La madrugada del 2 de diciembre de 2025, el silencio del área de muflones en el Zoológico de León se rompió con un ataque que marcó uno de los episodios que más impactó en este lugar.
Una jauría de 12 perros atacó y mató a 24 borregos muflones; solo cuatro canes fueron asegurados y quedaron en custodia en el Centro de Control y Bienestar Animal.
De los cuatro canes que fueron atrapados por el presunto “borreguicidio”, tres murieron y solo uno sigue con vida. Se trata de una hembra adulta que presenta un cuadro de nerviosismo y rasgos de agresividad, por lo que sigue en un proceso de observación y, si logra su rehabilitación, podría ser dada en adopción.
La médica veterinaria encargada del Centro de Control y Bienestar Animal, a la que MILENIO entrevistó, Silvia Soriano Treviño, comentó que esta hembra adulta llegó enferma, pero logró recuperarse tras un tratamiento prolongado.
“La perrita que tenemos es una perrita adulta, también llegó enferma. Se llevó al hospital, estuvo en tratamiento, duró como un mes. Y nos la regresaron, ya está vacunada y todo, pero aquí la tenemos todavía”.
A casi cinco meses de haber llegado al Centro de Control, la hembra criolla, la cual no tiene nombre, permanece aislada del resto de la población canina y sigue bajo observación conductual debido a su temperamento; la veterinaria dice que “posiblemente, es una perrita un poquito nerviosa”.
Al preguntarle por qué puede estar presentando este comportamiento, asegura que puede derivarse de que nunca tuvo contacto con humanos.
“A pesar de que hemos hecho muchos esfuerzos para que ella trate de confiar otra vez en el ser humano, al parecer es una perrita que nació en situación de calle, nunca tuvo contacto con el humano”.
Ante este escenario, el proceso de rehabilitación continúa con el objetivo de evaluar si puede ser adoptada.
“Vamos a tratar de rehabilitarla para poderla dar en adopción”.
Carpeta de investigación sigue abierta en Fiscalía
Incluso, luego del ataque de esta jauría, que dejó sin vida a 24 borregos muflones, la Fiscalía General del Estado (FGE) inició una investigación sobre lo ocurrido; un médico veterinario de la institución realizó un dictamen sobre la causa de muerte y concluyó que los canes sí atacaron y mataron a los borregos.
“Uno de ellos —perros— aún tenía sangre de los borregos en sus dientes”, se confirmó en aquel momento a MILENIO.
En la investigación que realizó la Fiscalía estatal, se descubrió que la jaula en la que se encontraban los borregos muflones era de una estructura metálica con malla que estaba en buen estado, por lo que también se investigaba cómo y por dónde lograron entrar los canes que atacaron a los borregos.
La Fiscalía General del Estado, al carecer de atribuciones sobre lo que iba a proceder con los cuatro canes, dejó como facultad del Centro de Control y Bienestar Animal, que forma parte de la Dirección de Salud municipal, determinar el futuro de los perros, por lo que aún siguen atendiendo a la hembra.
Los cuatro canes fueron asegurados y detenidos tras el “borreguicidio” en el estacionamiento del Zoológico de León; el resto se dio a la fuga. Tras este hecho, se informó que no era la primera vez que ingresaban y atacaban a las especies en sus hábitats.
Canes agresivos son aislados
El Centro de Control y Bienestar Animal mantiene protocolos específicos para perros con conductas agresivas o con antecedentes de ataque; los canes permanecen aislados para evitar riesgos con otros ejemplares y con el personal.
“Sí, los traemos aquí y los tenemos aparte, porque al ser potencialmente agresivos pueden causar un accidente entre otros perros”, explicó Silvia Soriano Treviño.
Y detalló: “Tenemos unas jaulas individuales donde los protegen del clima, lluvia, sol, frío; ahí los ponemos aislados”.
Posteriormente, se evalúa su estado físico y temperamento para determinar si son aptos para adopción.
“Los valora todo el equipo responsable, el encargado es el equipo veterinario. Primero que estén sanos, que tengan una buena actitud, que no sean agresivos, que no sean miedosos”.
Solo un can sobrevive tras ataque a borregos
De los cuatro perros presuntos “borreguicidas”, había un macho y tres hembras; luego de su captura se determinó que presentaban algunas enfermedades, pero en ese momento no eran consideradas graves, aunque sí mostraban conductas agresivas, por lo que fueron puestos bajo resguardo mientras se determinaba su destino. Sin embargo, con el paso del tiempo se redujo a un solo ejemplar.
El deceso de los canes se registró en enero; presentaban desorientación, presencia de ectoparásitos visibles, prurito generalizado y cuadros de diarrea asociados a parásitos gastrointestinales, por lo que se determinó su aislamiento y atención médica inmediata.
Soriano Treviño explicó que los tres canes que murieron estaban clasificados como cachorros, los cuales permanecieron hospitalizados durante varias semanas, pero su condición de perros callejeros influyó en su deterioro.
Llegaron con defensas bajas, sin vacunas ni cuidados básicos, lo que complicó su recuperación.
“Es que venían de ser perritos callejeros, nacieron en situación de calle. Muchas veces ya tienen enfermedades desde que están en la mamá y gestación. También, al nacer en la calle, pues son perritos que no están inmunizados, no están desparasitados, no sabemos qué coman. Entonces, pues todos esos son factores para que sus defensas estén bajas”. Esta situación, común en perros ferales, redujo sus probabilidades de sobrevivir pese a la atención veterinaria.
El ataque que marcó al Zoológico de León
Tras este hecho, MILENIO hizo un recorrido en las inmediaciones del Zoológico de León, donde detectó y publicó el 13 de diciembre que la malla perimetral de 1.50 metros de altura estaba parcialmente caída y sostenida apenas por troncos secos, oxidados y con huecos por donde podía pasar una persona; eso era lo que lo delimitaba en su colindancia con la presa Echeveste.
Una zona vulnerable, porque ahí se encuentran especies en semilibertad como jirafas, cebras, antílopes, avestruces y hienas, lo que incrementaba el riesgo. Vecinos incluso señalaron que los animales del safari se habían escapado en diversas ocasiones debido a la deficiente seguridad perimetral.
Luego, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) realizó una inspección, donde detectó irregularidades y ordenó la clausura temporal del zoológico, además de contar con 10 días para aplicar medidas correctivas urgentes.
Entre las acciones solicitadas se incluyeron reforzar el perímetro para evitar el ingreso de animales externos, adecuar el hábitat de los lobos canadienses y colocar vallas adicionales en el área del safari. Estas observaciones derivaron en un expediente administrativo y en trabajos de rehabilitación del parque, con el objetivo de garantizar la seguridad de las especies y de los visitantes.
Ataques de jaurías: un fenómeno recurrente
El caso del Zoológico de León no es aislado. En México se han documentado otros ataques de jaurías a animales resguardados en parques y reservas, generalmente durante la madrugada y aprovechando fallas en la seguridad perimetral.
Uno de los antecedentes ocurrió en febrero de 2019 en el Zoológico Miguel Álvarez del Toro, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, donde perros callejeros ingresaron a la reserva El Zapotal y atacaron a ocho venados cola blanca, seis hembras, un macho y una cría. Los animales fueron encontrados con heridas de mordeduras en zonas vitales y la investigación determinó que los canes accedieron a través de un agujero en la malla perimetral del recinto.
Otro caso se registró en junio de 2022 en el Volcanic Park, en Chalchicomula de Sesma, Puebla, donde una jauría provocó la muerte de 32 venados.
En ese hecho, las autoridades determinaron que un exempleado del parque liberó intencionalmente a los perros como venganza tras ser despedido, lo que derivó en un caso de crueldad animal que terminó con una sentencia judicial. Los animales murieron por múltiples mordeduras, lo que evidenció la capacidad de las jaurías para actuar coordinadamente y causar daños masivos en poco tiempo.
Incluso, el propio Zoológico de León ya había registrado un incidente similar en febrero de 2017, cuando perros de gran tamaño ingresaron al área de aves y provocaron la muerte de dos avestruces y un emú debido a las heridas sufridas durante el ataque. Este antecedente evidenció desde entonces la necesidad de reforzar la seguridad perimetral del parque, aunque años después se repitió el ingreso de animales externos con consecuencias mayores.
Estos episodios comparten características similares: ataques nocturnos, ingreso por mallas dañadas o vulnerables, perros ferales que actúan en manada y víctimas herbívoras o de fácil acceso. Los canes suelen morder cuello, patas y abdomen, lo que provoca hemorragias y muerte en cuestión de minutos. Además, al tratarse de animales sin contacto humano, presentan comportamientos más agresivos y difíciles de controlar.
Mientras tanto, la última integrante de la jauría que atacó a los muflones permanece en observación. Nerviosa, temerosa y aún con conductas que requieren evaluación, la hembra continúa bajo resguardo mientras especialistas intentan rehabilitarla. Su futuro dependerá de si logra adaptarse al contacto humano y demostrar que puede convivir sin representar un riesgo. De lograrlo, podría tener una segunda oportunidad y pasar de formar parte de una jauría mortal a encontrar un hogar.
AH
