En un mundo tan veloz, estridente e históricamente dominado por hombres como la Fórmula 1, Kelly Piquet ocupa un lugar en donde convergen legado, maternidad contemporánea y una noción de propósito en transformación. Madre de dos hijas, su perspectiva se desplaza más allá de la pista para tocar cuestiones de identidad, influencia y lo que implica formar a una nueva generación de mujeres.
Es cierto, la Fórmula 1 ha sido tradicionalmente un espacio masculino; lo interesante hoy es que las mujeres ya no solo intentan encajar en él, sino que están redefiniendo la manera en que lo habitan.
“Para mí, no se trata de demostrar que pertenezco ahí. Se trata de sentirme lo suficientemente cómoda para ocupar espacio a mi manera, ya sea a través de la narrativa, de una perspectiva propia o, simplemente, mostrando que no existe una sola forma de estar en este mundo”, menciona Piquet.
Su voz introduce una nueva lectura sobre el poder, una menos ligada a la validación que en la forma de habitar el espacio. En esta conversación, Kelly habla sobre legado, relaciones, visibilidad y la responsabilidad de formar a una nueva generación de mujeres en un mundo que todavía está aprendiendo a cambiar.
Vienes de una familia ligada a la Fórmula 1. ¿Cómo te prepararon tus padres para la vida más allá del reflector?
Crecí con un fuerte sentido de independencia. La carrera de mi padre hizo que el automovilismo siempre estuviera cerca, pero mis padres fueron intencionales en darme una vida que no estuviera definida por eso. Había un énfasis claro en la educación, la curiosidad y la resiliencia, cualidades que importaban más que el estatus o la visibilidad. Desde pequeña aprendí a adaptarme con rapidez, a moverme entre culturas distintas y a construir una identidad propia al margen de las expectativas.
¿Cómo te marcó la dualidad de vivir dentro y fuera del foco del automovilismo?
Me dio perspectiva. Estar cerca de algo tan intenso y tan expuesto como la Fórmula 1, pero no siempre en el centro, me permitió observar más que reaccionar. Esa distancia me ayudó a entender tanto el privilegio como la presión que implica ese mundo y también me hizo más consciente de cómo quiero estar hoy, sobre todo como madre.
¿Cómo entiendes tu lugar dentro y alrededor de ese mundo como mujer?
Definitivamente ha sido un mundo dominado por hombres, lo que está cambiando es que ya no estamos intentando ajustarnos a un papel predefinido, sino ampliar lo que ese papel puede ser.
Para mí no se trata de probar que pertenezco, sino de sentirme cómoda ocupando espacio a mi manera, ya sea a través de la narrativa, de una perspectiva propia o simplemente de la presencia. El cambio no siempre proviene de grandes declaraciones, a veces tiene que ver con la constancia: estar ahí, hacerse visible y hacer las cosas de forma distinta con el tiempo.
¿Crees que las nuevas generaciones de hombres, incluidos los de Fórmula 1, como Max Verstappen, están redefiniendo lo que significa el apoyo y la igualdad en una relación?
Creo que las relaciones están evolucionando de manera muy positiva; hay más apertura, más compañerismo y más respeto mutuo. El apoyo se ve distinto hoy: importa menos cumplir roles fijos y más estar ahí el uno para el otro de forma genuina y constante.
En entornos como la Fórmula 1, donde todo es tan intenso, ese tipo de equilibrio se vuelve todavía más importante. Se trata de entender el mundo del otro, pero también de ayudarse mutuamente a mantener los pies en la tierra.
¿Cómo aparecen en tu forma de maternar las conversaciones sobre el lugar de las mujeres, la identidad y otros temas?
La maternidad cambia por completo tu perspectiva, te hace más consciente del mundo al que tus hijos están entrando y de los valores que quieres transmitirles. Quiero que mis hijas sientan que no tienen que limitarse ni ajustarse a expectativas ajenas. Al mismo tiempo, quiero que entiendan la empatía: que no todas las personas tienen las mismas oportunidades y que la bondad importa.
La confianza es importante, pero también lo es la conciencia; la combinación de ambas es lo que realmente genera impacto.
¿Sientes una responsabilidad, dada tu plataforma y tu legado familiar, de empujar ciertos cambios?
Sí, de una forma muy real. La visibilidad implica responsabilidad, y creo que es importante ejercerla con conciencia. Para mí, se trata de poner sobre la mesa conversaciones que importan, apoyar iniciativas que generen oportunidades para las mujeres y mostrar que no existe una única forma de pertenecer.
¿En qué tipo de mundo te gustaría que crecieran tus hijas?
Espero que crezcan en uno donde sus posibilidades no estén definidas por expectativas ajenas; donde se sientan libres de explorar, asumir riesgos y definir el éxito a su manera. El progreso existe, pero sigue en proceso. Si nuestra generación logra hacer las cosas un poco más abiertas y un poco más equilibradas, eso ya sería significativo.
hc