De acuerdo con datos del Instituto Municipal de Planeación y Competitividad de Torreón (IMPLAN), durante el ciclo escolar 2024–2025 poco más del 50% de la matrícula en universidades de la Zona Metropolitana de La Laguna está integrada por mujeres. Sin embargo, su presencia en el ámbito laboral disminuye considerablemente.
En 2024, la Cámara Nacional de la Industria de la Construcción estimó que menos del 10% de las direcciones generales de las empresas están ocupadas por mujeres. Esta diferencia también se percibe en sectores productivos como la industria manufacturera.
En ese mismo año, las mujeres conformaban cerca del 33% de la fuerza laboral. Aunque su participación es relevante, los datos reflejan que aún existe una distancia considerable entre su presencia en la formación académica y su representación en el mercado laboral.
Brenda Valles, nació en el municipio de Lerdo, Durango, tiene 32 años, es comunicóloga. Para ella, la libertad que hoy gozan las mujeres es resultado de una lucha constante, aunque reconoce que aún queda mucho por avanzar.
“Creo que ha sido una libertad que se ha ganado a pulso, que se ha luchado por ella. No creo que haya sido algo que simplemente se nos dio, creo que fue algo que decidimos tomar y ha sido una lucha constante, en la que seguimos trabajando para tener todas esas libertades que actualmente tenemos las mujeres, ya sean económicas, familiares, sentimentales, etcétera”, argumentó.
Valles reconoce que vivió un privilegio al poder cursar una carrera universitaria enfocada en las ciencias sociales, lo que le permitió tener un panorama más amplio sobre el movimiento feminista. Aunque parte de su educación en casa estuvo orientada a que debía valerse por sí misma y no depender de nadie, con el tiempo desarrolló un pensamiento crítico que le permitió identificar sus derechos y libertades como mujer.
“En casa, pues, la manera que mi mamá tuvo de criarme fue lo que a ella le enseñaron: el tienes que aprender a ser una buena mujer, aprender a estar en casa, hacerte cargo de tu marido. Por parte de mi papá fue un poco más al tener que ser independiente y no depender de un hombre, entonces creo que ahí estuvo como un poquito balanceado”.
Esta dualidad también le permitió tomar decisiones propias, aunque en ocasiones aceptó roles impuestos socialmente. Uno de ellos fue no elegir la carrera de Ingeniería Civil cuando buscaba universidad, pues dependía económicamente de su madre y necesitaba su aprobación para estudiar.
“Cuando estaba buscando estudiar carrera, estaba muy indecisa; recuerdo que una de mis primeras opciones era estudiar ingeniería civil. No estudié ingeniería civil porque mi mamá no me dejó, fue así tal cual. Ella me dijo que esa era una carrera para hombres, yo no iba a andar como un pelado entre la obra y que, si yo decidía hacer eso, al final de cuentas, no me iba a ayudar pagándome la escuela. Fue como un parteaguas en mi vida; al final estudié periodismo y es mi pasión y lo amo, pero cuando estaba tratando de encontrar mi carrera, sí fue difícil encontrar algo que mi mamá considerara que fuera como apto para una mujer y ella quisiera pagarme”.
Pero no todas las mujeres crecen escuchando que deben ser independientes o tomar decisiones propias. En muchos casos, las expectativas familiares siguen centradas en el matrimonio y la maternidad.
Enya Landeros, originaria de Torreón, Coahuila, es diseñadora de modas y recientemente se graduó de la carrera de finanzas. Es madre soltera, emprendedora y ha sido invitada a eventos de marcas importantes del mundo de la moda.
Para ella, la libertad significa tener el derecho de soñar y decidir qué se quiere para el futuro. Sin embargo, reconoce que esa libertad ha sido resultado de años de lucha y que aún queda camino por recorrer para alcanzar condiciones verdaderamente igualitarias entre hombres y mujeres.
“No quisiera decir que ya podemos tomar esas decisiones tan fáciles, porque yo sé que todavía seguimos trabajando por esos (derechos); yo sé que sí hemos hecho un gran avance, yo siento que el simplemente poder aspirar a esas cosas y poder ponértelas como metas ya es libertad”.
Cuenta que, al ser la primera hija y nieta de dos familias, creció escuchando expectativas sobre su futura boda. Aunque la idea no le incomoda, desde adolescente supo que quería prepararse profesionalmente y trabajar, por lo que buscó hacerle ver a su familia que las mujeres pueden tomar decisiones por sí mismas.
“Yo siento que fui la oveja negra en ese aspecto, porque, te digo, todos mis familiares son muy conservadores, de hecho también incluso con mi papá, yo me acuerdo que de adolescente eran muchas peleas, de que 'no, papá, es que ya no es así, oye, no, es que a mí no me gusta eso', 'es que yo sí quiero trabajar', y el simplemente decir, lo voy a hacer”.
Sus decisiones la llevaron a culminar su primera carrera en el estado de Aguascalientes. Cuando supo que estaba embarazada, decidió continuar soltera. Reconoce que guardó la noticia durante un tiempo antes de compartirla con sus abuelos y algunos tíos, pero asegura que su ejemplo ha permitido que su familia entienda que también es válido tomar decisiones diferentes.
Enya reconoce que decidir ser madre soltera tuvo un impacto en su entorno familiar. Señala que, al ser mujer, recibió juicios que suelen recaer únicamente en ellas, algo que no ocurre con la misma intensidad cuando un hombre decide no ejercer su paternidad.
“Se juzga mucho a las mamás solteras cuando ellas son quienes se avientan toda la chamba: despertar y cambiar al niño para el colegio, no dormir cuando se enferma, trabajar y hacer espacio para jugar y vivir con ellos cada etapa de la mejor manera posible. Y a los papás ausentes no se les juzga; creo que incluso está bastante normalizado aquí en Latinoamérica”.
“A las mujeres nos educan para que lo que hagamos sea en servicio de los demás”
Montserrat Solís es licenciada en trabajo social y maestrante en terapia familiar y de pareja. Señala que la educación que niñas y niños reciben en casa es fundamental para su desarrollo, aunque incluso en ese espacio influyen las normas sociales que terminan moldeando las decisiones futuras.
Mientras a las mujeres se les enseña a servir y cuidar, a los hombres se les educa para proveer.
“A las mujeres se nos educa para servir, cuidar, maternar, criar y apoyar; no para ser proveedoras”.
Aunque hoy también se promueve que las mujeres sean autosuficientes, la sociedad continúa imponiendo expectativas contradictorias: trabajar, pero sin descuidar a la familia; tener éxito, pero sin superar a los hombres.
“Todavía existe mucho esta idea de cumplir con lo que se espera de nosotras: trabajar, pero no descuidar a la familia; trabajar, pero que no te vaya mejor que a los hombres o que al marido, porque entonces surgen conflictos de pareja. Es algo inequitativo”.
Solís destaca que las mujeres deben enfocarse en salir del control de los demás y aprender a priorizarse. Explica que, aunque aparentemente existe mayor igualdad, siguen siendo ellas quienes reciben los señalamientos sociales. Además, advierte que uno de los principales factores que limitan la autonomía femenina es la falta de independencia económica y de redes de apoyo, especialmente en la crianza de los hijos.
“Siento que tenemos la libertad, pero muchas veces no la ejercemos porque no se nos permite hacerlo. Romper con estos patrones, con los paradigmas y con la educación que traemos cuesta mucho”.
Finalmente, subrayó que las mujeres deben cuestionarse si las decisiones que toman: estudiar, elegir pareja, casarse o trabajar, responden a un deseo genuino o a una presión social. Y en caso de encontrarse en situaciones de violencia o sumisión, recomienda buscar ayuda.
“Buscar tu red de apoyo, una amiga, tu familia. Si puedes, buscar terapia. Ser muy cautelosa con las decisiones que vas a tomar, porque cada mujer vive su proceso de manera distinta”.
Con el objetivo de apoyar a otras mujeres, Monserrat ofrece terapias a bajo costo y gratuitas, y quien lo desee puede comunicarse con ella al teléfono 8711127268.
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