Aunque hoy es más común encontrar personas con trayectorias profesionales diversas, todavía persiste la idea de que cambiar de rumbo después de cierta edad es una apuesta arriesgada o, incluso, imposible.
Entre prejuicios sociales y estereotipos sobre el éxito profesional, muchas personas creen que existe una edad límite para comenzar de nuevo. Sin embargo, la historia de la diseñadora de interiores Susana Cervantes demuestra que nunca es tarde para reinventarse y descubrir una vocación que siempre estuvo presente.
Antes de dedicarse a transformar espacios, Susana Cervantes construyó una carrera en un ámbito completamente distinto. Estudió Periodismo y durante más de tres décadas trabajó como productora de televisión y en áreas de comunicación institucional.
Fue hasta los 52 años cuando decidió dejar atrás esa etapa para estudiar interiorismo en Madrid y comenzar una nueva vida profesional. Aunque para muchos su historia suene a una excepción, su experiencia es un gran aprendizaje sobre las creencias limitantes.
En entrevista con MILENIO, Susana Cervantes compartió cómo tomó la decisión de empezar desde cero, el momento en que comprendió que su edad no era una desventaja, sino una fortaleza, y por qué hoy considera que nunca es tarde para apostar por un nuevo sueño.
¿Cómo decidió cambiar de carrera después de los 50 años?
La decisión de cambiar de profesión no surgió de un impulso repentino. Aunque durante años desarrolló una exitosa trayectoria en los medios de comunicación, había una inquietud creativa que nunca desapareció.
Esa sensación terminó llevándola a investigar escuelas de interiorismo hasta encontrar un programa en Madrid que, asegura, cambió por completo el rumbo de su vida.
"Tuve un llamado interior que era hacerle caso también a esa parte creativa de mí. No dudé a mis 52 años y dije: 'Quiero ser interiorista", recordó. Con el respaldo de su familia decidió "quemar las naves", mudarse a España y comenzar desde cero, una experiencia que describe como emocionante, pero también desafiante.
Para Cervantes, ese cambio no significó abandonar todo lo aprendido, sino descubrir que sus distintas vocaciones podían convivir. Su formación como periodista y productora terminó convirtiéndose en una herramienta para comunicar, entender a sus clientes y desarrollar una visión distinta del diseño de interiores.
¿Cuál fue el mayor reto de empezar de nuevo a los 52 años?
Uno de los momentos que marcó su formación ocurrió mientras estudiaba junto a compañeros de poco más de 20 años. Rodeada de jóvenes arquitectos y diseñadores, por un momento creyó que la diferencia de edad jugaba en su contra, hasta que una conversación con el director de la escuela transformó por completo su perspectiva.
"No has entendido que lo que tú ves como desventaja es una gran ventaja", le dijo. Aquella frase cambió su manera de entender el oficio.
"A mí no me tienen que explicar cómo se vive una casa, qué tan incómoda puede ser una cocina o por qué una familia necesita ciertos espacios. Los años te dan otra visión que te diferencia del resto", explicó.
Desde entonces, esa experiencia se convirtió en el sello de sus proyectos. Más allá de la estética, asegura que busca crear espacios funcionales, pensados para quienes realmente los habitan.
"Uno de mis retos más grandes fue aceptar que mi edad era una ventaja y darle la vuelta a la tortilla", afirmó.
¿Es posible empezar de cero después de los 50? Esto responde Susana Cervantes
Tras concluir sus estudios, Susana Cervantes abrió su propio despacho y comenzó a desarrollar proyectos donde combina diseño contemporáneo con el trabajo de artesanos mexicanos.
Esa visión fue reconocida recientemente en España, donde recibió el galardón como Promesa del Interiorismo, un reconocimiento que, asegura, confirma que nunca es tarde para comenzar una nueva etapa.
"Los límites están en la cabeza", expresó al recordar el discurso que ofreció tras recibir el premio. Para ella, el éxito llegó como consecuencia de hacer bien cada proyecto y confiar en que la experiencia acumulada durante décadas podía convertirse en una ventaja, no en una barrera.
Por ello, envía un mensaje a quienes sienten que el tiempo para cambiar de rumbo ya pasó.
"En una vida de 80 o 90 años, decir que a los 40 o 50 ya es tarde no tiene sentido. Todavía queda mucho camino por recorrer. Sí se puede empezar de nuevo, sí se puede vivir de lo que amas y nunca es tarde para intentarlo**", concluyó.
La historia de Susana no solo resulta inspiradora, también invita a replantear la idea de que existe una edad para empezar de nuevo. Su experiencia demuestra que, más que enfocarse en aquello que no tenemos, vale la pena construir el futuro con las herramientas, conocimientos y experiencias que ya se tienen, pues solo nosotros somos responsables de satisfacer nuestra vida.