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A 16 años del “Martes Negro”, el día que el silencio venció a Tampico

La fecha permanece en la memoria de la zona sur del estado, como parte de una cascada de violenta donde grupos delictivos provocaron el cierre de negocios y un ambiente tenso

Hace más de una década, los residentes de la zona sur de Tamaulipas escribieron un capítulo inédito en su historia moderna. No fue una orden gubernamental ni un decreto militar; fue el instinto de supervivencia el que dictó, por primera vez, un toque de queda voluntario. Aquel "Martes Negro", la violencia que se gestaba en las sombras logró lo que ninguna crisis económica o desastre natural había conseguido: detener el pulso de una ciudad.

La cuenta regresiva hacia el colapso comenzó a finales de febrero de 2010. En el norte del estado, los ecos de una guerra civil entre el Cártel del Golfo y Los Zetas vaticinaban una tormenta que no tardaría en bajar hacia el sur. Mientras los enfrentamientos incendiaban la frontera, en Tampico, Madero y Altamira el aire se volvía pesado.

Tampico se aferraba a la normalidad

Pese a la violencia latente, la ciudad intentó aferrarse a la normalidad. El 25 de marzo arrancaron las Fiestas de Abril, que celebran la repoblación de Tampico, uno de los eventos más importantes del sur de Tamaulipas, pues por la noche recibe a los visitantes que llegan de otros estados atraídos por Playa Miramar en vacaciones de Semana Santa. En los primeros días grupos emblemáticos como El Tri subieron al escenario, pero el ambiente era distinto. Corrían rumores de camionetas con civiles armados merodeando el recinto ferial; se hablaba de que estaban molestos por una marca de cerveza que se estaba vendiendo al interior, porque sí, el crimen organizado en ese tiempo decidía qué alcohol se bebía y cuál no, lo que dependía de un arreglo en el pago de una cuota; sin embargo, el discurso oficial se mantuvo inamovible: "no pasa nada". La celebración continuó hasta el fatídico 2 de abril.

Antes de caer la noche hubo un enfrentamiento al interior del más popular table dance de lujo ubicado sobre avenida Ayuntamiento y Ejército Mexicano; el lugar se caracterizaba por tener mujeres extranjeras, de una belleza extraordinaria. El intercambio de balazos entre presuntos gatilleros del Cártel del Golfo y sus ex aliados Zetas dejó 7 muertos: cinco hombres y dos bailarinas, el único hecho violento de esos días que había sido confirmado de manera oficial por las autoridades de Tamaulipas.

Concierto de terror con Jenni Rivera en Tampico en 2010

Mientras las fuerzas federales custodiaban al personal que hacía las labores periciales en el sitio de la balacera, 20 mil personas abarrotaban el Teatro del Pueblo para ver a Jenni Rivera, “la Reina de la Banda”. A las 21:00 horas, justo cuando la "Diva de la Banda" se disponía a salir, el pánico estalló. Un estruendo interpretado como detonaciones provocó una estampida humana. Zapatos abandonados y carriolas volcadas fueron el saldo de una noche donde la música fue reemplazada por gritos.

Concierto de Jenni Rivera en la feria de Tampico de 2010.
A 16 años del concierto de terror con Jenni Rivera en Tampico

La gente que estaba en Playa Miramar, en Ciudad Madero, comentó que vieron salir por lo menos 10 camionetas en fila, con presuntos hombres armados, mientras que el pánico colapsó todo; los que intentaban salir de la feria no podían comunicarse con sus familias, pues las redes de telefonía celular se saturaron. Cuando se corrió el rumor de que algo había pasado en la feria, el transporte dejó de laborar, así que la mayoría de los asistentes tuvo que alejarse del sitio caminando, con miedo y sin saber siquiera qué había pasado.

Las autoridades tampoco dijeron mucho; tal vez si hubieran dado información se pudo haber evitado lo que vino en los siguientes días, pero el entonces alcalde, Óscar Pérez Inguanzo, que estaba en su último año de gobierno, se limitó a seguir las indicaciones del gobierno del estado, dirigido por Eugenio Hernández Flores, que decidió desestimar los actos violentos de forma pública con la insistencia de que Tamaulipas era un lugar seguro.

Tras un lunes 5 de abril marcado por una balacera sin reporte oficial en la Curva Texas, el amanecer del martes 6 de abril trajo consigo una tensión insoportable. Al mediodía, Tampico era un hervidero de especulaciones. A las dos de la tarde, la chispa saltó en la zona de los mercados: la gente comenzó a correr hacia el centro histórico, huyendo de supuestos hombres armados y estruendos de combate.

Momentos de terror e incertidumbre

La histeria colectiva vació las calles en minutos. Los comercios bajaron sus cortinas de acero, convirtiéndose en búnkeres temporales para transeúntes aterrorizados. Una vez que el ambiente pareció "calmarse", los dueños liberaron a sus empleados con la urgencia de quien despide a alguien hacia una zona de guerra. De nuevo, el silencio de los alcaldes y del gobierno estatal fue absoluto.

Para las tres de la tarde, lo impensable ocurrió. En una metrópoli de vocación comercial y tráfico incesante, que no paralizan ni las lluvias ni el frío, el primer cuadro se convirtió en un páramo. Solo el paso errante de algún transporte público rompía el vacío. Sin una sola patrulla ordenándolo, los ciudadanos se encerraron.

Los días que siguieron confirmaron que la pesadilla apenas comenzaba. La violencia dejó de ser sorda para volverse cínica: policías colgados en el puente “Las Vías” de Altamira y cuerpos abandonados frente a la presidencia municipal. La zona sur no recuperaría un respiro de calma real sino hasta el 2016.

Tampico, entre los mejores en índice de percepción de seguridad

En los últimos años, Tampico ha dado un giro estadístico radical, pasando de ser un foco rojo de inseguridad a estar entre los 10 primeros lugares en el índice nacional de percepción de seguridad.

Este renacimiento no fue fortuito. Fue el resultado de una sociedad que decidió que el miedo no sería eterno. La reconversión fue impulsada por ciudadanos y empresarios que no solo exigieron cuentas, sino que se involucraron en los procesos de seguridad. El ejemplo más tangible fue la decisión del sector empresarial de aceptar un aumento en el impuesto sobre nómina, con la condición innegociable de que ese recurso se etiquetara directamente para fortalecer la seguridad pública.

Hoy, a 16 años de aquel inicio de década violento, el "Martes Negro" permanece en la memoria como un recordatorio de que la paz no es un regalo del gobierno, sino un patrimonio ciudadano que debe vigilarse y defenderse todos los días.

ICGC

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Anahy Meza
  • Anahy Meza
  • Periodista, coordinadora de la Mesa de Asignaciones, escribo desde hace 20 años. Me apasiona la cobertura de notas de Seguridad y delincuencia organizada. Persigo datos, no rumores: si incomoda, es porque importa. Rebelde corazón, barra brava de los Pumas, celeste por amor a la Jaiba Brava del Tampico Madero.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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