Hay sonidos que forman parte de la memoria de una región y se convierten en tradición. En La Laguna, uno de ellos es el silbido de los carritos de camotes, un llamado que cada vez se escucha menos por las calles, pero que todavía consigue sacar a las familias de sus casas para comprar un platito de este tradicional dulce.
En las colonias del sur de Torreón, don Benito y doña Alicia mantienen viva esta costumbre. Desde hace 27 años recorren diferentes sectores con un carrito traído de la Ciudad de México, en el que el vapor, la leña de mezquite y el dulce aroma del camote anuncian su llegada.
Noé Benítez, a quien prácticamente todos sus clientes conocen como don Benito, recuerda que este trayecto comenzó hace casi tres décadas, cuando decidió apostar por la venta de camotes como una manera de obtener un ingreso extra.
"Ya tenemos 27 años vendiendo", declaró a MILENIO, mientras explicaba que el característico carrito fue fabricado en la Ciudad de México y enviado hasta tierras laguneras.
El funcionamiento conserva buena parte de su esencia. Desde temprano, en casa preparan los camotes y les dan una cocción previa; después los acomodan en el carrito, donde una cama de leña mantiene el calor necesario para terminar de cocinarlos y conservarlos a punto para servirlos con la receta familiar.
El silbido se produce con el vapor generado por el agua que se calienta en el recipiente. Es un sonido inconfundible que se convierte en su principal anuncio ambulante.
Aunque salen a trabajar durante todo el año, hay temporadas en las que el negocio camina más rápido. Octubre, noviembre y diciembre son los meses en que las ventas aumentan gracias al frío, por lo que deben comprar mayores cantidades de camote en la Central de Abastos de Torreón.
Doña Alicia, quien acompaña a Benito en esta labor, también conoce bien las particularidades de este producto. Explica que el color y la apariencia del camote dependen de su lugar de procedencia: algunos son morados y otros tienen tonalidades más claras, casi como las de una papa.
Don Benito explicó que también consiguen producto procedente de Chihuahua, mientras que otras variedades llegan de estados como Zacatecas y Jalisco.
Pero, si algo tienen claro, es que, sin importar su color, el secreto está en la preparación y en acompañarlo con los ingredientes adecuados.
De los 10 pesos a los 70 por platito
El tiempo también se refleja en los precios. Cuando Benito comenzó a vender, un platito costaba entre 10 y 15 pesos. Hoy, dependiendo de la cantidad, los ofrece entre 60 y 70 pesos.
"Pues nosotros empezamos a vender que como a 10 pesos, 15 pesos", recordó al comparar aquellos primeros años con los precios actuales.
Sin embargo, el aumento no ha terminado con el gusto de los laguneros. Aunque reconoce que ahora las ventas pueden ser más espaciadas, asegura que todavía hay quienes esperan escuchar el silbido para salir por su porción.
Y es que el carrito no solamente vende un postre: también conserva una relación de años con sus clientes. Hay familias a las que conocen desde hace mucho tiempo, algunas desde que sus hijos eran pequeños, y ahora son los nietos quienes se acercan a comprar.
"A veces están las mamás embarazadas y así alivian. Y ya después el bebé sale y compra. Ya de cinco años salen a comprar otra vez", comentó Benito al recordar cómo algunos clientes han crecido prácticamente junto con su negocio.
Un recorrido que cambia de colonia en colonia
El sur de Torreón es su principal territorio, aunque no tienen una ruta fija. La Línea Verde, Las Julietas, Eduardo Guerra, Fuentes, Las Dalias y División del Norte son algunos de los sectores por donde acostumbran pasar.
También se desplazan hacia el centro, la zona del panteón y la colonia Santiago Ramírez, además de acercarse a los lugares donde se realizan las danzas tradicionales durante la temporada decembrina.
Cada día el recorrido cambia, pero el propósito es el mismo: hacer sonar el carrito y esperar que alguien reconozca ese silbido que anuncia una porción de camote recién preparado.
Aunque también llegan a ofrecer calabaza y plátano macho cocidos al vapor, el favorito de los consumidores sigue siendo el camote, que se sirve acompañado de leche condensada, miel o una combinación de ambas.
En una época en la que los alimentos preparados y los antojos se ofrecen cada vez más mediante aplicaciones y establecimientos comerciales, Benito y Alicia continúan apostando por una forma de venta tradicional que depende de caminar por las calles y hacerse escuchar.
Son de los pocos camoteros que todavía recorren La Laguna, pero, mientras haya clientes que abran la puerta al escuchar el silbido, el carrito seguirá avanzando.
Porque en Torreón todavía hay tradiciones que no necesitan anuncios, publicidad ni redes sociales, ni siquiera un grito de venta: basta con escuchar a lo lejos ese peculiar silbido para saber que el camotero está cerca y que, por unos pesos, también se puede comprar un pedacito de nostalgia.
cale