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Sábado , 23.02.2019 / 14:56 Hoy

Adrère Amellal, un oasis de calma en Egipto

Viajes

Un ecolodge mágico en el desierto occidental de Egipto.
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Nuestra caravana de una docena de camionetas 4x4 se detuvo en la cima de una duna de arena cerca del Oasis de Siwa, y los conductores nos dijeron que nos bajáramos. El sol acababa de ponerse y el cielo estaba lleno de estrellas. Cuando nuestro desconcertado grupo de 70 personas avanzó unos pasos para ver hacia abajo en el borde de la duna, vimos un elegante escenario de mesas con velas dispuestas en el suelo del desierto y rodeadas de antorchas encendidas. Las bebidas estaban listas en un bar improvisado, a las que le seguiría una comida de berenjena ahumada, codorniz asada en almíbar de granada y un postre de calabaza al horno. 

Nuestro anfitrión fue Mounir Neamatalla, propietario de un ecolodge en Siwa que lleva el nombre de Adrère Amellal. Él invitó a un grupo de embajadores de Francia, Suecia, Bélgica, Singapur y Corea del Sur, para demostrar que Siwa es seguro, aunque esté a solo 90 kilómetros de la frontera con Libia, un país sin ley. Quiere que los gobiernos reconsideren las advertencias a sus ciudadanos: la Oficina de Relaciones Exteriores del Reino Unido, por ejemplo, no aconseja viajar a la región, a menos que sea necesario. El Departamento de Estado de EU dice que sus ciudadanos no deben viajar a ningún lugar del desierto occidental de Egipto.

 Sentado en un palmar en su hotel al borde de uno de los lagos salados de Siwa, Neamatalla argumenta que es “injusto” privar al oasis de visitantes porque está cerca de Libia incluso cuando ha sido pacífico hasta la fecha. “Si dejas sin apoyo a los lugareños, tendrán que pensar en otro medio para ganarse la vida”, dice. “Por eso debemos tomar medidas preventivas en lugar de esperar que las cosas se desmoronen y luego pensar en medidas de mitigación. Sin el turismo entregas a la gente a otra industria; podría ser el de contrabando o el terrorismo”. 

Adrère Amellal significa montaña blanca en lengua bereber y se refiere al enorme acantilado de piedra caliza bajo el cual se asienta el hotel. Construido en 2000 con el material local utilizado en el oasis durante siglos y conocido como kershef –una mezcla de sal de roca y arcilla– el hotel de color tierra parece ser casi una saliente orgánica de su entorno. 

Su diseño desafía la descripción fácil: grupos de edificios, algunos cuadrados, algunos redondos, se encuentran por separado o agrupados, conectados por pasillos, terrazas y escaleras. Neamatalla dice que se inspiró en Shali, el antiguo pueblo en ruinas que se encuentra en medio del oasis. Cuando se le pidió que diera el nombre del arquitecto del hotel, solo dijo que fue diseñado por “los espíritus que protegen la montaña”. 

Para minimizar su impacto en el entorno, Adrère Amellal no tiene electricidad y depende del agua de uno de los 200 manantiales del oasis. Los interiores son sencillos y cómodos, con sillas de hojas de palmera, y camas y mesitas de noche talladas en roca de sal. Neamatalla dice que la capacidad del manantial limita el tamaño del hotel a 50 habitaciones. Por razones ambientales se opone a la excavación de pozos para ampliar el suministro de agua y acomodar a más personas porque eso aceleraría el agotamiento de la reserva de agua subterránea. 

No hay cerraduras ni llaves en las puertas, una característica que mejora la sensación amigable del lugar. El personal llega cuando los huéspedes salen de sus habitaciones para apagar las velas y reemplazar las que se consumieron. Los que estaban conectados a sus teléfonos móviles tuvieron que racionar su uso para ahorrar la energía de la batería.

 Más allá del hotel, que ofrece la posibilidad de nadar en su piscina con agua de manantial o en el lago salado, Siwa ofrece muchas atracciones. La principal es Shali, la fortaleza en ruinas que se remonta al siglo XII. 

Además de las antigüedades, la gran atracción de Siwa es el Gran Mar de Arena que se extiende hasta Libia. Nada es más estimulante que un viaje en un vehículo 4x4 que sube por una duna empinada, se balancea en la cresta y luego baja por la pendiente en el otro lado. 

Entonces, ¿los turistas volverán a Siwa después de esta visita de alto perfil? Sin duda es la esperanza de Neamatalla. Es posible que se requiera más que las impresiones de los diplomáticos en un fin de semana divertido para que los gobiernos modifiquen sus advertencias de viaje. Mientras tanto, Siwa permanece como un destino increíble, con pocos visitantes, lo que permite probar sus atracciones en paz y tranquilidad.


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