A pesar de los trágicos atropellamientos masivos y brotes de violencia registrados en distintas entidades de la República durante las celebraciones por las victorias de la Selección Mexicana en el Mundial 2026, en el estado de Guerrero los festejos callejeros continúan desarrollándose bajo dinámicas de alta peligrosidad, caracterizadas por el cerco hostil a vehículos en movimiento, el consumo desmedido de alcohol y conductas que vulneran la integridad de los asistentes.
A nivel nacional, el saldo del fervor futbolístico ya reporta incidentes de gravedad. El escenario más crítico aconteció en Cabo San Lucas, Baja California Sur, donde un automovilista embistió a una muchedumbre que bloqueaba la vialidad, dejando un saldo de 17 personas lesionadas; posteriormente, el conductor perdió la vida a consecuencia de la golpiza que le propinaron los propios civiles. Asimismo, en el estado de Chihuahua se documentó un atropellamiento múltiple cuando una camioneta arrolló a un grupo de aficionados instalados en una glorieta, dejando múltiples heridos.
Ignorando estos antecedentes de riesgo, la noche de este martes 30 de junio de 2026, las ciudades de Chilpancingo e Iguala repitieron conductas similares. Las inmediaciones del monumento a Las Banderas sirvieron como punto de reunión para cientos de personas que celebraron el pase matemático del Tricolor a los octavos de final.
Conatos de bronca y vehículos vandalizados
Durante el clímax de la aglomeración en la capital del estado, un tripulante y dos mujeres que viajaban a bordo de una motocicleta cayeron de forma estrepitosa al ser derribados indirectamente por los empujones de la multitud.
Momentos después, una camioneta particular se vio obligada a abrirse paso a alta velocidad entre el contingente para evitar continuar siendo retenida por los civiles, generando instantes de pánico.
De acuerdo con las bitácoras de campo, previamente un grupo de manifestantes cubrió por completo con espuma en aerosol el parabrisas de otra camioneta, nulificando la visibilidad del operador. Ante la falta de control visual, la unidad avanzó momentáneamente sobre la acera peatonal.
Tras el impacto contra la banqueta, un sector de los asistentes comenzó a corear consignas de linchamiento al grito de "¡Vergüencenlo, vergüencenlo!".
Acto seguido, decenas de jóvenes cercaron nuevamente la unidad y comenzaron a propinarle patadas y puñetazos a la carrocería, destrozando el parabrisas y las ventanas laterales.
El incidente extendió el estado de vulnerabilidad para las familias y menores que permanecían aglutinados en los márgenes de la zona de conflicto.
En el perímetro también se hizo evidente el consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública y el olor a marihuana entre los congregados, factores que catalizaron los disturbios viales.
Antecedentes de uso de la fuerza pública
La problemática del comportamiento de las barras de aficionados en el monumento a Las Banderas no es nueva para las corporaciones policiales de Guerrero. Los mismos colonos reportaron que las conductas de inhabilitar la vista de los choferes arrojándoles espumas y líquidos a los ojos y cristales se han vuelto recurrentes.
Cabe recordar que apenas en el partido anterior del certamen mundialista, elementos de la Policía Estatal y Municipal tuvieron que accionar cartuchos de gas lacrimógeno para dispersar a la multitud congregada en este mismo punto de Chilpancingo, luego de que las celebraciones derivaran en agresiones directas contra las autoridades y despojo de bienes a transeúntes.