El presbítero Ricardo Ramos, encabezó este jueves la ceremonia del lavatorio de pies en la catedral de Tampico, donde destacó la vocación de los sacerdotes. La ceremonia antecede al Viernes Santo, momento en que se recuerda la pasión de Jesús hasta su muerte en la Cruz.
Ceremonia lavatorio de pies
Durante la tarde del Jueves Santo, la iglesia Catedral lució llena de fieles católicos. Ahí se renovó el gesto del lavatorio de pies por parte de Jesús a sus apóstoles, con el que el redentor anunciaba que por amor estaba dispuesto a aceptar la humillación de la cruz para ofrecernos el servicio de purificarnos del pecado con su propia sangre.
El padre Ramos, dijo que en esta Semana Santa, Jesús invita a entrar a la dinámica de este amor que salva. Hizo énfasis en el llamado del Papa León XIV a orar por los sacerdotes.
“Ha hablado como no se había hecho en mucho tiempo. El mensaje doctrinal es para los sacerdotes, recordando las obligaciones y los compromisos, aquello que en el estudio de la formación se les ha inculcado”.
Menos jóvenes tampiqueños interesados en el sacerdocio
Agregó que el Papa ha hablado en un tono fuerte, muy humano, al pueblo santo, a los fieles laicos para que oren por los sacerdotes durante todo el mes de abril, de manera especial por aquellos que están en crisis, en dudas, en miedos, abatidos por los problemas que implican la vida sacerdotal.
Actualmente es poco el interés de los jóvenes por entrar al sacerdocio, sobre todo en la diócesis de Tampico, y los que están no terminan su preparación.
La representación de las infancias
Como en otros años, los apóstoles fueron representados por doce niños que pertenecen a la catequesis de la iglesia Catedral, siendo el padre Francisco Moya, quien realizó el lavatorio de pies.
Durante la santa misa, también se realizó la entrega de los panes antes de su arresto, celebrando el Jueves Santo con la Última Cena, uno de los episodios centrales del cristianismo.
Se trata de la reunión final de Jesucristo con sus 12 discípulos antes de su detención y crucifixión.
Durante la cena comparte pan y vino y les da un significado simbólico, identificándolos con su cuerpo y su sangre. Este acto es interpretado como la institución de la eucaristía.
AA