Cadenas humanas que llevaban de mano en mano víveres, agua o medicamentos se reunieron en diferentes puntos de la Ciudad de México para ayudar a quienes resultaron afectados por el sismo de magnitud 7.1 que golpeó otra vez un 19 de septiembre.
Algo llamó la atención: los jóvenes no se mostraron ajenos a la tragedia y al dolor.
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Esos jóvenes, los millennial, tantas veces catalogados como fríos, apáticos y que se oponen al sistema, fueron los mismos que salieron a las calles a ofrecer ayuda, a levantar escombros, a colaborar en las labores de búsqueda y rescate y a buscar a pie o en bicicleta comida o materiales de curación.
Preparando comida y repartiéndola, no importa la edad, esta nueva generación mostró su solidaridad pese a que los padres de algunos de ellos mostraban su preocupación, pues sabían el peligro que sus hijos podían correr ante posibles réplicas. Pero eso no detuvo el ánimo de los jóvenes, concientes que ayudar a quienes mas lo necesitan era lo más importante.
"Mis papás vivieron el terremoto del 85, a mi mamá le da terror que mi hermana y yo salgamos pero sentimos que si nos quedamos en casa no servimos de nada, y es padre ver que la mayoría de los que están apoyando son chavos como nosotros, tenemos la fuerza y el ánimo necesario para poyar", comentó Ivana, de 18 años.
Esos jóvenes, que eran muy pequeños o nacieron poco después del sismo de 1985, son los mismos que han liderado algunas brigadas de rescate, se han organizado para repartir víveres y toman motocicletas, bicicletas o hasta transporte público para dirigirse a las zonas más afectadas de la ciudad. Tal y como sus padres, abuelos o tíos lo hicieron hace 32 años.

Es el caso de Dulce, una joven de 18 años comentó que por iniciativa propia decidió participar en los grupos de ayuda y que relata que sus padres la motivaron a apoyar en los centros de acopio, pues ellos vivieron la tragedia del 85.
Alumnos de distintas preparatorias y universidades que se reunían para recolectar comida, ropa y herramientas para las labores de remoción de escombros, llevar la ayuda necesaria fue la prioridad de estos millennials, esta generación que acaba de vivir en carne propia la tragedia que golpeó al país hace más de tres décadas cuando en ese entonces no existía la tecnología de ahora pero que no hace diferencia ante el llamado de emergencia que se vivía en aquellos tiempos.
Otro de estos jóvenes que tomaron la iniciativa de crear grupos de apoyo es Daniel de 21 años, un estudiante de historia que lidera la Brigada de cuenta cuentos solidarios, junto con sus compañeros iniciaron esta labor desde el miércoles con otras 150 personas, que su prioridad es tratar de tranquilizar a los niños afectados con cuentos e historias.
Los que no podían acudir a los lugares de desastre, apoyaban desde las redes sociales a compartir fotografías de desaparecidos o a divulgar información, una circunstancia totalmente diferente a la de 1985, cuando todo flujo de noticias llegaba a los oídos de los ciudadanos por medio de radio o de voz en voz a modo de “teléfono descompuesto”.
La solidaridad y la necesidad de ayudar no tiene fecha de caducidad, y se pudo observar en este otro 19 de septiembre, una fecha más que quedó marcada en la memoria de las personas que vivieron la tragedia de hace 32 años y que ahora, queda también plasmada en una generación que nunca había experimentado una situación de esta magnitud.
Ahora, dos generaciones separadas por nuevas ideas, nuevas tecnologías, comparten una experiencia en común.
JOS