Al pensar en España y Francia, lo más común es que vengan a nuestra mente las grandes urbes como Madrid y París, la ruta del jamón o del vino, la Mezquita de Córdoba o la Torre Eiffel; sin embargo, las montañas, que por siglos han sido frontera entre estas dos naciones, tienen en sus parajes historias milenarias que conjugan guerras, nobleza y religión, así como una corriente arquitectónica y artística –el románico- que se ha convertido en patrimonio de la humanidad y que está en una ruta de ambos lados de los Pirineos.
Al recorrerla, lo ideal es comenzar por Barcelona y terminar en la frontera de Irún y Hendaya (España y Francia), ambos sitios con amplia conectividad con América Latina y México, en particular con Madrid.
Si bien no hay servicio aéreo directo de la Ciudad de México a Barcelona, resulta sencillo volar hasta el aeropuerto de Madrid-Barajas y hacer ahí la conexión con una aerolínea local.
La historia artística y religiosa de la zona pirenaica se concentra en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, que resulta una visita obligada para entender por qué a través del arte románico se educó y controló a la gente por siglos.
Lleida
A 163 kilómetros de Barcelona está una de las ciudades más pintorescas al pie de los pirineos catalanes. Iltirta fue llamada por los íberos unos 200 años antes de nuestra era. Desde el siglo VI fue ocupada por los musulmanes y en 1149 pasó a manos cristianas.
La Catedral de la Seu Vella es un claro ejemplo de la arquitectura románica. El claustro tiene una arquitectura gótica impresionante, además en sus calles la cocina catalana es un clásico en sitios como El Celler del Roser, Xalet Suis o Ferreruela.
Lleida ofrece también una diversidad en hospedería, desde el lujoso Finca Prats hasta hoteles muy modestos como los Ibis.
Manresa
1,100 años de historia envuelven a esta hermosa ciudad, una joya arquitectónica catalana que tiene también un pasado relacionado con el arte románico y la vida en los Pirineos. La Basílica de Santa María de la Seu y la Cueva de San Ignacio de Loyola son sitios llenos de historias y misticismos, de cómo la religión ha servido en estas tierras para bien y para mal, y hoy día podemos observarlo todo en sus paredes y pinturas.
Hay lugares fenomenales para comer, como Kursaal de Manresa que es muestra de gastronomía local.
Para hospedarse, cuenta con decenas de hoteles boutique instalados en viejos palacios donde se escribieron las historias de la frontera franco española, muy cerca de esta ciudad.
Cardona
Muy cerca de Manresa se encuentra uno de los castillos medievales más impresionantes en la ruta de ascenso a los Pirineos, data del año 886 d. C. y a partir de él, comenzó el crecimiento de una pequeña villa. La riqueza de quienes vivieron ahí, así como su poder económico les trajo el sobrenombre de “los reyes sin corona”.
Justo a pocos pasos del castillo, está la fuente de esa riqueza desde tiempos inmemorables y hasta el siglo XX: una montaña de sal. De ahí surgió ese poder y riqueza dado que la sal como tal, fue el único conservador de alimentos y el medio económico trascendental en Europa. La sal salía de aquí a Barcelona para embarcarse a los grandes mercados de Génova. Con el paso del tiempo, la montaña se transformó en una mina que fue explotada hasta finales del Siglo XX.
La Seu d'Urgell
Tan solo 89 kilómetros al norte de Cardona, junto a la frontera con Andorra, se encuentra esta ciudad cuyos Obispos dirigen la diócesis más extensa de Cataluña y al mismo tiempo son Jefes de Estado del Principado de Andorra.
La pequeña ciudad pareciera sacada de un cuento de montaña, casas de piedra con tejados a dos aguas, plazas y escalinatas entre fuentes y pequeños partes y, por supuesto, una catedral que funge como parte importante en la historia política y religiosa de este lugar, Santa María de la Seu d’Urgell, que también deja ver cómo a través del arte románico se enseñó a los analfabetas y adoctrinó en la fe cristiana. Además del centro de interpretación, hay calles y paseos con paisajes entre la nieve y las coníferas.
Vall de Boí
Unos 139 kilómetros al oeste de La Seu d’Urgell y en el corazón de los Pirineos está uno de los conjuntos históricos más importantes de las montañas, las iglesias de Sant Climent y Santa María de Taüll dejan ver cómo se utilizó la arquitectura y el arte románico para educar a la gente, y para ponerla al servicio de la iglesia, al mismo tiempo que se fijaban posiciones claras para contener los intentos musulmanes por conquistar la montaña.
Este es el paraíso para quienes se interesan por la vida medieval, cada calle de estos pueblos tiene historias de caballeros y nobles, de amores y odios, de vida y muerte, que quedaron plasmadas en los muros y cementerios de la región. Hay otros templos dignos de visitarse como La Nativitat de Durro o Santa Feliu de Barruera. En el invierno además de la historia y la arquitectura, la estación de esquí Boí Taüll Resort es una de las más afamadas en Europa, con pistas de diversos niveles y paisajes excepcionales.
Religión e historia se conjugan
El recorrido se adereza con una excelente oferta gastronómica y una infraestructura turística de primer nivel. Luego de haber realizado este recorrido, el viajante no vuelve a ver los templos (románicos, góticos, barrocos o contemporáneos) de la misma forma, las iglesias, villas y ciudades de los Pirineos nos enseñan cómo cada detalle en la arquitectura sacra tiene una explicación, un motivo y, sobre todo, un objetivo claro, algo que solo en la región pirenaica catalana se puede contemplar.