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Ricardo Dehesa: la visión que conecta legalidad, tecnología y capital

En un momento en el que la inteligencia artificial, blockchain y la digitalización prometen redefinir prácticamente todas las industrias, Dehesa propone mirar un paso más allá de la tecnología

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Durante más de dos décadas, el director de la Notaría Pública 90 ha construido un ecosistema que integra derecho, innovación, inversión y desarrollo económico. Hoy sostiene que el verdadero desafío de la economía digital ya no es la tecnología, sino la capacidad de generar confianza.

Hay profesiones que cambian con el tiempo y otras que cambian el tiempo en el que viven.

El notariado pertenece, históricamente, al primer grupo. Durante siglos, su función fue preservar la certeza jurídica de las personas, dar fe de los actos y convertirse en uno de los pilares sobre los que se construyeron los mercados modernos.

Sin embargo, la aparición de tecnologías como blockchain, la inteligencia artificial, la tokenización de activos y los nuevos modelos de inversión ha comenzado a desafiar algunas de las preguntas más profundas del derecho: ¿Cómo se protege la confianza cuando las relaciones dejan de ser presenciales? ¿Quién garantiza la autenticidad de un activo digital? ¿Qué papel tendrán las instituciones en una economía donde el código también crea valor?

Son preguntas que Ricardo Dehesa decidió hacerse hace varios años, mucho antes de que estos temas comenzaran a ocupar espacio en las conversaciones públicas.

Más que responderlas desde la teoría, eligió hacerlo construyendo: no solo desde el ejercicio del derecho, sino desde la creación de un ecosistema donde convergen innovación jurídica, tecnología, desarrollo inmobiliario, hospitalidad, estructuración de inversión y nuevos modelos de confianza.

"Nunca dejé de ser abogado. Lo que cambió fue mi forma de ejercer el derecho", explica durante la conversación. "Entendí que el mayor impacto de un abogado no está únicamente en resolver conflictos. Está en diseñar sistemas capaces de generar confianza."


Esa idea atraviesa toda su trayectoria

Aunque muchas personas lo identifican hoy como titular de la Notaría Pública 90, su recorrido comenzó mucho antes con Certeza Legal, despacho desde el que empezó a desarrollar una visión que hoy continúa evolucionando.

Para Dehesa, la certeza jurídica nunca fue simplemente un servicio profesional, sino una forma de entender el papel del derecho dentro de la sociedad. En su visión, las leyes adquieren verdadero valor cuando son capaces de generar certidumbre entre las personas y ofrecer la seguridad necesaria para invertir, emprender y construir proyectos de largo plazo. 

"La ley, por sí sola, no genera confianza. La confianza aparece cuando las personas saben que sus derechos están protegidos, que las reglas son claras y que los acuerdos se van a cumplir."

Esa manera de entender el derecho explica por qué, con el paso de los años, su actividad comenzó a expandirse hacia industrias que, en apariencia, tienen muy poco en común: la creación de HITCH, plataforma orientada a integrar trazabilidad tecnológica y procesos jurídicos modernos; la participación en proyectos vinculados al desarrollo inmobiliario de alto valor; la estructuración de nuevos mecanismos para facilitar el acceso a inversión dentro de marcos regulatorios; la construcción de iniciativas relacionadas con hospitalidad, gastronomía y experiencias; y una visión de largo plazo sobre el papel que Quintana Roo puede desempeñar como uno de los grandes polos de innovación del Caribe mexicano.

Desde afuera podrían parecer proyectos sin relación entre sí. Sin embargo, Dehesa sostiene que únicamente pueden entenderse cuando se observan como parte de un mismo ecosistema, construido alrededor de una filosofía común donde el derecho, la tecnología, la inversión y el desarrollo económico dejan de funcionar como disciplinas independientes para convertirse en piezas de una misma visión.

"Todos parten de la misma pregunta: ¿cómo construir una mejor experiencia para las personas a partir de la confianza? Cambia el producto. Nunca cambia la filosofía."

Pero esa filosofía también terminó modificando su manera de entender el papel del notariado dentro de una economía que cambia a una velocidad sin precedentes.

Durante décadas, la función del notario consistió en otorgar certeza jurídica a los actos de las personas. Esa misión no ha cambiado. Lo que sí ha cambiado es el contexto en el que esa certeza debe construirse.

Hoy, una empresa puede constituirse con socios que viven en distintos continentes. Un inversionista puede analizar oportunidades en mercados donde nunca estuvo físicamente. Los activos comienzan a representarse digitalmente y la inteligencia artificial ya participa en procesos que, hasta hace muy poco, dependían exclusivamente de la intervención humana.

Dehesa dice que ese escenario no representa una amenaza para el derecho, sino una oportunidad histórica.

"Cada revolución tecnológica obligó a las instituciones a evolucionar. La diferencia es que esta vez el cambio ocurre mucho más rápido. Si el derecho no acompaña esa velocidad, deja de ser una herramienta para el desarrollo y se convierte en un obstáculo."

Esa reflexión explica por qué gran parte de su trabajo durante los últimos años estuvo orientado a integrar tecnología dentro de procesos jurídicos tradicionales. El objetivo nunca fue reemplazar la función del notario, sino fortalecerla mediante herramientas que permitieran aportar mayor trazabilidad, eficiencia y seguridad a procesos que evolucionan al mismo ritmo que la economía digital.

Fue esa búsqueda la que dio origen a HITCH, una plataforma concebida para incorporar herramientas de identidad digital, trazabilidad documental y validación tecnológica dentro de procesos que históricamente dependían del soporte físico.

"La tecnología no reemplaza la confianza. La obliga a evolucionar."

En su visión, blockchain, la inteligencia artificial o la automatización no representan el destino final de la innovación jurídica. Son simplemente herramientas.

Lo verdaderamente importante sigue siendo aquello que permitió el desarrollo de las economías desde hace siglos: la confianza entre las personas.

Ricardo Dehesa
Ricardo Dehesa. | Cortesía


La confianza no nació con la tecnología

Quienes conversan por primera vez con Ricardo Dehesa suelen sorprenderse por la naturalidad con la que pasa de hablar sobre derecho a discutir modelos de negocio, ciudades, innovación, inversión o desarrollo económico. Sin embargo, él no percibe esas conversaciones como temas separados. Por el contrario, considera que todas forman parte de una misma realidad.

Esa manera de pensar comenzó a consolidarse mucho antes de que conceptos como blockchain, inteligencia artificial o tokenización entraran en la agenda pública. Durante años, desde el ejercicio cotidiano del derecho, fue observando cómo las decisiones jurídicas impactaban directamente en la velocidad con la que avanzaban los proyectos, en la confianza de los inversionistas y, muchas veces, en la capacidad de una región para atraer desarrollo.

"Con el tiempo entendí que detrás de cada operación existía algo mucho más importante que el documento que llegaba a mi escritorio. Lo verdaderamente relevante era el nivel de confianza que ese documento lograba generar entre las personas."

Aquella observación terminó modificando su manera de entender la profesión. Donde otros veían contratos, él comenzó a identificar sistemas. Donde otros resolvían operaciones individuales, empezó a preguntarse cómo podían diseñarse mejores estructuras para que esas operaciones ocurrieran con mayor certeza desde el principio.

Esa búsqueda explica por qué, con el paso de los años, su trabajo dejó de concentrarse exclusivamente en el ámbito notarial para extenderse hacia proyectos relacionados con tecnología, desarrollo inmobiliario, hospitalidad, gastronomía y nuevos modelos de estructuración de inversión.

"Las personas suelen pensar que la confianza es una consecuencia del crecimiento económico. Yo creo exactamente lo contrario. Primero aparece la confianza; después llegan la inversión, el desarrollo y las oportunidades."

Más que una definición, esa idea terminó convirtiéndose en el principio que conecta todas las iniciativas que ha impulsado durante las últimas dos décadas.

Pensar en ecosistemas, no en empresas


Una de las características más llamativas de la trayectoria de Ricardo Dehesa es la diversidad de proyectos que ha impulsado a lo largo de los años.

A primera vista cuesta encontrar una relación entre una notaría, una plataforma LegalTech, desarrollos inmobiliarios, proyectos de hospitalidad, gastronomía o iniciativas vinculadas al desarrollo económico del Caribe mexicano. Sin embargo, para él todos forman parte de una misma conversación.

"No me interesa construir empresas aisladas. Me interesa construir ecosistemas donde distintas disciplinas puedan complementarse."

Por eso resulta difícil definirlo únicamente como abogado o notario. Su trabajo ha evolucionado hacia la creación de modelos donde el derecho dialoga con la tecnología, la inversión, la arquitectura institucional y el desarrollo económico.

Cada nuevo proyecto representa una pieza distinta de un mismo rompecabezas: uno donde la confianza deja de ser solamente un atributo jurídico para convertirse en un activo económico.

"La economía funciona cuando existe confianza. Cuando esa confianza desaparece, desaparecen también la inversión, el crédito y el crecimiento."

Esa forma de pensar explica por qué sus proyectos rara vez nacen como respuestas aisladas a una oportunidad de mercado. Nacen como consecuencia de una pregunta mucho más amplia: ¿Cómo construir mejores instituciones para la economía que viene?

Ricardo Dehesa
Ricardo Dehesa. | Cortesía


El Caribe mexicano como punto de partida

Cuando Ricardo Dehesa habla del futuro de Quintana Roo, evita caer en el discurso habitual que reduce la región a su extraordinario potencial turístico. Prefiere hablar de infraestructura, de inversión, de institucionalidad y de desarrollo. Porque, desde su perspectiva, el verdadero potencial del Caribe mexicano ya no depende únicamente de sus recursos naturales o de su capacidad para atraer turismo, sino de las instituciones que sea capaz de construir para sostener su crecimiento durante las próximas décadas.

Durante más de dos décadas acompañó jurídicamente algunos de los procesos de transformación más importantes del Caribe mexicano. Fue testigo del crecimiento inmobiliario, de la llegada de inversión internacional, de la consolidación de nuevos desarrollos urbanos y también de los desafíos que enfrentó la región después de la pandemia.

Por eso sostiene que el siguiente gran paso no dependerá únicamente de construir más hoteles o más desarrollos. Dependerá de construir mejores condiciones para atraer capital, generar certeza jurídica y facilitar nuevos modelos de inversión.

"Los mercados emergentes tienen una enorme capacidad para crecer. Lo que muchas veces necesitan no son más proyectos. Necesitan mejores estructuras para que esos proyectos puedan desarrollarse."

En su visión, Quintana Roo reúne condiciones únicas para convertirse en uno de los grandes laboratorios de innovación institucional de América Latina. La diversidad de comunidades internacionales, la llegada permanente de talento, la fortaleza del sector inmobiliario y la apertura hacia nuevas tecnologías convierten al Caribe mexicano en un espacio privilegiado para experimentar con modelos que luego podrían replicarse en otros mercados.

El verdadero desafío, sostiene, será entender que la región no puede seguir siendo narrada únicamente como un destino. Su siguiente etapa dependerá de la capacidad de pensarse como un ecosistema económico: un punto de encuentro entre inversión, tecnología, desarrollo urbano, turismo, servicios profesionales, hospitalidad, cultura y seguridad jurídica.

En ese mapa, el papel de las instituciones resulta decisivo. La llegada de capital internacional exige algo más que oportunidades atractivas. Exige reglas claras, procesos confiables, mecanismos de verificación y estructuras capaces de reducir la incertidumbre. Para Dehesa, ahí aparece una de las grandes oportunidades del Caribe mexicano: convertirse en un territorio donde la innovación no solo se adopte como discurso, sino como infraestructura real para el crecimiento.

Una conversación que apenas comienza

Quizá por eso resulte insuficiente describir a Ricardo Dehesa únicamente como notario o empresario. Su trayectoria refleja la evolución de un profesional que decidió ampliar los límites de su propia disciplina para explorar cómo el derecho puede dialogar con la tecnología, la inversión y el desarrollo económico sin perder su esencia.

Las grandes transformaciones, sostiene, nunca comienzan cuando aparece una nueva tecnología. Comienzan cuando las instituciones encuentran la manera de acompañarla y las personas vuelven a confiar en que el futuro puede construirse sobre bases más sólidas.

En un momento en el que la inteligencia artificial, blockchain y la digitalización prometen redefinir prácticamente todas las industrias, Dehesa propone mirar un paso más allá de la tecnología. Su apuesta no consiste únicamente en imaginar cómo será el futuro del derecho, sino en contribuir a construir las instituciones que permitirán que ese futuro funcione.

Porque hablar del futuro del derecho ya no significa únicamente hablar de leyes. Significa hablar de inversión, de ciudades, de mercados emergentes, de activos digitales, de inteligencia artificial y, sobre todo, de las instituciones que harán posible que todas esas transformaciones puedan desarrollarse con seguridad y previsibilidad.

"Creo que la próxima gran ventaja competitiva de los países ya no será únicamente tecnológica. Será la capacidad de generar confianza para que la innovación pueda convertirse en crecimiento."

Porque, al final, las economías no crecen únicamente gracias a la innovación, crecen cuando existe la confianza suficiente para convertir esa innovación en desarrollo.

Y esa es, precisamente, la conversación que apenas comienza.


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