Geny Margarita Gio resiste. “Estuvieron viniendo y les dije ‘no estoy interesada, no quiero vender’”, dice sobre la insistencia de quienes la buscaban para ofrecerle dinero por su casa.
Su vivienda, que construyó hace más de 30 años, de una sola planta, en la colonia Zazil-Ha, en el centro de Playa del Carmen, Quintana Roo, ha quedado rodeada de nuevos condominios de lujo, que se edificaron en los predios de sus vecinos que no resistieron a las ofertas de los desarrolladores inmobiliarios.
Pero esas construcciones ahora afectan la apacible vida que Geny Margarita tenía antes del boom de departamentos para extranjeros.
Por ejemplo, antes le entraba la brisa del mar, que está a tres cuadras. Ahora, esos edificios le taparon las corrientes de aire y hasta la señal de internet.
“Si estoy dentro de la casa, no recibo las llamadas, tiene que ser nada más por WhatsApp y solo en lo que es sala-comedor, porque si me voy a mis recámaras de atrás, las llamadas se van a buzón”, reclama.
“Son construcciones de hasta cinco niveles y eso nos afecta”, explica.
A unas cuadras, Efraín Lugo también resiste, pese a que junto a su casa, hay una excavación para construir los cimientos de un nuevo edificio. Además de que hace tiempo se cayeron los azulejos de su baño por la vibración, el ruido del taladro industrial es incesante.
“Si me dicen ‘¿dónde vives?’, les digo ‘yo vivo en la colonia Zazil-Ha, pero no te pierdes, mira, tú llegas, hay un montón de edificios y la única casa chiquitita”, dice irónicamente sobre la nueva fisonomía de su colonia, que él fundó hace más de tres décadas.
“Era puro monte. Venía en mi bicicletita y era todo felicidad. Veíamos las estrellas, escuchabas el mar. Era un paraíso. Te metías al agua y había peces alrededor, una chulada. A mi hija, la llevaba para que aprendiera a caminar en la playa. Éramos los reyes, los dueños”, recuerda con nostalgia, pero afirma que no se irá, pese a la presión.
“La señora de aquí junto ya va a vender, porque pues, sí, lo primero que se te mete, emocionalmente, es que ya están vendiendo todos. Se siente raro. Pero no, somos mexicanos, está es nuestra casa. Ellos (los extranjeros) vinieron”, afirma.
La nueva estampa es ver edificios de lujo en proceso de construcción casi en cada esquina, junto a las antiguas y humildes casas del barrio, y en los ya acabados, ver a extranjeros semidesnudos, hablando por teléfono y asoleándose en las azoteas, ahora conocidas como ‘roof gardens’, con alberca.
Entre 2020 y 2025, en Playa del Carmen se autorizaron mil 872 nuevas construcciones, es decir, 26 nuevos edificios cada mes, según datos de la Plataforma Nacional de Transparencia. La localidad pasó de tener 15 mil habitantes en el año 2000 a 430 mil en 2025.
En los últimos años, el boom inmobiliario alcanzó ya la zona histórica. Los predios de las colonias Zazil-Ha y Luis Donaldo Colosio, los barrios más antiguos, que tienen la particularidad y belleza de que desembocan en el mar, están en la mira de revendedores, de desarrolladores inmobiliarios y de extranjeros ávidos de adquirir los nuevos condominios que se construyen en esa zona.

Una zona codiciada
Para Manuel Barrero, presidente del Colegio de Arquitectos de la Riviera Maya, los predios de mayor antigüedad de Playa del Carmen, cercanos al Mar Caribe, son muy codiciados.
“Siempre ha sido una zona de alta deseabilidad. Es la única ciudad del estado que prácticamente está sobre el mar. Todas las calles desembocan al mar. Eso significa que, si tú haces una casa en esta zona del centro, tienes todo el acceso directo a la playa”, explica.
“Aquí la problemática es que se da el fenómeno del mercado inmobiliario y en el mercado inmobiliario, tú sabes que el alza de precios de los terrenos fue un juego que se dio y empieza a darse el proceso de gentrificación”, explica Barrero.
No todos los antiguos habitantes han resistido a la presión inmobiliaria. Muchas manzanas ya se vendieron completamente y otras, están en ese proceso. Además, se pueden ver muchas casas con letreros de “Se vende”.
Marco Zavala, habitante de la colonia Luis Donaldo Colosio, da un ejemplo: “cada manzana tiene 20 lotes; de estos 20 lotes, nada más sobran, en esta manzana, siete; de esos siete, tres personas no quieren vender y los demás estamos vendiendo. ¿Por qué? Pues porque ya nos viene absorbiendo la edificación”.
El problema, dice Geny Margarita, son los montos que aceptaron algunos vecinos.
“Nadie pensaba vender, pero llegaban estas personas y te insistían. Te decían ‘un millón y medio’ y la gente dijo ‘sí, sí vendo, sí vendo’. Y así vendió uno, vendió dos. Cuando nos dimos cuenta, ya casi todos los vecinos vendieron”.
Zavala no quiere caer en eso, pero no le aceptan el precio que él pide.
“Han comprado como han querido. Y la gente ve dos millones y venden, pero nos estamos dando cuenta de que esto ya no vale eso”, comenta.
Erwin Rebollo, su vecino, que también resiste, platica una de las modalidades en que personas extrañas se acercan para comprar.
“Como que mandan a alguien, mandan a un viejito y te dice ‘oye, es que mira, ya no voy a trabajar, me voy a jubilar, y me gustaría un terrenito por aquí’”, detalla.
Sin embargo, él y su padre están convencidos de que no venderán.
“Mi papá, dijo ‘¿por qué me voy a ir lejísimos, a kilómetros del mar, cuando literalmente, gente paga muchísimo dinero para venir acá cerca, a la Quinta Avenida?’ Estoy a media calle, saco mi mesa, como en la calle, voy al mar en cinco minutos y voy y vengo”, platica.
No obstante, para Barrero, será difícil que los vecinos resistan porque los costos de la vida los ahuyentarán.
“Yo creo que (las familias de) las antiguas casas van a trasladarse a otras zonas. Lo que pasa es que tampoco va a ser redituable ya para las personas que se quieran quedar en esta zona porque se encarece todo. Es algo inevitable”, afirma.
— ¿Y todo es por el mar?
"Todo es por el mar. Todo es por sol y playa".

LG