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Resequedad e irritación son síntomas de dermatitis atópica, afirma Salud

Enfermedad. Especialistas advierten que la comezón persistente, el enrojecimiento y los brotes recurrentes requieren valoración médica para recibir un tratamiento adecuado; afecta a más del 10%

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La resequedad extrema, la comezón constante o la irritación de la piel suelen atribuirse al clima, al uso de jabones o a la falta de hidratación. Sin embargo, cuando estos síntomas se mantienen durante semanas o aparecen de forma recurrente, podrían ser una señal de dermatitis atópica, una enfermedad inflamatoria crónica que afecta a más del 10 por ciento de la población en México y cuya repercusión va mucho más allá del aspecto físico.

La Secretaría de Salud federal define la dermatitis atópica, también conocida como eccema atópico, como una enfermedad inflamatoria crónica de la piel caracterizada por una intensa comezón, resequedad, enrojecimiento e irritación. A diferencia de la creencia popular, no se trata simplemente de "piel seca", sino de un padecimiento que altera la barrera protectora de la piel y que evoluciona por brotes, con periodos en los que los síntomas empeoran y otros los disminuyen.

La dependencia federal señala que es una de las enfermedades dermatológicas más frecuentes, especialmente durante la infancia. Alrededor del 60 por ciento de los casos comienza durante el primer año de vida y la mayoría aparece antes de los cinco años de edad. No obstante, también puede presentarse o persistir en adolescentes y adultos.

Los especialistas explican que su origen es multifactorial. En su desarrollo intervienen factores genéticos, alteraciones del sistema inmunológico y condiciones ambientales. Además, existen elementos que pueden desencadenar o agravar los brotes, entre ellos el calor, la sudoración, el estrés, algunos alérgenos, la resequedad ambiental y el uso de prendas o productos que irritan la piel.

Además de provocar lesiones visibles, la dermatitis atópica puede afectar la calidad de vida de quienes la padecen. La comezón intensa suele ser persistente y provoca una necesidad constante de rascarse, lo que dificulta el descanso nocturno y, en muchos casos, termina afectando el rendimiento escolar, laboral y las actividades cotidianas.

En ocasiones, suele confundirse con algunas alergias pasajeras. Archivo MILENIO
En ocasiones, suele confundirse con algunas alergias pasajeras.Archivo MILENIO


Inflamación crónica

También es frecuente que las personas adapten la ropa que utilizan para disminuir la fricción sobre la piel o evitar que las lesiones sean visibles. En algunos casos limitan actividades recreativas, deportivas o sociales debido a la incomodidad que generan los síntomas o por temor a las reacciones de otras personas.

"La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica que provoca resequedad, comezón e irritación en la piel. Sin embargo, sus efectos van mucho más allá de lo visible", explicó Ana del Carmen García, gerente médica de Inmunología y Dermatología de Sanofi.

La especialista señaló que la enfermedad también tiene un importante impacto emocional. Datos difundidos por la compañía indican que el 85 por ciento de las personas con dermatitis atópica ha experimentado algún grado de ansiedad o depresión, mientras que el 82 por ciento asegura haberse sentido avergonzada o incómoda debido a las lesiones visibles que provoca.

Esa carga emocional puede traducirse en aislamiento social, pérdida de confianza, dificultades para establecer relaciones personales e incluso problemas en el desempeño académico o laboral. La percepción sobre la propia imagen suele deteriorarse cuando los síntomas son persistentes y visibles.

Uno de los principales desafíos es que muchas personas normalizan la enfermedad. La Secretaría de Salud advierte que es común pensar que la comezón permanente o la resequedad intensa forman parte de las características naturales de la piel, lo que retrasa la búsqueda de atención médica y favorece que el padecimiento siga sin tratamiento.

La dependencia también recomienda evitar la automedicación y acudir con un dermatólogo o alergólogo cuando la comezón, el enrojecimiento o la irritación persistan. Entre las medidas generales para reducir los síntomas se encuentran mantener una adecuada hidratación de la piel, utilizar limpiadores suaves, evitar sustancias irritantes y preferir prendas de algodón que disminuyan la fricción.

Actualmente existen tratamientos especializados que permiten controlar la enfermedad y reducir la frecuencia e intensidad de los brotes. El objetivo no solo es aliviar la comezón o mejorar el aspecto de la piel, sino recuperar la calidad de vida de los pacientes al disminuir el impacto que la enfermedad tiene sobre el descanso, las actividades diarias y como afecta también la salud emocional de la persona.


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