Hay momentos en el futbol en los que una fotografía parece una sentencia. Ocho jornadas pueden ser suficientes para detectar problemas, aunque rara vez alcanzan para saber en qué terminará convertido un equipo. Pumas acaba de llegar a ese punto.
El equipo de Esteban Solari tiene 11 puntos, producto de tres victorias, dos empates y tres derrotas. Ha marcado 11 goles y ha recibido 11, pero hay algo que conviene recordar antes de convertir esos números en una conclusión definitiva.
Hace poco más de un año, otro entrenador comenzó su primer torneo completo al frente de Pumas en condiciones que tampoco invitaban precisamente a lanzar cohetes. Efraín Juárez.
El comienzo tampoco fue una maravilla
El Apertura 2025 comenzó mal para Pumas. Después de ocho jornadas, aquel equipo tenía 12 puntos, tres victorias, tres empates y dos derrotas, con 14 goles a favor y 12 en contra. No era un equipo terminado.
Tampoco era el equipo que meses después acabaría el Clausura 2026 como líder de la fase regular. Era, simplemente, un equipo en construcción y ahí está el punto; el Pumas de hoy no está tan lejos del comienzo de Efraín Juárez.
Solari tiene un punto menos después de ocho jornadas, tiene las mismas tres victorias, una derrota más y un empate menos y ha marcado exactamente los mismos 11 goles que el equipo de Efraín había conseguido a esa altura si se toma como referencia el arranque de aquella temporada.
La tabla, por lo tanto, no presenta dos mundos distintos, presenta dos equipos que, en su respectivo inicio de temporada, todavía estaban buscando estabilidad. La diferencia es que hoy sabemos qué ocurrió después con uno de ellos y eso cambia la manera de mirar al otro.
Efraín no llegó hecho
Es fácil mirar hacia atrás y recordar al Pumas de Efraín como el equipo que terminó liderando el Clausura 2026 con 36 puntos. Pero ese equipo no apareció de la nada.
Su primer torneo completo fue mucho más irregular. Después de aquellas primeras ocho jornadas, Pumas terminó el Apertura 2025 con cinco victorias, seis empates y seis derrotas y alcanzó el Play-In. El proceso tuvo altibajos y terminó lejos de ser una temporada de dominio.
Eso importa porque permite separar dos cosas que suelen confundirse en el futbol: el inicio de un proyecto y el proyecto terminado.
No son lo mismo y ocho jornadas pueden mostrar la primera versión de un equipo, pero no necesariamente su techo.
Por ello, no tendría demasiado sentido decir que Solari es mejor o peor que Efraín porque uno tiene 11 puntos y el otro tuvo 12 después de ocho jornadas.
Eso sería utilizar una estadística pequeña para fabricar una conclusión enorme. La pregunta es otra: ¿Podrá este Pumas evolucionar de la misma manera que aquel?
Porque Efraín tuvo tiempo para modificar comportamientos, encontrar una estructura, ajustar piezas y construir una relación distinta entre sus jugadores y su idea de juego.
El resultado fue un equipo que terminó compitiendo por cosas importantes. Solari todavía está en la etapa en la que esas respuestas tienen que aparecer y eso cambia la exigencia.
El tiempo también puede ser una prueba
El calendario ofrece ahora una especie de experimento. El Pumas de Efraín necesitó más de ocho partidos para encontrar una versión competitiva que después terminó creciendo hasta convertirse en líder del torneo siguiente. El equipo de Solari está parado prácticamente en el mismo punto de la película.
No sabemos si habrá una segunda mitad parecida. Porque sería muy fácil decir que Pumas no tiene consistencia. La evidencia permite decirlo. Lo que todavía no permite decir es si esa inconsistencia es la identidad del equipo o solamente su etapa de construcción.
El partido contra Chivas deja una fotografía incómoda, pero también útil. Pumas llega a la mitad del torneo con 11 puntos, no con una temporada perdida. Tiene nueve jornadas por delante, tiempo para demostrar si las primeras señales son definitivas o corregibles.
FCM