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  • Tras paso de 'Polo', BCS se vacunó contra el susto | Crónica

Los vientos levantaron tolvaneras en una localidad con calles son pavimentar. | Foto: Rafael Montes

Los ciudadanos acataron el llamado a permanecer en casa mientras el ciclón avanzaba a paso lento para tocar tierra el lunes.

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M+.- La espera fue larga. En las primeras horas del lunes 28 de septiembre, las autoridades estimaron que Polo, quien venía avanzando lento por el Pacífico, entre 17 y 20 kilómetros por hora, proveniente de la costa de Colima y Jalisco, tocaría tierra en Baja California Sur, en el municipio de Comondú, entre las cuatro y seis de la tarde.

"No hay hora exacta", había dicho la coordinadora nacional de Protección Civil, Laura Velázquez, en sesión del Consejo Estatal de Protección Civil, que se reunió en Ciudad Constitución, capital de ese municipio, uno de los cinco de la entidad. "Pero será esta tarde", añadió.

Por eso, instruyó que a partir de las tres de la tarde del lunes nadie saliera de su casa en Comondú, Loreto y Mulegé, los tres municipios del norte del estado. Quedaba restringida así toda la movilidad desde esa hora.

Al mediodía, en Puerto San Carlos, el pueblo costero más cercano a Ciudad Constitución, el borde natural de arena, que contiene al mar, se rompió.

El golpeteo de las olas, avivadas por Polo y la marea alta, arrasó con la barrera y se metió al poblado. Inundó rápidamente algunas casas de la orilla, vulnerables, hechas de madera.

La gente tuvo que salir de emergencia y aceptar la ayuda del Ejército, Marina y Guardia Nacional para ser trasladados a refugios temporales en Ciudad Constitución.

Sonia Velázquez y su esposo, Francisco Osorio, se asustaron. Sobre todo por sus tres hijos. El agua les llegó a la cintura. Por eso aceptaron salir de ahí y llegar al refugio de la primaria Ricardo Covarrubias.

Ahí mismo, en Puerto San Carlos, la señora Guadalupe Vélez vio cómo elementos de la Marina rescataron a un vecino de su casa de madera que quedó inundada. Ella resistió todavía.

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Algunas personas se trasladaron a refugios temporales. | Foto: Rafael Montes


La gente en Ciudad Constitución acató la instrucción de no salir de casa desde las tres de la tarde. A esa hora las calles lucían vacías. Uno que otro desafiaba la advertencia y caminaba como si nada entre ventarrones y tolvaneras, ocasionadas por la gran cantidad de tierra que hay en las calles.

Aunque es la capital del municipio, es una localidad con muchísimas calles sin pavimentar. Eso de “ciudad” es solo un nombre.

También había autos de aquí para allá, apresurados, como haciendo las últimas diligencias. Las tiendas cerraron. Las gasolineras cubrieron con bolsas negras las bombas. Los negocios ya tenían tapiadas sus ventanas y algunos hasta costales pusieron en las entradas para evitar que las eventuales inundaciones los afectaran de más.

En el restaurante de Noelia Verdugo pusieron tablones, pero mientras la ciudad se paralizaba, adentro, ella y sus trabajadores seguían cocinando. Su local es proveedor oficial de las cuadrillas de la Comisión Federal de Electricidad para alimentar a los técnicos que llegan cada que amenaza el golpe de un huracán. Por eso, “llueva, truene o relampaguee”, dice, se trabaja para los electricistas.

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Las olas inundaron algunas viviendas de la orilla. | Foto: Rafael Montes


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Los vientos se fueron incrementando con el paso de las horas. Las nubes grises corrían por el cielo. Dieron las cuatro y la expectación por el impacto se acrecentaba, pero seguía lejos, a más de 200 kilómetros de distancia. Y venía lento, a 17, a 19 kilómetros de velocidad, pero con vientos de más de 200 kilómetros por hora. Polo se hacía del rogar.

A las seis de la tarde empezaron las lloviznas, medio agresivas, medio ligeras. Se calmaban y regresaban. Dejaban los primeros charcos en el Boulevard Agustín Olachea, la avenida principal de Ciudad Constitución, que con ligeras lluvias ya se inunda.

Pero Polo seguía solo amenazando con su categoría tres. Violento. Pasaron las horas. Cayó la noche y Polo nomás no tocaba tierra. El mapa satelital dejaba ver que iba subiendo por la orilla de la península, rozando la tierra con su circunferencia presuntamente arrasadora. 

Los vientos se incrementaban y daban cuenta de la cercanía, pero sin que llegara la notificación oficial de que ya estaba dentro. Por la noche, hubo un par de apagones que se repusieron rápido, sin que pasara a mayores.

Pero en Puerto San Carlos, donde Guadalupe Vélez, que vive a la orilla del mar, había resistido al rompimiento del bordo, ya no aguantó el miedo por el viento y con sus nietos se fue a resguardar a casa de su hermana. 

“Me daba miedo que el techo de lámina se volara”, platicó.
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Los vientos se incrementaron con el paso de las horas antes de la llegada del ciclón. | Foto: Rafael Montes

Fue a las 11 de la noche, hora local —12 de la noche, hora de la Ciudad de México— cuando al fin un tuit del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos avisó que Polo había tocado tierra. Era una espera parecida a cuando la gente aguarda que se anuncie que nació alguien. “Polo makes landfall”, informó la autoridad estadunidense. Minutos después vino la confirmación de la autoridad mexicana.

Entró por Las Barrancas, una localidad en el norte de Comondú, en categoría dos. Se degradó un nivel al tocar tierra. Entonces, la espera cesó. Y hubo una calma aparente, esperando que pasara lo que tuviera que pasar. Durante horas, unas tres, cuatro, llovió por la madrugada. Las ráfagas de viento silbaban, se colaban por los entresijos de las casas, se escuchaban las hojas golpear contra los techos, las ventanas resistían la lluvia intensa. Las palmeras y árboles se azotaban y se agitaban, se sacudían. Pocos cayeron.

Para las cinco de la mañana hubo otra calma, ya diferente. De esa que llega tras la tormenta. Surgía la duda sobre si era el famoso “ojo del huracán” o si ya se había ido Polo.

Las autoridades meteorológicas anunciaron que ya iba de salida hacia el Golfo de California.

Con los primeros rayos del sol, la tranquilidad apareció. Era un nuevo día. Polo se había ido. Solo dejó charcos, inundaciones menores, hojas de palmeras tiradas, pero no desgracias. Nadie perdió la vida. Comondú resistió al huracán. La gente sonreía por todos lados y el sol volvió a brillar, como si la península de Baja California estuviera vacunada ya, después de esto, contra sustos climáticos. Aunque el comentario, por lo bajo, es: “ahí viene Rachel”.

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Por la mañana del martes, 'Polo' ya iba de salida hacia el Golfo de California. | Foto: Rafael Montes


ksh

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Rafael Montes
  • Rafael Montes
  • Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Reportero desde 2008. En 2016 se incorporó al equipo de Grupo MILENIO para cubrir Política y asuntos especiales para diario, web y televisión. Aunque sus temas favoritos actuales son transparencia y rendición de cuentas, también le gustan las historias de la gran ciudad.
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