El alegre, retador y rechoncho político chavista ha quedado atrás. Nicolás Maduro Moros, expresidente de Venezuela, ha tenido un cambio radical en poco más de seis meses durante los cuales ha estado en arresto provisional en una prisión de Nueva York, mientras es procesado por narcotráfico y narcoterrorismo.
Este 22 de julio, seis meses y 17 días después de su comparecencia, el retador acusado, quien enfrenta cuatro cargos por narcotráfico, narcoterrorismo y uso de armas de fuego, ahora guardó silencio.
Nueva audiencia de Maduro y Flores
Acompañado por sus abogados y su esposa, la exprimera dama y coacusada, Cilia Flores, con sus respectiva defensa, Nicolás Maduro escuchó cómo el juez del caso, Alvin Hellerstein, aprobaba un calendario tentativo que implica que su juicio daría inicio el primer día de junio de 2027.
La audiencia no duró mucho más de diez minutos, durante los cuales el líder chavista realizaba anotaciones de lo que iba escuchando. Sin embargo, nunca tomó la palabra, a diferencia de su primera comparecencia el 5 de enero, donde realizó una declaración política.
"Yo soy Nicolás Maduro, presidente constitucional del estado bolivariano de Venezuela. Fui secuestrado por una intervención militar de Estados Unidos el 3 de enero. Me considero prisionero de guerra", dijo cuando el juez Hellerstein le pidió identificarse.
Ese día, Maduro lucía idéntico a cómo se le había visto en sus últimos mítines y eventos en Venezuela. Con canas, sí, pero tosco, corpulento y alto, hablando al juez como lo hacía con Donald Trump, con un acento retador.
“Fui capturado en mi hogar. En Caracas, Venezuela”, continuó en esa ocasión, hasta que el juez le puso un alto.
Hoy, además de no hablar, pasó casi desapercibido. Si no fuera porque usaba el pantalón y la playera caqui distintiva del Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn, Nueva York, donde permanece en arresto preventivo, no se le hubiera reconocido.
Delgado, y con la barba afeitada, solo tenía el característico bigote que lo hacía famoso en Venezuela. Caminaba lento y de forma discreta. Cilia Flores venía detrás de él, con la misma ropa y la misma discreción.
Así luce Nicolás Maduro
Al final, Maduro solo platicó un minuto con sus abogados, con permiso del juez.
“¿Ya me puedo ir?”, preguntó Maduro antes de retirarse, mientras señalaba con su dedo a la puerta donde le esperaban agentes del Servicio de Marshals de los Estados Unidos (USMS, por sus siglas en inglés).
Maduro cambia su impetuoso carácter por la discreción
Ese mismo hombre, en noviembre de 2025, un par de meses antes de la operación extraterritorial llevada a cabo por fuerzas especiales del gobierno estadunidense en Caracas, envió un mensaje al presidente Trump, en el que lo invitaba a dialogar, pero de frente.
“Así que este país está en paz, va a continuar en paz, y en Estados Unidos el que quiera hablar con Venezuela se hablará. Face to face. Cara a cara, sin ningún problema”, dijo Maduro en un mensaje distribuido por medios oficiales del gobierno venezolano.
En Venezuela, representaba la continuidad del gobierno chavista, mientras que para Washington, personificaba la cabeza de una operación criminal gubernamental que operó al menos desde 1999, al amparo de las autoridades venezolanas.
“En varios momentos, desde o aproximadamente en 1999, oficiales venezolanos incluyendo a Nicolás Maduro Moros, Diosdado Cabello Rondón y Ramón Rodríguez Chacín, los acusados, colaboraron con narcoterroristas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, el Ejército de Liberación Nacional, El Cártel de Sinaloa, Los Zetas y el Tren de Aragua, incluyendo al líder del Tren de Aragua, Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias Niño Guerrero”, señala la acusación federal en contra de Maduro, radicada en la corte de distrito de Manhattan, en Nueva York.
De acuerdo con el documento, Maduro y su predecesor, Hugo Chávez, establecieron un sistema de patronato o mecenazgo al que se conoce como el Cártel de los Soles, una organización criminal en la que participaban civiles, autoridades y miembros del Ejército para, a cambio de sobornos, permitir el paso libre de cocaína de otros países, como Colombia, hacia México y, eventualmente, a Estados Unidos.
La red criminal era conocida con ese nombre debido a una insignia de un sol que se usa tradicionalmente en uniformes militares venezolanos, y que ahora da la oportunidad a Washington para establecer que Nicolás Maduro y su esposa, mientras encabezaban el gobierno de Venezuela, conspiraban con redes criminales terroristas designadas, tanto de México como de Colombia.
Así luce Cilia Flores
ABF / LJ