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"Te haré llegar dinero, mamá": la carta de despedida que expone el reclutamiento infantil del narco

Edgar Osvaldo, de 16 años, salió de su casa en Cuautitlán dejando solo una nota de despedida con la promesa de enviar dinero a su madre enferma.

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M+.- Son las dos de la mañana del 31 de julio. Edgar Osvaldo Cruz Nepomuceno, de 16 años, sale de su casa en la colonia La Guadalupana, en Cuautitlán. No lleva maletas, ni ropa, ni papeles. Solo deja una carta sobre la mesa. En ella no dice a dónde va ni con quién. Pero promete volver con dinero para ayudar a su madre.

Nancy Nepomuceno desdobla la hoja de cuaderno que guarda con recelo en el puño. Desgastada, con fisuras y manchas, muestra cómo esta madre se ha aferrado a este trozo de papel, el último recuerdo que le dejó su hijo.

"Mamá, no lo hago por rebeldía. Lo hago porque quiero ser alguien en la vida, y sé que esta vez no voy a regresar con las manos vacías. Mamá, te amo, y sé que por ti le voy a echar muchas ganas.
“Cuídate mucho, mamá, para que podamos gozar de lo bueno juntos. Pronto te haré llegar un dinero para que puedas saber que estoy bien. Te amo mucho. Atentamente, tu hijo", apenas puede leer la carta sin soltarse a llorar.

Para Nancy, Osvaldo no se fue por voluntad propia: "Yo digo que se salió con engaños. Con el 'vas a trabajar conmigo, no traigas nada, no digas nada, tú vente'."

Antes de marcharse, arregló sus cosas. Dejó todo en orden. Como si supiera que no volvería pronto. Tendió su cama, y esa semana había lavado su colchón; dejó un par de gorras para que su madre las vendiera y compensar que no podría trabajar esos días vendiendo dulces, labor con la que ayudaba a su hogar.

Su padre, Juan Carlos Cruz, reconstruye las horas previas a la desaparición. Un día antes, Osvaldo lo había visitado en su domicilio de Tultitlán. Se fue a despedir. Le pidió fotografías de él y de su medio hermano.

“Es un niño sensible, noble. Tenía la intención de estudiar su prepa. Estaba inscrito, ya a punto de entrar este lunes", relata y no puede evitar quebrarse.

Le pidió el dinero del mes para dárselo a su madre. “Me dice que me quiere mucho, y de alguna manera, perdón, como tratando de despedirse, Juan Carlos se confiesa: “perdóname tú por el tiempo que no estuvimos juntos”. Se despide de su mamá y les dijo: “gracias por estar los dos otra vez juntos, de alguna manera”. Él pocas veces los veía juntos, pues cada uno formó a su familia.

"En el momento, sí lo notamos como despidiéndose, pero nunca nos imaginamos que realmente iba a tomar esa decisión, no lo notamos, lo notamos raro, pero nunca nos imaginamos que tomara esa decisión tan drástica de salirse”, le cuesta trabajo hablar sin quebrarse.

Esa madrugada caminó solo. Decidido, salta una reja, camina en la oscuridad para emprender un camino sin retorno, se mete a un callejón y ya no sale. Aparentemente, se dejó reclutar.

Cuatro de cada 10 personas no localizadas tienen entre 12 y 17 años

Ese sábado, Nancy tenía hemodiálisis. Lleva 10 años en tratamientos médicos. Osvaldo la acompañaría, como cada tercer día. Recuerda su madre: “Voy a ir a mi tratamiento, vamos a darle ese chance. Quizás se salió, iba a regresar, o fue a trabajar y regresa… Pero la nota decía que pronto me hará llegar un dinero. O sea, ¿se va?", no deja de cuestionarse.

Para la Fiscalía General del Estado (FGJ) del Estado de México, el caso de Edgar Osvaldo se convirtió en una carpeta más. Y es que los números retratan una crisis de desapariciones de adolescentes. Pues 4 de cada 10 personas no localizadas tienen entre 12 y 17 años.

Tan solo en agosto, la Comisión de Búsqueda del Estado de México reportó la desaparición de cuatro adolescentes en el mismo perímetro: Edgar Osvaldo (16), Miguel Salazar (14) y Astrid Alina (14), Fátima Zoe (14); cinco, contando a una joven de 22 años. Todos reportados entre La Guadalupana y la colonia vecina de Galaxia Cuautitlán.

En agosto, el Estado de México acumuló 54 reportes de adolescentes entre los 12 y 17 años (30.2 por ciento); 15 niños menores de 11 años (8.4 por ciento); y 110 mayores de 18 (51.5 por ciento). Detrás de cada cifra, una familia, una familia víctima, una espera.

De acuerdo con datos oficiales, los municipios del Valle de México de Ecatepec (13 casos), Toluca (12), Naucalpan (10), Los Reyes La Paz (10) y Chimalhuacán (9) concentran la mayoría de los casos, coincidiendo con las zonas de operación de grupos criminales.

A los padres, ni siquiera les dijeron que tenían derecho a reclamar las cámaras de videovigilancia de la colonia. Y por si fuera poco, desde el Ministerio Público de Cuautitlán se turnó a un tal licenciado Fabela, funcionario que estaba de vacaciones.

"No le dieron agilidad al problema. Aunque me traiga los oficios y las cámaras, no puedo hacer nada porque quien tiene tu carpeta de investigación está de vacaciones", reclama Nancy.

Luego de varias diligencias y de ser asesorados por personas que también se encuentran en la búsqueda, lograron que en el ministerio público les entregaran el oficio para solicitar acceso a las cámaras de videovigilancia, mientras que trabajadores del mismo C4 se negaban a darles acceso o bien se ha convertido en un martirio, que a la fecha solo les queda esperar.

"Son muy pocos los minutos que se ve, donde se ve que camina solo hacia una avenida, se mete en un callejón y ahí se pierde. Son muy pocas las cámaras que nos han otorgado", reclama el padre.

Lo único que hicieron en ese momento es redactar la ficha de búsqueda en la que describe a Edgar Osvaldo; de complexión delgada, tez morena clara, cara alargada, frente pequeña, cejas semipobladas, ojos café obscuro grandes, nariz recta de base ancha, orejas medianas, mentón redondo, boca mediana, labios delgados y pómulos poco prominentes. Mide 1.63 metros y pesa 48 kilos.

Cabello negro corto. Con una cicatriz en la cabeza del lado derecho. La última vez que fue visto, portaba un pantalón de mezclilla azul marino, sudadera cerrada con gorro azul marino y la leyenda GAP en el pecho, además de botas negras, según la misma ficha.

Nancy resume con amargura el periplo ministerial: "A ellos les consuela la tranquilidad de decir: 'tu hijo dejó la carta y se fue por su propia voluntad'. Pero le vuelvo a decir: es un menor de edad".

De la desaparición al reclutamiento 

Pero la historia de Edgar no empieza el 31 de julio. Meses antes, en mayo, el adolescente ya había intentado unirse a una pandilla que controla el municipio vecino de Melchor Ocampo. Se presume que el adolescente podría haber llegado hasta un punto de venta de droga en las inmediaciones del panteón del municipio, donde opera una organización encabezada por un hombre conocido como El Pelón.

Pero en esa ocasión Edgar se arrepintió. La noche del 25 no llegó a casa. Se lo confesó a un primo: "La vez que no llegué, caminé y caminé y llegué a Melchor. Estaba haciendo mis necesidades y se me para un fulano. Me ofreció de todo y me dijo que si yo quería trabajar con él, ¿cómo ves? ¿Me voy? Y el niño le contesta: 'pues estás tonto, güey. No digas mamadas'. Y ya no me dijo más, hasta ahí", relata Nancy.
El modus operandi no es nuevo. Lo explica Juan Martín Pérez, de Tejiendo Redes por la Infancia: "Es viejo el método de engancharlos con sustancias, como deudores permanentes. Andan atrapados. Y mucho de lo que hemos observado en los estudios, confirmados con Reinserta, que hizo sus propios estudios, es que hay un abanico”.

La mayoría está como halcón, como vigilante, explica; otros, dependiendo de su edad, entre los 14 y 16 años, que están en lógicas de laboratorios, traslado de sustancias, trasladan piezas de armas. Y ellos ya saben que están siendo parte de un tema. Y algunos llegan al sicariato.

Y añade: "El sistema de justicia, como está ahora, requiere un solo pequeño ajuste para poder diferenciar. Y para ello necesitamos la tipificación del reclutamiento. Y eso permitiría diferenciar estos casos que entran por reclutamiento, para que el sistema de justicia pueda tener lugares especializados y seguir un proceso diferente, como lo hace Colombia o en África, por lo que viven".

Edgar dejó su Instagram abierto. Y ahí está la otra historia. La que no se ve a simple vista. La que explica cómo un adolescente de 16 años termina yéndose de casa para unirse a una organización criminal.

"Él sufrió de bullying durante la secundaria. Entonces trae muchas cosas increíbles de lo que vivió con su mamá enferma, las necesidades y lo que le hicieron en la escuela", dice Nancy.
Y luego, el chat. "Él quiere ser como uno de ellos. El tal Diego es más grande. No sé si lo conoce en la Jaime, porque le dice Edgar: 'el que conociste cuando estaba yo en la Jaime, al que le sacaste la pistola a mi amigo'. Le responde: 'ah sí, sí, ya te ubico, carnal'. Y le dice: 'oye, ¿cómo le hiciste? Es que yo quiero ser como tú'. '¿Cómo?' 'No, no, así déjalo', le contesta Osvaldo. 'Sigue los consejos de tu mamá porque acá no está padre y luego cuando los patrones te hacen hacer cosas'. Y eso es lo que veo en su Insta que dejó abierto en mi celular." Y todo esto se lo dijo al MP.

En el Congreso de la Unión, el reclutamiento forzado sigue sin nombre. Sin tipo penal. Sin castigo específico. Han sido enviadas al menos un centenar de iniciativas para tipificarlo. Pero hasta hoy, cuando se persigue, en el mejor de los casos se clasifica como trata con fines de explotación. Sin que la práctica pueda siquiera ser visibilizada.

"Personalmente he acompañado 30 iniciativas de reforma para el Código Penal para tipificar el delito de reclutamiento forzado. Al menos 30. Y hay en el registro de la Cámara de Diputados más de 100", dice Juan Martín Pérez.
Y subraya la contradicción jurídica: "A lo largo de estos años hemos insistido en que tienen un doble rol: son víctimas de un crimen reconocido internacionalmente como crimen de guerra si es antes de los 15 años, y/o una violación a sus derechos humanos cuando tienen más de 15. Pero al mismo tiempo son perpetradores. Tenemos que ponderar porque hay un choque de derechos como niños, niñas y adolescentes y de las víctimas."
La especialista en infancias Elena Azaola traza el contexto que produce estas historias: "A estos chicos muchas veces les ha fallado la familia. También porque tienen enfermedades o están en circunstancias difíciles de sus padres. Y cuando la familia falla, cuando la familia no los puede cuidar, hay veces también que los niños y los padres se separan, y los niños están completamente desestructurados. No por la separación de los padres en sí, sino porque un tiempo iban con el padre, otro con la madre, otro con el hermano, otro tiempo con el abuelo. Entonces, cuando ellos empiezan a narrar su historia, se pierden".
"Estos chicos se habían ido al crimen organizado porque le habían matado a su madre, a su padre, a un hermano, y nadie había ido a protegerlos, a darles justicia, a explicar qué le pasó a su padre, a su madre, a su hermano. Ellos se van a la delincuencia porque ellos quieren averiguar quién mató a su padre, a su madre, a su hermano. O también: la vida no vale nada. Están dispuestos a matar. Y otra razón por la que están dispuestos a matar desde muy pequeños puede ser un factor de alguna manera contrainstitutivo, y no lo pensamos de primera instancia.
"Un chico necesita una estructura, necesita unas reglas, necesita unos límites precisos, necesita que alguien lo proteja. Muchos de estos niños trabajaban desde que tenían 7 u 8 años, y eso no es ser infancia. Ser infancia es una persona que necesita cuidados, protección, no hacerse cargo de aportar recursos a su familia. Son muchas las carencias y, sobre todo, el hecho de vivir en comunidades donde ese crimen está alrededor todo el tiempo. Y a veces, en esa comunidad, esas personas son los héroes a los que ellos desean imitar, por falta de otros modelos, por falta de otro entorno que se ocupe de ellos. Abandona la escuela muy temprano".

Nancy conoce ese retrato de cerca. "Él sufrió de chico ver a su mamá enferma, ver las necesidades. Maduró demasiado y él se sabe ganar, hasta cierto punto, la vida."

Y recuerda los últimos días: "En esa semana ahí le daba mucho por bailar: 'mamá, enséñame', y bailamos, pero le daba pena. Una semana empezó y: 'mira, sí sabes bailar así'. Ya no sé qué hacer; bailábamos, cantábamos. Yo noté muy diferente a Osvaldo, como que ya sabía, y me decía: 'mami, te amo mucho, te quiero, vas a conocer a tus nietos'. Y hasta cierto punto lo notaba normal. Hasta esa vez que fuimos a ver a su papá. Abrazó a su papá, le dijo: 'cuida a mi hermano, llévalo al parque', dándole un consejo a su papá de lo que él no hizo con él".
Juan Carlos pide respuestas: "Yo les pido que de alguna manera se enfoquen en lo que mi posición es: las cámaras, que haya más control en todos lados, en las escuelas, en las calles. Y que haya respuestas. No es para que estemos pasando esto. Somos muchas familias las que estamos pasando por ese tipo de cosas, y es una incertidumbre horrible y que uno no sabe ni por qué está de pie".
Nancy lo pide directo a las autoridades: "Que por favor me ayuden, me agilicen esto, que me ayuden a encontrarlo. Que por favor a las autoridades, a quien tiene la carpeta de investigación... Yo entiendo que hay miles de casos, pero que me puedan apoyar en ese sentido, agilizar. Yo siento que no están haciendo nada. Para ellos es algo normal porque mi hijo está desaparecido."
Al pequeño Osvaldo, le habla como si pudiera escucharla: "Hijo, regresa. Solo quiero saber que estás bien donde quiera que estés. Si realmente saliste a trabajar como tú dices, te pido que me perdones. Tú no tuviste por qué sufrir de esa manera. Desgraciadamente, yo no me enfermé porque haya querido. Sabes que te amo y que por ti sigo en esta batalla, solo por ti, hijo. Y tú siempre sabes que siempre he sido por ti y te lo he hecho saber. Y yo no estoy enojada contigo. Yo solo quiero que tú regreses, saber que tú estás bien. Y que en este momento yo voy a aceptar lo que tú quieras”.

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Amílcar Salazar Méndez
  • Amílcar Salazar Méndez
  • Reportero de investigaciones especiales, contador de historias y apasionado de la información.
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