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El documental Horizontes perdidos invita a cuestionar el costo de conquistar el futuro

El director Julien Elie retrata el impacto ambiental de la carrera espacial y la normalización de las pérdidas con un documental distópico que deja más preguntas que respuestas

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Durante la presentación del documental Horizontes perdidos (Shifting Baselines), en la Cineteca Nacional, el director canadiense Julien Elie explicó cómo su documental plantea un contraste sobre el capitalismo contemporáneo, la devastación ambiental y la manera en que la promesa de conquistar otros mundos puede hacer olvidar los problemas que ya enfrenta la Tierra.

La presentación del documental en la Cineteca Nacional de la CDMX fue organizada por la distribuidora Artegios. En ella, Elie agradeció la recepción de su obra en México, país donde tres de sus largometrajes han encontrado espacio en la programación de este recinto.

"Quiero agradecer a todo el equipo, y también un agradecimiento especial a la Cineteca Nacional de México, es mi tercera película proyectada aquí, en esta institución tan importante para el público, para los cineastas y la comunidad", expresó.

El documental es el quinto en la filmografía del director después de El que sabía demasiado, sobre el asesinato del ex primer ministro de Ruanda en 2001; La Última Cena, sobre los prisioneros condenados a muerte en Texas en 2003; Soles Negros, 15 años después, sobre las desapariciones y la violencia en México en 2018, y La guardia blanca, que hablaba sobre la violencia contra los activistas del medio ambiente aquí en México.

Elie ha explorado temas relacionados con la violencia, la justicia y las distintas formas del poder. Ahora, retrata Boca Chica, Texas, donde el crecimiento de la industria espacial sirve como punto de partida para hablar de una nueva forma de apropiación de territorios, así como del contraste entre la llegada de la humanidad para habitar otros planetas y lo que eso implica para el que ya se habita.

"Ya no se trata solamente de colonizar territorios o recursos naturales, sino también de colonizar nuestras esperanzas y nuestros sueños", resumió Nicolás Ruiz, crítico de cine, antes de la proyección.

Durante la conversación con periodistas, el director explicó que detrás del discurso sobre la colonización de Marte existe un objetivo mucho más inmediato: "No están trabajando por un futuro; están trabajando por el presente. Quieren dominar las comunicaciones, los satélites y el espacio que ya forma parte de nuestra vida cotidiana."

El paisaje de una distopía real

En el largometraje, uno de los aspectos que más llama la atención es su paisaje casi sacado de una película de ciencia ficción y su ambiente sonoro, que refleja un estado de exaltación surreal.

El director recordó que, tras conducir durante varias horas desde el aeropuerto, llegó a un paisaje que parecía salido de una película de ciencia ficción. Lejos de construir artificialmente esa atmósfera, explicó que el propio entorno ofrecía imágenes capaces de generar una sensación de extrañeza: enormes torres metálicas, playas intervenidas, aves desplazadas por el ruido de los lanzamientos y una comunidad transformada por el crecimiento de la industria espacial.

Incluso reveló que Boca Chica dejó de existir como comunidad: "Como cineasta fue un regalo. Llegué y el escenario ya estaba construido. Era un mundo completamente distópico. Ahora se llama Starbase. Ya prácticamente no vive la gente que aparece en la película; son empleados de SpaceX y el lugar ha crecido enormemente."

Mientras tanto, el diseño sonoro está pensado desde la concepción del documental y de alguna secuencia como elemento principal, el impacto que genera es el de una atmósfera apocalíptica. Uno de los responsables de esto fue Sylvain Bellemare, ganador del Oscar a Mejor Edición de Sonido en 2017 por la película Arrival.

El costo de acostumbrarse a perder

El concepto y título de la película: Shifting Baselines es el espíritu que atraviesa el filme, la teoría que describe cómo cada generación termina aceptando como normal un mundo ambientalmente más degradado que el anterior. Algo que no ocurre de golpe, sino lentamente, mientras las personas se acostumbran a nuevas normalidades.

El cineasta recurrió a ejemplos cotidianos para ilustrarlo: los parabrisas de los automóviles que antes terminaban cubiertos de insectos durante los viajes por carretera, las nevadas que dejaron de ser habituales en Canadá o la desaparición gradual de especies que alguna vez formaron parte del paisaje.

La esperanza también puede ser peligrosa

“Detrás de este proyecto que nos presenta ir a otro planeta, hay mucho más que la conquista de otros territorios, no están trabajando por un futuro. Están trabajando por ahora mismo, porque saben que si hay futuro en el espacio y en otro planeta, ellos quieren dominar las comunicaciones o satélites… lo que realmente me preocupa es la ausencia de cuestionamientos”, reflexionó el director.

Con Horizontes perdidos, el director canadiense no propone una película sobre cohetes, sino sobre las decisiones que están moldeando el futuro del planeta, logrando una conversación que trasciende el cine y coloca en el centro una pregunta incómoda: ¿qué estamos perdiendo mientras dirigimos la mirada hacia las estrellas?


​GCM

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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