En el Distrito Federal de principios de los años ochenta, el futbol tenía sus propios rituales. Los domingos se organizaban alrededor de un partido, las familias se reunían frente al televisor en blanco y negro y los nombres de los jugadores pasaban de la cancha a las conversaciones de sobremesa. No existían las pantallas de bolsillo ni la posibilidad de repetir cada jugada al instante. Para guardar un recuerdo, había simplemente que vivirlo.
El domingo 9 de agosto de 1981, en Ciudad Universitaria, Hugo Sánchez protagonizó uno de esos momentos que permanecen en la memoria de un club. Pumas se jugaba el campeonato frente a Cruz Azul y el delantero disputaba su último partido antes de marcharse a España. Su siguiente destino era el Atlético de Madrid. La despedida llegaba en un escenario inmejorable, aunque primero había que remontar.
Cruz Azul había ganado 1-0 el encuentro de ida. Pumas necesitaba responder en casa y salió a buscar el partido desde el comienzo. Hugo abrió el marcador al minuto 10 con un cabezazo, después de una jugada por la banda derecha que construyó con Manuel López Zarza. El gol empató el global y encendió la posibilidad del título. El chamaco regresó la ilusión a una afición entera.
El equipo de Bora Milutinović no se detuvo. Ricardo Tuca Ferretti marcó el segundo tras aprovechar un rebote del guardameta Ricardo Ferrero; Manuel Manzo consiguió el tercero al minuto 27. Cruz Azul descontó antes del descanso, pero en la segunda mitad Enrique López Zarza anotó el cuarto. Pumas ganó 4-1 y se llevó la serie por 4-2.
La final tuvo la contundencia de una gran victoria y la emoción de una despedida. Hugo no se marchó de cualquier manera: marcó en el partido decisivo y levantó el campeonato con el equipo en el que se había formado. Aquel gol fue el último que anotó con Pumas antes de emprender el viaje a Europa.
Después del silbatazo final quedaba atrás una etapa que había comenzado años antes, cuando el futbol todavía era una promesa y no una profesión capaz de llevarlo al otro lado del océano. Ahora el sueño tenía otro escenario. España lo esperaba, pero su historia con Pumas quedaba guardada con una imagen difícil de mejorar: el delantero que había crecido con los universitarios se despedía como campeón y no cualquier campeón.
En el futbol, las despedidas no siempre conceden un final perfecto. A veces el jugador se va lesionado, derrotado o sin saber si volverá a vestir aquella camiseta. Hugo tuvo algo distinto: pudo despedirse en la cancha, con un gol suyo y un título para su equipo.
En el Distrito Federal, aquella victoria quedó ligada a una época y a una forma de vivir el futbol. Para Pumas fue su segundo campeonato de Liga; para Hugo, el último capítulo de su vida mexicana antes de empezar a escribir otra historia en Europa.
Todavía no era el Hugol que celebraría sus goles con volteretas y se convertiría en una figura internacional. Era Hugo Sánchez, el delantero de Pumas que estaba a punto de irse y que, antes de partir, dejó una última gran alegría en Ciudad Universitaria. Una despedida de película, con el futbol como escenario y un gol como firma final.
RGS