M+.- Hace más de 200 años, cuando Saltillo apenas comenzaba a extenderse hacia las faldas de la montaña de Zapalinamé, en el sur de Coahuila, en este lugar el agua era riqueza. Las lagunas que se formaban en estas tierras permitían sembrar y hacían de los terrenos un punto estratégico.
Hoy, en ese mismo espacio, el visitante puede recorrer la historia de la agricultura, de la educación agraria y de una universidad que durante más de un siglo ha formado generaciones dedicadas al campo.
Es el edificio La Gloria, parte del casco de la antigua Hacienda Buenavista, ubicada al sur de Saltillo, un inmueble cuyo origen se calcula alrededor de 1826 y que pasó por al menos dos propietarios antes de llegar a manos de don Antonio Narro Rodríguez.
Pero su historia comenzó incluso antes.
Arturo González González, director del Museo del Desierto y encargado del proyecto museográfico, asegura a MILENIO que el origen del espacio se remonta a la fundación de Saltillo, cuando estos terrenos tenían un enorme valor debido a la abundancia de agua por su ubicación en las faldas de la montaña de Zapalinamé.
“Urdiñola las toma para sí, luego se las vende creo que a los Sánchez Navarro y posteriormente ya queda en manos de la familia de don Antonio Narro Rodríguez, quien dona sus terrenos y deja unos recursos para que se pueda crear una escuela agraria”.
Según registros previos, don Antonio vivió en la casa solo sus últimos 16 años y, en 1912, dictó en su testamento que fuera donada junto con el terreno de la hacienda y sus bienes para fundar una escuela de agricultura que preparara de manera académica a los hijos de los campesinos.
La casa que había formado parte del casco de una hacienda estaba a punto de comenzar otra vida.
De casa grande a escuela, internado y rectoría
En marzo de 1923 inició funciones la Escuela Regional de Agricultura, precisamente en La Casa Grande de la hacienda, que convirtió sus habitaciones en aulas, oficinas académicas y administrativas, laboratorios, dormitorios e incluso biblioteca.
Durante los siguientes 103 años, el edificio cambió de utilidad muchas veces: fue escuela, internado para estudiantes foráneos y, posteriormente, rectoría.
El 4 de marzo de 1975 cambió a universidad.
“Yo entré a trabajar en 1975, cuando en el edificio se encontraban las oficinas de la Rectoría, Secretaría General, Dirección Administrativa y todo el Departamento de Contabilidad, todo esto en el lado izquierdo; del lado derecho estaban las oficinas de Postgrado, Dirección de Investigación y la Contraloría”, recuerda por su parte Carlos Monsiváis Leija, jefe del Departamento de Tesorería, en la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro.
“El edificio tenía mucho movimiento tanto de personal como de alumnos, ya que ahí cobraban los sueldos, los alumnos pagaban sus inscripciones y cobraban sus becas”, añade.
Fue precisamente la vida universitaria la que terminó por darle al inmueble el nombre con el que sería conocido durante décadas.
Fueron los estudiantes, señala la historia, quienes le adjudicaron el nombre. Durante muchos años, en las llamadas “novatadas”, donde los jóvenes veteranos universitarios recibían a los de nuevo ingreso con alguna broma cargada, estos acudían al casco hacendario y, una vez pasado el umbral, eran intocables para sus persecutores.
Habían llegado a “La Gloria”, decían, porque dentro estaban a salvo.
En 1999, el Instituto Nacional de Antropología e Historia le declaró Monumento Histórico de la capital del estado de Coahuila. Y hace cinco años comenzó otra transformación.
El rector Alberto Flores Olivas inició la etapa de rehabilitación del inmueble bajo el proyecto de convertirlo en museo, en el marco de los cien años de la fundación de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro.
Cinco años para devolverle la vida
Al tratarse de un patrimonio histórico, el edificio no podía sufrir daños ni modificaciones en su estructura.
“No podíamos, por ejemplo, cambiar paredes o taladrar. Toda la museografía está sin afectar al edificio, la restauración estuvo a cargo del Instituto Nacional de Antropología, se hizo con una inversión grande casi de 40 millones de pesos, tardó cinco años la restauración y luego nosotros con una inversión que anduvo rondando los 27 millones de pesos, hicimos toda la museografía, y eso lo convierte en una de las inversiones más importantes culturales para el estado de Coahuila y para México”, dijo González.
Francisco Daniel Hernández Castillo, secretario general de la Narro, explica que debieron recuperar los muros, pisos y tejas originales.
En algunos casos, el material con el que se construyeron estas últimas ya no se vende, debido a que la tierra es diferente. Por ello, tuvieron que construir los moldes originales en sus dimensiones y traer tierra de donde se presupone que se realizaron las tejas.
La restauración devolvió al edificio parte de sus materiales originales. La museografía, en cambio, debía contar todo lo que ocurrió después. Toda la producción fue hecha por empleados del Museo del Desierto.
“Que afortunadamente ya después de 26 años hemos aprendido a contar mejor las historias y a tener especialistas de un gran nivel, los carpinteros, los herreros, los artistas permitieron que todo esto se pudiera lograr con un muy bajo costo porque el metro de museo anda rondando siempre arriba de los 25 mil pesos y este ni siquiera llegó a 15 mil”, destaca el director del MUDE.
El resultado abrió sus puertas. El pasado 3 de septiembre, el espacio comenzó a recibir al público, que “ya lo asumió”, puesto que fue armado “con fotografías que pudimos obtener de exestudiantes, investigadores y académicos y todo el grupo de personas que se han volcado a darnos información o elementos como fotografías y documentos que permiten que se enriqueciera mucho esta visita”, añade.
Son alrededor de mil 700 metros cuadrados distribuidos en al menos seis salas. El horario será de martes a domingo, de diez de la mañana a cinco de la tarde, y quienes lo deseen pueden utilizar los camiones de traslado estudiantil de la UAAAN, apunta el secretario general.
La historia del alimento es la historia de la cultura
La Gloria, Museo del Centenario, alberga en sus salas la historia de la agricultura y el papel de la Universidad Autónoma Agraria en su desarrollo, que incluye reconocimientos a nivel internacional por sus aportaciones a esta especialidad alimentaria.
“Buscamos que los espacios sean siempre interactivos e inmersivos”, explica Arturo González.
El recorrido parte de la práctica de la agricultura y el almacenamiento de granos, que marca el origen de la historia y las sociedades complejas, a diferencia de la prehistoria, cuando todavía el ser humano era nómada.
Para ilustrarlo, se instaló un coscomate, estructura que se utiliza para almacenar granos.
“Eso nos permitió volvernos sedentarios, tener más tiempo y dividir el trabajo, es cuando se origina el estado. La historia del alimento es la historia de la cultura. Esa es la realidad”, prosigue el director del MUDE.
Aunque el recorrido es cronológico, la primera imagen que atrapa al visitante es una réplica de las tiendas de raya que precisamente se instalaban en las haciendas para las familias de los campesinos.
Es la inmersión previa al viaje al pasado.
La bienvenida corre a cargo del mismísimo don Antonio Narro, hecha con Inteligencia Artificial, al igual que los murales, inspirados en la obra de Meléndez, “este gran muralista mexicano que pintaba al campo con trazos muy fríos e intensos, con diferentes momentos de la historia de la agricultura en México y, si los ves a detalle, tienen una gran cantidad de información”, explica González González.
El Museo buscó mostrar todo lo que identifica el quehacer y la vida universitarios.
Quien acuda podrá observar fotografías de los extintos desfiles chuscos, conocer la importancia de la mujer en un espacio reservado para hombres y descubrir “cómo las mujeres se han ido empoderando y la Narro ha sido fundamental para este proceso”.
Marisol Orlansino, actual reina de la UAAAN, señala que esto es un tema relevante, ya que en sus primeros años apenas había de dos a tres mujeres en toda la población de estudiantes, pero actualmente el porcentaje es mayor al 40 por ciento.
La Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro ha elegido reinas en los últimos 60 años y una de las salas les rinde homenaje. Solo suspendió su selección durante la pandemia por Covid-19, y Marisol es la primera luego de siete años sin retomar la tradición.
“Era muy muy poco conocido que las mujeres pudieran estar en una universidad, sobre todo de agronomía, ellas poco a poco fueron teniendo esa fuerza, esa valentía”.
De los premios Nobel a La Rondalla de Saltillo
El proceso museográfico “te va entreteniendo, tiene información muy valiosa y fue un atino muy grande del rector Alberto Flores Olivas”, agrega Arturo González.
La convocatoria para alimentar este espacio recibió una avalancha de objetos y recuerdos de exalumnos.
Llegaron también historias sobre el trabajo con premios Nobel, la creación del maíz enano que ayudó a Pakistán y a la India a evitar unas hambrunas terribles y las investigaciones realizadas con la Fundación Rockefeller de Estados Unidos para desarrollar variedades con mayor resistencia y eficiencia.
Entre las áreas más destacadas está la dedicada a La Rondalla de Saltillo.
“Que gana muchos discos de platino y de oro en la época de Raúl Velasco y ha sido una tradición desde entonces, yo creo que todo mundo está vinculado a alguna serenata, algún evento donde este grupo de músicos que han puesto a Saltillo visible en todo el país”.
Así, el museo no sólo cuenta lo que ocurrió en las aulas o en los campos experimentales. También recupera las historias que terminaron formando parte de la identidad universitaria y de la ciudad.
El museo que mira hacia el futuro
El recorrido termina con lo que se hace actualmente en las carreras, la tecnología y la manera en que la inteligencia artificial se está incorporando a los cultivos.
Una de las innovaciones son los laboratorios vivos y funcionales, que serán responsabilidad de las diferentes áreas de la universidad. Esto incluye un centro meteorológico activo.
La segunda fase está evaluando incluir recorridos por los campos experimentales de la universidad y la experiencia de animales vivos que conecten a los visitantes con la realidad de que es el campo el verdadero agente de la sustentabilidad alimentaria en nuestro mundo.
La Gloria, aquella casa que alguna vez fue parte de una hacienda, ha vuelto a abrir sus puertas. Solo que ahora ya no es una casa de hacendados, ni una escuela, ni un internado, ni una rectoría.
Es un museo.
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