capacidad para hacer frente al ejército de ese país.

Se trata de la primera vez en más de un siglo que el ejército desarrolla un ejercicio teórico de este tipo frente a su principal aliado y socio estratégico, de acuerdo con información del diario The Globe and Mail, que cita a dos altos funcionarios del gobierno.

Se insiste en que no es un plan militar operativo, sino un modelo teórico destinado a evaluar escenarios extremos.

Los funcionarios, que hablaron bajo condición de anonimato por no estar autorizados a discutir públicamente estos asuntos, coincidieron en que resulta altamente improbable que una administración estadunidense —incluida la del presidente Donald Trump— ordene una invasión de Canadá. Sin embargo, el contexto político ha generado inquietudes en los círculos de defensa. 

El presidente republicano ha insistido en diversas ocasiones en la idea de que Canadá se convierta en el “estado 51” de Estados Unidos y ha cuestionado la vulnerabilidad del ártico canadiense frente a adversarios de Washington. 

A esto se suman sus presiones sobre aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y sus declaraciones sobre Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca, lo que ha llevado a ejercicios militares de solidaridad entre países europeos.

Según el modelo descrito por el periódico The Globe and Mail, los planificadores militares canadienses asumen que fuerzas estadunidenses pueden superar las posiciones estratégicas de Canadá en tierra y mar en cuestión de días, incluso en menos de una semana. 

Canadá no cuenta con el número de efectivos ni con el equipamiento necesario para resistir una invasión convencional de gran escala, por lo que el escenario contempla una estrategia de guerra no convencional.

Dicha respuesta se basará en tácticas de guerrilla: emboscadas, sabotaje, uso de drones y ataques de tipo “golpear y huir”, similares a los empleados por los muyahidines afganos contra la Unión Soviética entre 1979 y 1989, y posteriormente por el Talibán frente a fuerzas lideradas por Estados Unidos, conflicto en el que participó Canadá.

El objetivo de estas tácticas, señalan los funcionarios, es imponer costos elevados a una fuerza ocupante y dificultar el control del territorio. Expertos militares citados por el diario coinciden en que, aunque Estados Unidos puede derrotar rápidamente a Canadá en un enfrentamiento convencional, tendrá enormes dificultades para ocupar y controlar un país de la extensión y complejidad canadiense.

El reportaje también revela que el valor central del ejercicio no está en prever un conflicto con Estados Unidos, sino en medir los límites reales de la capacidad defensiva canadiense ante un aliado dominante. 

El análisis funciona como una prueba de estrés institucional: qué tan rápido colapsarán las estructuras convencionales, qué margen tendrá el liderazgo político para reaccionar y hasta qué punto la disuasión internacional —más que la fuerza militar— sigue siendo el principal escudo de Canadá.

Finalmente, las autoridades subrayan que las relaciones con el ejército estadunidense siguen siendo positivas y que ambos países continúan cooperando en defensa continental y en la modernización de sistemas como NORAD. 

Comparten visión

La relación militar entre Canadá y Estados Unidos tiene raíces profundas que datan de la Segunda Guerra Mundial, cuando la defensa del continente se volvió una prioridad compartida. 

En 1958, en pleno auge de la Guerra Fría, estas naciones aliadas crearon el North American Aerospace Defense Command (Norad), un grupo militar binacional destinado a vigilar y defender el espacio aéreo de Norteamérica frente a los posibles ataques de bombarderos o misiles soviéticos. 

Esta sigue siendo una de las alianzas de defensa más singulares en el mundo: un solo comando con personal de ambos países que opera 24/7 para interceptar amenazas aéreas y marítimas a lo largo del continente. 

Norad ha evolucionado con el tiempo. Después del 11 de septiembre de 2001 amplió sus funciones para incluir la protección ante amenazas terroristas y coordinar respuestas rápidas ante incursiones en la Zona de Identificación de Defensa Aérea (ADIZ) de Alaska o Canadá. 

En el contexto más amplio de Norteamérica, esta cooperación también influye en México. Aunque México no forma parte de Norad, la defensa continental tiene implicaciones para todo el continente bajo iniciativas trilaterales como el T-MEC y foros como la Cumbre de Líderes de América del Norte, donde temas de seguridad, migración y defensa se discuten en conjunto con Estados Unidos y Canadá. 

Analistas en medios canadienses han enfatizado que, ante desafíos como la militarización del Ártico, amenazas cibernéticas y cambios en la política de Washington, Canadá debe reforzar tanto su independencia como su cooperación estratégica con Estados Unidos y, en menor medida, con aliados hemisféricos. 

El ejercicio, concluye The Globe and Mail, refleja más bien el nivel de análisis de riesgos que hoy se discute en Canadá en un entorno internacional cada vez más incierto.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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