Desde los tres postes, Navas fue el guardián de la mejor campaña regular en la historia de Universidad. Los auriazules terminaron líderes con 36 puntos, un registro inédito para la institución, y disputaron la final del futbol mexicano con un capitán que se acostumbró a aparecer cuando el partido se rompía y el equipo más lo necesitaba.
Las cifras ayudan a explicar el tamaño de su torneo: 73 atajadas en 17 jornadas, un promedio de 4.2 por partido y siete encuentros sin recibir gol. Pero el verdadero peso de Keylor no está en los números; está en esa extraña tranquilidad que transmite, en la sensación de que, cuando todo parece derrumbarse, hay un hombre bajo el arco que sabe convivir con la presión.
Durante la Liguilla volvió a demostrarlo. Dejó su portería en cero en la semifinal de vuelta ante Pachuca y en la final de ida frente a Cruz Azul, actuaciones que terminaron por confirmar que su llegada al Pedregal no fue un golpe mediático, sino una apuesta deportiva que cambió la cara del equipo.
Desde su debut con la camiseta universitaria, el 26 de julio del año pasado ante Querétaro, Keylor ha disputado 42 partidos oficiales y se ha ganado algo que ningún premio puede garantizar: el cariño de una afición que encontró en él un líder silencioso, de esos que hablan poco y sostienen mucho.
Ahora, el tico está a un paso de sumar otro reconocimiento a una carrera repleta de trofeos. El Balón de Oro de la Liga MX sería un premio individual, sí, pero también una especie de homenaje a un futbolista que, a sus 39 años, sigue demostrando que la grandeza no siempre hace ruido.
La votación está abierta en este link https://bit.ly/3SAPSSi la afición universitaria ya tiene una causa más para unirse: respaldar al hombre que convirtió cada atajada en un acto de fe para Pumas.
MGC