Un par de días después de haber llegado a San Miguel de Allende, la nueva sede de su complejo hotelero, Pueblo Bonito Vantage, Ernesto Coppel se sincera y reconoce que no fue fácil llegar a la apertura, pero su inherente tenacidad lo llevó a lograr su objetivo.
“Estamos aquí con toda el alma, disfrutando como si fuera el primer hotel —a la fecha cuenta con cino sedes en Los Cabos y dos en Mazatlán—. Decía Napoleón: ‘He peleado 65 batallas y en ninguna aprendí nada que no supiera desde la primera’; la bronca de hacer un hotel es igual aquí que en China, en Mazatlán, en Los Cabos, en todos lados se batalla”, precisó el empresario.
A 10 minutos del centro de San Miguel de Allende — la ciudad considerada las más bonita del mundo por tercer año consecutivo—, Pueblo Bonito es el hotel más nuevo con 111 habitaciones, 14 suites y una más acondicionada como suite presidencial; aunque todas se distinguen por combinar el lujo con el arte y cultura del poblado.
“Es un hotelazo, está muy bonito —comenta Coppel y con su particular franqueza—. Yo no lo conocía, pero no me sorprende porque sé de la capacidad de mi equipo, de toda la gente que trabajó para hacerlo realidad”.
Historia de éxito
Desde el 31 de mayo de 1987 cuando abrió el primer Pueblo Bonito en Mazatlán, se propuso ofrecer una gran experiencia de hospitalidad, inspirándose en los viajes que hizo por Europa, cuando dice que “salió de pobre”, para los cuales pidió la asesoría de un primo.
“Cuando tuvimos el primer millón de dólares, le hablé a un primo y le dije: ‘A ver dime ¿cuál es el mejor hotel de París?’, y me dijo: ‘El Plaza Athénee’. ¿El mejor hotel de Madrid?, ‘El Ritz´; llegamos a los mejores hoteles de las capitales europeas desde el primer viaje que hicimos”, dice al compartir la experiencia que vivió con su ex esposa Lety Coppel.
“Íbamos saliendo de perros, teníamos 20, 15 o 12 años de jodidos; y de repente empieza a caer la lana, de un proyecto que hice con unos mormones.Y dije: ‘No puede ser porque es una imposibilidad matemática que yo la haga (risas)’”.
A partir de entonces la fortuna se alió con Coppel, quien ha hecho historia en el mundo hotelero con sus diversos conceptos, primero en su natal Mazatlán, después en Los Cabos y actualmente con su apuesta en el poblado guanajuatense que, en un dejo de sinceridad, compartió que no conocía hasta que en un viaje a Roma, el dueño del hotel donde se hospedó le habló del poblado.
“Fijense lo que nos pasó en el primer viaje a Europa, llegamos al hotel Hussler de Roma, un hotelazo y nos recibió el dueño, Roberto Wirth, sordomudo, me decía: ‘Ábrame la boca para que le entienda bien’. Y me dice: ¡Un hermano mío es director del Hotel Casa de Sierra Nevada en San Miguel de Allende’. Tuve que ir al mapa para ver dónde estaba, en mi vida había oído hablar de San Miguel. Soy de Mazatlán, comprendan, es un lugar perdido en el pacífico que nadie conoce. Pero qué tal, ahora, llegamos con Pueblo Bonito, el mejor hotel de San Miguel de Allende”.
Hospitalidad que genera solidaridad
Desde 2004 Letty Coppel creó la Fundación Coppel, que se encarga de diversas labores altruistas especialmente en donde los hoteles Pueblo Bonito tienen sede; San Miguel de Allende no es la excepción.
Materializando la filosofía de Ernesto Coppel de que “nada te hace mejor que otra persona que la generosidad”, el poblado guanajuatense también tendrá el beneficio.
“A lo largo de 22 años que tiene la Fundación hemos aprendido que la verdadera riqueza de una comunidad no se mide por la riqueza que se posee, sino por la capacidad de tender la mano a quienes enfrentan mayores desafíos”, precisó Letty Coppel, quien a través de subastas, cenas de gala y otras acciones buscará el apoyo para las comunidades y personas más vulnerables, como enfermos, personas de la tercera edad o madres solteras de San Miguel de Allende.
Lujo hecho a mano
Para Marisabel Gómez Vázquez, responsable de la atmósfera que se percibe en el hotel, cuya construcción se percibe a kilómetros de distancia, por su imponente edificación el gran reto fue haber creado un ambiente que abrazará los sentidos con el sello de San Miguel de Allende.
“Lo fundamental al dar vida y crear el interiorismo para Pueblo Bonito fue al haber creado un proyecto que pertenezca a San Miguel, que sea su espíritu, sí con un estilo contemporáneo, pero sin perder las raíces de lo que es el poblado”, dijo la interiorista a MILENIO.
Al traspasar la puerta del hotel, “el trabajo en madera, en textiles y hasta en las tachuelas que forman parte de la decoración revela la cultura y tradición de las haciendas de San Miguel de Allende, porque la idea es crear ambientes bonitos para que el huésped se sienta cómodo. Lo importante es que el cliente se sienta a gusto, abrazado. Nosotros diseñamos para los sentidos, un huésped a veces no sabe ni por qué le gusta algo, pero se va feliz, o se va cómodo, porque escucha, ve, siente, está contento o simplemente llena su vista con algo y entonces se logra la experiencia positiva de hospitalidad, gracias al lujo que ofrecemos y que decimos es un lujo hecho a mano”, precisa la experta, que ha heredado el gusto por su profesión de su familia.
Su padre creó la firma Gómez Vázquez Internacional, que fue la responsable de la arquitectura de Pueblo Bonito, a través de Juan Carlos Gómez Vázquez, su hermano.