Vivir de la muerte... y trabajar para ella

Rogelio ha trabajado cerca de la muerte por mucho tiempo, tanto que ya no lo ve como algo extraño.

"La muerte es el fin de todo, el fin que todos tenemos", así la describió Rogelio Cruz, quien desde hace 42 años es sepulturero en el panteón San Nicolás en León, el cual data del año 1899.

Rogelio ha trabajado cerca de la muerte por mucho tiempo, tanto que ya no lo ve como algo extraño, entre algunas de las historias que más recuerda es la de un bebe que se iba a enterrar vivo.

"Cuando llegaron los familiares, llegaron con la cajita y cuando mi compañero bajó la caja para enterrarlo el niño lloró, la gente sacó la caja y sacaron al niño, se lo llevaron al hospital, sin embargo, el niño murió horas después, debido a que no recibió la atención a tiempo ni la adecuada", dijo.

Rogelio ha pasado casi la mitad de su vida en el cementerio y aunque recuerda lo complicado que fue para él iniciar con un trabajo que implicaría tener a la muerte tan de cerca, en lo único que pensaba era en su familia, en tener un trabajo estable.

"Cuando vine tenía temor y luego luego me pusieron a sacar un cuerpo, yo veía el ataúd y cuando lo abrí estaba lleno de agua, mi compañero me decía que sacara los restos de entre el agua, en ese tiempo no había guantes y tuve que hacerlo, sentía feo", dice.

Rogelio llegó a derramar lágrimas, pues se sensibilizaba ante la desgracia de algunos, sin embargo, con el tiempo eso acabo y más que sensibilizarse entendió la realidad de la vida, "veo diario la muerte", finalizó.

Tomás Álvarez, quien lleva décadas siendo embalsamador, comenta que su primer experiencia de estar cerca de la muerte fue desde los 10 años de edad, cuando inició a trabajar en una funeraria de León, en donde desde ese entonces quedó fascinado con la labor y fue entonces que decidió estudiar.

Comentó que lo más complicado para realizar su trabajo de embalsamador es cuando los cuerpos vienen destazados o les hace falta alguna parte de su cuerpo.

"Una vez llego un cuerpo de la sierra de lobos que literalmente no sabíamos ni donde era cabeza, yo no tengo ningún problema para embalsamar cuerpos".

Su trabajo, según informó para MILENIO, le lleva de 1:30 hasta 4:00 horas, dependiendo el el caso, "limpio el cuerpo, saco las tripas las lavo, desangro el cuerpo, las hecho en una bolsa con el debido formato que le pongo para que no huela, lo mismo de la cabeza".

"Me gustó y lo que más me gusta lo hago y por eso hice mi negocio..." finalizó.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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