La Laguna es una de las regiones donde la sandía y el melón forman parte de la vida cotidiana. Durante la temporada de cosecha, es común encontrar estas frutas en esquinas, mercados, tianguis y supermercados a precios accesibles para prácticamente cualquier bolsillo. Sin embargo, detrás de esa aparente abundancia se esconde una realidad poco conocida: mientras en países como Corea del Sur una sola sandía puede costar hasta 450 pesos, los productores laguneros apenas logran recuperar una parte de la inversión realizada para cultivarlas.
Esta comparativa surge de la experiencia de Elizabeth Juárez, una lagunera que desde hace cuatro años reside en Seul, Corea del Sur y que constantemente comenta con sus conocidos asiáticos la calidad y el sabor de las frutas que se producen en la Comarca Lagunera.
“Estando acá siempre les cuento que allá en La Laguna las sandías y los melones son muy baratos y muy deliciosos” declaró a MILENIO.
Desde el otro lado del mundo, Elizabeth asegura que el costo de estos productos en Corea resulta sorprendente para cualquier mexicano acostumbrado a los precios de la región.
“Es bastante caro. Hay una página donde todos los coreanos compran, son precios que siempre cambian pero son muy altos”.
De acuerdo con la lagunera, una sandía de tamaño pequeño puede alcanzar los 38 mil wones, moneda oficial de Corea del Sur, lo que equivale aproximadamente a 450 pesos mexicanos.
La diferencia se vuelve todavía más marcada cuando se trata de frutas comercializadas en centros comerciales de alta gama.
“Hay algunos centros comerciales donde también venden frutas y ahí sí los precios están ridículamente impresionantes. Las frutas que venden en algunos centros comerciales son más gourmet, más para dar un regalo, y por eso son tan carísimas”.
Productores enfrentan crisis por desplome en el precio
En contraste, para los consumidores laguneros la sandía continúa siendo un producto económico, pero para quienes la siembran y cosechan la situación es cada vez más complicada.
Samuel Martínez, líder de la Confederación Nacional Campesina (CNC) en Lerdo, advirtió que decenas de productores atraviesan una crisis económica debido al desplome en los precios de comercialización.
Explicó que actualmente el kilogramo de sandía se está pagando alrededor de 1.50 pesos, una cifra que deja márgenes mínimos para los agricultores.
“Desafortunadamente el precio está muy bajo. No representa utilidad para el productor, apenas se recupera una parte de lo invertido”.
Aunque el costo de producción ronda los 50 centavos por kilogramo, los gastos relacionados con mano de obra, transporte, comercialización y otros insumos terminan reduciendo significativamente cualquier posibilidad de ganancia.
El dirigente campesino explicó que la problemática se ha agravado debido a una sobreproducción registrada en distintas regiones del país, situación que saturó el mercado nacional y provocó una caída generalizada en los precios.
“La oferta fue mucho mayor que la demanda y eso terminó afectando directamente a los productores".
Ante este escenario, la CNC gestionó apoyos ante el gobierno municipal de Lerdo para respaldar a los agricultores afectados.
Como resultado, se elaboró un censo que permitió identificar a 26 productores que recibirán un apoyo económico de tres mil pesos cada uno.
Martínez reconoció que el recurso es insuficiente para compensar las pérdidas acumuladas durante la temporada, aunque consideró que puede representar un alivio para algunas familias que dependen completamente de esta actividad agrícola.
Del productor al consumidor: el precio se multiplica
La diferencia entre lo que recibe el agricultor y lo que paga el consumidor final también evidencia la presencia de intermediarios en la cadena de comercialización.
En diversos puntos de la región es común encontrar vendedores ambulantes que ofrecen sandías directamente desde camionetas estacionadas en calles y avenidas.
Uno de ellos es don Raúl, quien no quizo dar su apellido pero aseguró que compra cargamentos completos por camión para posteriormente vender la fruta por pieza.
Aunque prefirió no revelar cuánto paga por la mercancía, explicó que su negocio consiste en comercializar las sandías "al tanteo", estableciendo el precio según el tamaño de cada ejemplar.
“Una sandía pequeña puede ser de entre 40 y 50 pesos, y tengo de todos los precios hasta de 100”, comentó.
Su dinámica de trabajo es sencilla: busca espacios donde exista afluencia de personas, estaciona su camioneta y permanece ahí hasta concluir la venta o hasta que lo corran.
“Nunca tengo un lugar fijo. Me pongo donde hay oportunidad y si no me dicen nada ahí me quedo”.
No obstante, reconoció que este año las ventas han sido más difíciles debido a la gran cantidad de comerciantes que ofrecen el mismo producto.
“Ha estado flojo porque ya todos venden sandía y melón, y todos la quieren barata”.
En supermercados de cadenas nacionales establecidos en la región, el precio por kilogramo oscila entre los 8 y los 15 pesos, dependiendo de la temporada, la calidad y la presentación del producto, lo que puede elevar considerablemente el costo de una pieza completa.
Un llamado a valorar el trabajo del campo
Para Elizabeth Juárez, la comparación entre los precios de Corea del Sur y los de La Laguna no solo sirve para dimensionar el valor comercial de la fruta, sino también para reflexionar sobre el esfuerzo que existe detrás de cada cosecha.
Desde el país asiático observa con nostalgia la abundancia de productos que caracterizan a la región lagunera y considera que muchas veces los consumidores no son conscientes del trabajo que implica producirlos.
Por ello, hizo un llamado a los habitantes de la Comarca Lagunera para disfrutar de las sandías y melones que distinguen a la región, pero también para reconocer el esfuerzo de los campesinos que hacen posible que lleguen a las mesas.
Mientras en Corea una sola sandía puede alcanzar precios cercanos a los 450 pesos y convertirse incluso en un artículo de regalo, en La Laguna miles de toneladas se comercializan cada temporada a precios bajos, donde los productores continúan siendo el eslabón más vulnerable de una cadena donde, muchas veces, quienes cultivan la tierra son quienes menos ganan.
cale