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El bullying no sólo se presenta en el ámbito escolar: los adultos también lo sufren con frecuencia en el trabajo. Aprende cómo lidiar con él usando estos consejos.


Si tienes un jefe, un colega o una compañera que sistemáticamente habla mal de ti, te excluye o te ridiculiza en público, estás sufriendo de acoso laboral. A continuación, una experta comparte algunos consejos para lidiar —y, si todo sale bien, terminar— con esta frecuente clase de bullying.

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Todos, o casi todos, cuando éramos niños, sufrimos una desagradable experiencia de acoso escolar, hoy conocido como bullying. Y uno podría pensar que esa reprobable práctica se termina cuando uno crece, madura e ingresa al mundo laboral. Pero desafortunadamente no es así: el abusón del patio de la escuela y la abusiva lidercilla del colegio crecen, se gradúan y, muchas veces, continúan con el mismo comportamiento en el trabajo.

Entre otras actitudes, el acoso o bullying laboral consiste en los chismes, el sabotaje, la exclusión y la humillación pública de modo sistemático y enfocado en un colega, con el objetivo de intimidarlo, abatirlo y degradarlo. Esto puede tener serias repercusiones en el autoestima del acosado, así como en sus niveles de estrés; en casos serios, la persona afectada puede sufrir de depresión, pérdida del interés en la vida y su trabajo, e incluso intentos de suicidio.

Pero no todo está perdido: la psicóloga Ellen Hendriksen comparte algunos consejos para lidiar con el acoso laboral y, en algunos casos, detenerlo y ponerle fin:

  • Ten por seguro que no es tu culpa. Como el acoso laboral golpea directamente tu autoestima, es probable que en algún momento albergues dudas sobre tu propia valía o tu aportación a un proyecto o trabajo en particular, o bien quizá te culpes a ti mismo por dar pie o permitir que “esa” persona abuse de ti. Pero ten por seguro que el bullying es responsabilidad de quien lo practica, no de quien lo padece.
  • Pon límites de inmediato. Si el acoso aún no es sistemático, será útil corregir los comportamientos tóxicos en cuanto se presenten. Si el abusón te pone un apodo, por ejemplo, corrígelo de inmediato de modo amable pero firme. No trates de bromear al respecto ni te disculpes: simplemente marca el límite. El propósito es dejar claro que no habrá diversión ni retribución en provocarte.
  • No confrontes al bully. Aunque mucha gente aconseja hacer frente al abusón, lo más probable es que esto no funcione. El acoso es una práctica sistemática que busca causar una reacción, no un error involuntario; de modo que confrontar a quien la ejerce sólo pondrá de manifiesto que sus esfuerzos están rindiendo el efecto deseado.

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  • Si vas a denunciar, hazlo al nivel más alto. Si el acoso se torna insoportable, quizá querrás denunciar al o a la colega ante su jefe; antes de hacerlo, considera que con frecuencia los bullies abusan de quienes perciben como vulnerables, pero son serviles y aduladores con sus jefes, así que quizá tu denuncia no tenga efecto. Así las cosas, escala dos o tres niveles en la escala jerárquica, evita hablar de tus sentimientos y utiliza palabras como acoso o abuso, que tienen connotación legal, y con énfasis en las consecuencias negativas que dicha actitud tienen en términos de ambiente laboral, productividad y el costo que podría tener la constante rotación de personal debida a una sola persona.
  • No aceptes careo ni mediación. Tras hacer tu renuncia, una de las salidas que podrán proponerte es un careo o que el jefe “medie” en la situación, pero no aceptes. La razón es simple: la mediación funciona cuando existe un conflicto bilateral en una situación de equidad, y deseo de ambas partes de solucionarlo; en este caso, el bully no tendrá deseos de resolver nada. En su lugar, solicita una medida disciplinaria o al menos una investigación en torno al comportamiento abusivo.
  • Si ya lo intentaste todo, sal de ahí. Según una encuesta llevada a cabo en 2007, en más de la mitad de los casos denunciados de acoso laboral los patrones o jefes no hicieron nada al respecto. Quizá un sentido del honor o de la justicia te haga pensar en quedarte; sin embargo, al igual que en los casos de violencia doméstica, quizá lo más inteligente sea dejar ese lugar de trabajo o solicitar que te transfieran a otro departamento en la empresa. Pero si el o la bully en cuestión es la favorita de los jefes, lo mejor será buscar discretamente otro empleo y, cuando lo halles, emprender la graciosa huida.
  • Defiende a otros. Toda vez que te hayas librado de un bully, usa tu experiencia para ayudar a otros. Una de las circunstancias que estos abusones aprovechan es el aislamiento y el silencio de los otros, así que haz lo que consideras correcto.


FM

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