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Jueves , 25.04.2019 / 23:50 Hoy

Chofer de Ferrari, mi trabajo perfecto: Luis Apperti

Entrevistas MILENIO

El presidente del Consejo de Administración de MG Polímeros, cuenta de su amor por la escudería del cavallino rampante, fomentado por sus raíces italianas.
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El deporte motor y Luis Apperti Llovet tienen un vínculo de toda la vida, que se dio de joven cuando conoció la velocidad con una motocicleta; pero fue con la marca Ferrari donde pasó a un cariño que no tiene comparación para el empresario, adoptado por convicción por Tampico. 

Su oficina es la muestra de ese amor por la escudería del “cavallino rampante”, fomentado por sus raíces italianas y donde daría todo para trabajar con ellos. 

Presume una gran foto con el piloto alemán Michael Schumacher, siete veces campeón del mundo. Eso lo combina con la lectura, su dedicación a la familia en sus ratos libres y la música. 

Le gustan mucho los carros; ¿cómo nació ese interés por el automovilismo? Es una pregunta interesantísima, yo mismo me la he hecho varias veces, y hasta que encontré a mi familia en Italia entendí el por qué.

Mis tíos, mi padre mismo era muy aficionado a la velocidad en general y a las motocicletas; ese amor me nació cuando llegué a Tampico por 1965, donde viví todo lo del 68. 

Tenía 15 años, mi primer trabajo fue en el local Motomecánica Universal de Jaime Martínez Chang, ubicado en la calle Tamaulipas, era ayudante del ayudante del mecánico y solo había motos.

Desde ahí empezó una obsesión, he viajado por todo México, Canadá y Centroamérica también en motocicleta.

Después, recuerdo que mi hermano me llevó al Autódromo Hermanos Rodríguez a los 6 años; una imagen que tengo bien grabada es que pasamos por un túnel medio obscuro para cruzar la pista.

Había un olor que yo no identificaba pero era muy grato; cuando salimos de ese túnel había una nube de humo y al disiparse veo a un piloto en un coche rojo con un casco de metal y cuero. Resulta que era Ricardo Rodríguez, lo supe años después y ese olor era gasolina y de llantas quemadas al patinar. 

Ahí creció este vicio y el automovilismo desde entonces es parte de mi vida, corrí en varias pistas, cuarto de milla en la frontera.

Mi sueño se consolida la primera vez que fui a un premio de Fórmula Uno, en 1999 en Monza, la casa de Ferrari; en el 2000 visité la fábrica.

Mi amor por la marca y la pasión de Enzo Ferrari la llevo en las venas.

¿Qué tan comparable con otros aspectos de su vida es esa pasión?

Es un deporte al final de cuentas; así como la gente no se explica cómo alguien sufre o se emociona por su equipo favorito de futbol, en el automovilismo es igual.

El día que Ferrari pierde se sufre y el día que gana es una enorme fiesta, es parte de una identidad en Italia, identidad nacional.

Tuve oportunidad de visitarla 3 veces la fábrica; la gente no se pone un uniforme para trabajar, se pone la piel de Ferrari, es impresionante.

¿Cómo estar en contacto con el automovilismo de una ciudad que ha tenido otro tipo de aficiones deportivas?

A pesar de lo que se piense aquí ha habido mucha afición por el automovilismo, tuvimos un par de carreras de circuitos y cuarto de milla, no tan afortunadas, porque nunca le hemos dedicado un espacio de infraestructura, pero con la televisión es muy fácil seguirlo.

Yo lo veo sea de madrugada o muy temprano los domingos, lo sigo en mi app en cualquier parte del mundo, nunca me lo pierdo.

Soy como dicen parte de los “tifosos” de Ferrari, el día de la carrera me pongo mi camiseta.

Mi trabajo perfecto sería ser chofer de uno de los tráilers de Fórmula Uno o mecánico en uno de los pits, siguiendo todos los circuitos, 20 o 21 carreras todo el año, aunque no me pagaran lo haría.

Cuando llegó a Tampico, ¿cómo era? 

Teníamos el Tampico que todos anhelamos, que extrañamos, porque trabajamos con mucha libertad, con mucha diversión, con gente muy comprometida y muy cariñosa con los foráneos. 

Llegué de la Ciudad de México y he hecho mis amigos, una familia; hoy que me preguntan de dónde eres, yo orgullosamente digo que soy de Tampico.

Los buenos amigos son los hermanos que tú escogiste, porque al amigo lo puedes escoger y a la familia no, entonces son tesoros que hay que cuidar.

Esta tierra maravillosa nos ha entregado y por eso trabajamos con tanto entusiasmo todos los días.

Hay proyectos significativos como el 500x5 donde participó MILENIO, son de las grandes cosas que hacemos por esta ciudad.

Usted es una persona que viaja mucho; cuando está en casa, ¿qué actividades hace?

Convivir con la familia y los amigos, es muy común sábado y domingo pasarla en casa, las carnes asadas, las mariscadas no faltan.

Cada vez que hay oportunidad viene mi hija, vive en Estados Unidos por su trabajo.

¿A qué persona admira más y por qué?

Hay una admiración impresionante por mi madre, murió cuando yo tenía 15 años y mi padre cuando yo tenía escasos 2 años, no lo conocí de hecho y mi madre tuvo que enfrentar una vida de madre soltera con un hijo de 9 años, mi hermano mayor y conmigo, sin nada, mi padre era un inmigrante italiano. 

Recuerdo que una vez la llevé en motocicleta a Pueblo Viejo, fue maravilloso. Otra persona que es un pilar para mí y lo quiero mucho, es mi hermano, clavadista de La Quebrada.

Don Alejandro Valdez Duterot de Reynosa, lo recuerdo con mucho cariño, falleció hace unos años y hasta el último día de su vida estuvimos en contacto. 

Mis maestros Clementino Terán Álvarez, Horacio Varela, David Gómez, son mis amigos hoy. 


ELGH

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