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A dos años de Alberto, el sur de Tamaulipas sigue vulnerable

Una tormenta “resucitó” al sistema lagunario, pero la amenaza persiste.

Hace exactamente dos años, el sur de Tamaulipas observaba con angustia cómo el Sistema Lagunario del Chairel agonizaba. El vaso abastecedor de agua potable para más de 800 mil habitantes de la zona conurbada había caído a apenas un 1 por ciento de su capacidad y la emergencia hídrica era considerada por especialistas como una crisis sin precedentes.

Tormenta tropical Alberto en Tamaulipas

Entonces apareció "Alberto". Un 17 de junio se empezó a hablar del potencial evento ciclónico en el Golfo de México que se acercaba a las costas de Tamaulipas y Veracruz.

Lo que inicialmente era una amenaza meteorológica terminó convirtiéndose en el salvavidas de una región entera. La madrugada del 20 de junio tocó tierra en Ciudad Madero como tormenta tropical y después se dirigió hacia la zona cañera, donde descargó enormes volúmenes de agua en la cuenca del río Guayalejo-Tamesí y provocó un fenómeno que aún hoy los expertos describen como histórico: el sistema Chairel pasó de almacenar apenas 6.8 millones de metros cúbicos a más de 258 millones en tan solo 24 horas.

Advierten vulnerabilidad y riesgo hídrico

La emergencia terminó. Pero la vulnerabilidad permanece. A dos años de distancia, especialistas en temas hídricos advierten que el milagro de 2024 no se tradujo en soluciones de fondo. Aunque actualmente existe agua en abundancia, sostienen que la región sigue dependiendo del comportamiento de la naturaleza y continúa sin contar con la infraestructura ni las políticas públicas necesarias para enfrentar una nueva sequía extrema.

"Paradójicamente no se aprendió la lección", afirma el consultor hídrico Refugio Delgado Delgado. Según el especialista, después de la peor crisis que ha vivido la zona conurbada en décadas, debió impulsarse un plan hidráulico integral con acciones inmediatas, de corto y mediano plazo, orientadas a conservar, almacenar y proteger el recurso.

"Actualmente no hay un plan hidráulico integral de acciones inmediatas, de corto y mediano plazo que desde entonces debería estar trabajándose con estudios, proyectos ejecutivos y obras de infraestructura para evitar las fugas masivas de agua", señala.

Diques con más de 70 años de antigüedad

Delgado Delgado sostiene que millones de metros cúbicos siguen perdiéndose cada año por falta de infraestructura de almacenamiento. El agua que hoy sobra, advierte, podría ser la que haga falta cuando regrese la sequía.

Pero no es la única alerta. José Luis León Hurtado, presidente del Consejo Ciudadano del Estuario del Río Pánuco, advierte que el sistema de diques que protege el sistema lagunario tiene 77 años de antigüedad, 17 más de la vida útil para la que fue diseñado.

"Está en riesgo de colapso", asegura. Y esos diques son la barrera que permite conservar el agua dulce que abastece a la población, al corredor industrial y a actividades agrícolas y acuícolas, además de impedir la intrusión de agua salada proveniente del sistema estuarino.

A ello se suma otro riesgo menos visible, pero potencialmente devastador. Miguel Verástegui Cavazos, director de Ambientam, hace ver que un accidente en el Libramiento Poniente podría dejar sin agua a toda la zona conurbada en cuestión de minutos.

"Si una pipa con sustancias tóxicas se vuelca sobre alguno de los puentes y contamina el sistema lagunario, en 20 minutos nos quedamos sin agua", alerta el especialista.

Considera urgente instalar infraestructura de contención en los 11 puentes del libramiento para evitar derrames accidentales que puedan comprometer la única fuente de abastecimiento de la región.

El día que llegó el milagro

El 17 de junio de 2024 el Servicio Meteorológico Nacional emitió los primeros avisos sobre la formación de “Alberto” en el Golfo de México. Para otros se trataba de una amenaza climática. Para el sur de Tamaulipas representaba una esperanza.

La madrugada del 20 de junio, Alberto tocó tierra cerca de Ciudad Madero con vientos sostenidos de 75 kilómetros por hora y rachas de hasta 100 kilómetros. Aunque provocó lluvias intensas, los daños en la zona conurbada fueron mínimos.

Lo verdaderamente importante ocurrió aguas arriba. Las precipitaciones extraordinarias registradas en la cuenca del río Guayalejo-Tamesí enviaron una gigantesca inyección de agua hacia el sistema lagunario del Chairel.

El cambio fue tan drástico que pasó a formar parte de la historia hídrica de Tamaulipas.

A las seis de la mañana del 22 de junio de 2024, la escala hidrométrica en la bocatoma de la planta Altavista de la Comapa registraba un nivel de menos 70 centímetros y un almacenamiento de apenas 6.8 millones de metros cúbicos, equivalente al 1 por ciento de la capacidad del embalse.

Veinticuatro horas después, el volumen se había disparado a 258 millones de metros cúbicos. El nivel del agua ya se encontraba cinco centímetros por encima del nivel del mar y el sistema almacenaba el 38.2% de su capacidad total.

Más de 250 millones de metros cúbicos habían llegado al Chairel en un solo día.

La sequía terminó. El riesgo desapareció. Pero dos años después, especialistas advierten que la próxima crisis podría encontrar a la región igual de vulnerable que antes.

Y es que “Alberto” regresó el agua. Lo que aún no llega, dicen los expertos, es la prevención y las soluciones.

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Cristina Gómez
  • Cristina Gómez
  • Con más de tres décadas en el periodismo, escribir es mi pasión. Buscadora de verdades ocultas, de convertir cifras en relatos y de tejer reportajes que dejen huella en la memoria colectiva, porque todo dato encierra un rostro, una vida, una historia. Orgullosamente panuquense y tampiqueña por adopción.
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