Antes de que existiera 'Pao Chavero' como imagen pública, hubo una niña a la que el futbol le llegó y se le quedó clavado en la memoria. Después llegaron los entrenamientos, los traslados, los sacrificios familiares y esa terquedad infantil que insiste en abrir una puerta más.
En su caso, esa puerta la llevó a Pumas Femenil el 27 de enero de 2018, cuando la Liga MX Femenil todavía construía muchas de sus estructuras básicas. Desde entonces, su historia ha crecido en paralelo a la del club: canterana y parte de una generación que ha visto cambiar uniformes, instalaciones, afición, visibilidad y exigencia.
En 2022 formó parte de la Selección Mexicana Sub-20 que disputó el Mundial de la categoría en Costa Rica; en 2025 fue convocada con la Sub-23 para una gira europea, y en 2026 la UNAM la celebró por superar los 200 partidos con la camiseta auriazul.
En esta conversación, Pao Chavero habla de infancia, disciplina, Nike, la Sub-23, el futbol callejero y la necesidad de no perder nunca el lado humano de una carrera que empezó con ganas de jugar.
Antes de que existiera esta imagen de “Pao Chavero”, ¿quién era Paola?
Nunca me lo habían preguntado. Antes de todo esto, yo era una niña muy inquieta, muy libre. Mi infancia estuvo completamente marcada por el juego. Me la pasaba en la calle, en las canchas, corriendo todo el día. Mi manera de convivir siempre fue muy dinámica, muy de deporte y competencia. El futbol llegó casi por una imagen muy específica. Recuerdo ver a una niña jugando en medio de muchos hombres. En ese momento algo se me quedó grabado. No fue solo que me gustara el deporte, fue la sensación de “yo también quiero estar ahí”. Yo pensaba que en casa iba a ser difícil, porque en ese momento el futbol femenil no tenía el mismo reconocimiento. Pero mis papás reaccionaron distinto: me apoyaron desde el principio. Me llevaban a entrenar, a partidos y estaban presentes incluso cuando implicaba sacrificios de tiempo y esfuerzo. Con el tiempo entendí que no fue solo una etapa, fue el inicio de una vida nueva. Y aunque de niña no tenía claridad de hasta dónde podía llegar, sí tenía una admiración muy fuerte por las jugadoras profesionales. Las veía como algo lejano, pero también como una posibilidad que me emocionaba profundamente.
¿Qué cosas han cambiado desde que llegaste a la liga?
El cambio ha sido enorme y se nota en muchas capas. Cuando llegué, el futbol femenil estaba en una etapa muy distinta. Había limitaciones, desde uniformes pensados para hombres hasta instalaciones que no siempre eran las más adecuadas.
Hoy hay más inversión, y eso no solo mejora el rendimiento, también cambia la percepción del deporte. Pero lo que más me emociona es el cambio en la gente. Antes era raro ver estadios llenos en partidos femeniles. Ahora la afición está mucho más presente y emocionalmente involucrada. Y cuando lo vives dentro de la cancha, se siente muy distinto.
¿Qué sacrificios hiciste tan joven que ahora estás entendiendo más?
Con el tiempo entendí que el sacrificio más grande fue emocional y social. Irme de casa tan joven cambió completamente mi vida cotidiana.
No es solo mudarte, es aprender a vivir sola, resolver todo por tu cuenta y no tener la contención diaria de tu familia. Mientras otros viven etapas más normales de adolescencia o juventud, tú estás en otro ritmo. Te pierdes cumpleaños, reuniones y momentos importantes. No siempre duele, pero sí es algo que entiendes con más profundidad conforme creces.
¿Cuál ha sido el momento en el que más orgullosa te sentiste de tu disciplina?
La convocatoria al Mundial. Fue muy significativo porque no venía de un proceso constante con selección y no tenía una expectativa alta.
Pero seguí trabajando. Cuando llegué al último filtro y me dijeron que estaba dentro, sentí que todo el esfuerzo había tenido sentido.
¿Qué legado te gustaría dejar dentro y fuera de la cancha?
Me gustaría ser recordada como una persona que nunca dejó de intentarlo, sin importar las circunstancias. Mi carrera no ha sido un camino directo. Para mí, eso también forma parte del legado: demostrar que el progreso muchas veces no es inmediato, pero sí se construye con constancia. Fuera de la cancha, algo que me importa muchísimo es no perder el lado humano. No quiero dejar de ser alguien cercana y agradecida con las personas que están alrededor. Yo estuve del otro lado: fui la persona que esperaba afuera, que admiraba a las jugadoras y que valoraba un saludo o una firma. Esa experiencia me enseñó a valorar cada interacción y cada gesto.
¿Qué significa para ti inspirar a nuevas generaciones?
Es una responsabilidad enorme, no solo en lo deportivo, sino también en lo humano. No lo veo como algo ligero, sino como algo que se construye con cada decisión y con cada forma de estar dentro y fuera de la cancha. También he entendido que es un proceso de ida y vuelta. Muchas veces se piensa que solo tú inspiras a los demás, pero en realidad ellos también te inspiran a ti. Cuando una niña o un niño se acerca y te dice que te ve como un ejemplo, eso tiene un impacto muy fuerte porque te hace consciente de lo que representas. Al final, inspirar a nuevas generaciones no solo es sobre el futbol o los logros, sino sobre el mensaje que dejas con tu proceso: que también está bien atravesar momentos difíciles mientras sigues.
hc