Fernanda es el ejemplo de que la honestidad puede abrirte el camino.
Siendo fiel a sí misma, a su palabra y a sus ideales, Fernanda se ha convertido en una reconocida nutrióloga que inicia su día cuando la mayoría aún duerme: a las 4:30 de la mañana despierta para salir a correr.
El mejor consejo que pudo recibir de su mamá fue darle valor a su palabra y ser honesta y esto, a lo largo de su vida, le ha abierto puertas.
Además de ser mamá de Natalia de 12 años, trabaja con grupos de personas de áreas conflictivas, de escasos recursos o marginadas de la ciudad, como Coordinadora de Promotores de Salud de la Universidad Iberoamericana.
Alcanzar sus logros fue un aprendizaje difícil. Tras su embarazo subió 35 kilos lo que, aunado a su cambio de vida, la llevó a una depresión que se alargó durante varios años.
Sin embargo, un tiempo después se interesó por la nutrición y la convirtió en su forma de vida. Hoy su consejo para cualquier madre es fomentar la seguridad de sus hijos y permitirles ser auténticos. ¿Cómo lograrlo? “Con amor, quizá suene cursi pero llenar de besos, abrazos y palabras cariñosas a nuestros hijos”, dice.
En pocas palabras:
Un buen regalo: un fin de semana con mi esposo y mi hija en un pueblito cercano.
Lugar favorito: El MUAC y Ciudad Universitaria.
Comida favorita: Tlacoyos.
Principal reto como mamá: Hacer de Natalia una niña segura, feliz y con confianza, ¡auténtica!
Una anécdota: Una vez Natalia me preguntó por qué a sus compañeritos de la escuela les enviaban panecitos y comida empaquetada y malamente le respondí “porque sus mamás no los quieren”. Después me mandaron llamar de la escuela porque Natalia se fijaba lo que había en las loncheras de sus compañeritos y cuando veía un ‘Gansito’, les decía: “tu mamá te manda eso de comer porque no te quiere”.