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“Simon dice: todo va a estar bien”: Entre albergues y ventanas tapiadas, Jalisco espera el impacto del huracán

En medio de la alerta roja por el huracán 'Simon' de categoría 4, habitantes de las comunidades costeras de Cabo Corrientes se resguardan en refugios temporales de El Tuito.

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A sus 52 años, Rubén García Pinto nunca había estado en un refugio comunitario para resguardarse de un huracán y eso que casi toda su vida ha vivido en la orilla del mar. 

Es pescador en la comunidad de Ipala, en el municipio de Cabo Corrientes, Jalisco, pero como la última vez que un ciclón pasó por la costa del Pacífico causó muchos daños en su pueblo, decidió que sí dejaría su casa y aceptaría irse a un albergue ahora que se viene aproximando Simon, con fuerza de categoría cuatro.

“Como estamos a la orilla del mar y es mar abierto, es muy riesgoso, porque ya nos pasó una vez el año pasado y no tuvimos información de nada, nomás nos cayó de repente, palmas caídas arriba de la casa, láminas volando y ahí quedamos, sin resguardo de nada”, platica ahora que está en el refugio que se habilitó en la parroquia de San Pedro Apóstol, en El Tuito, cabecera municipal de Cabo Corrientes, uno de los 22 municipios de Jalisco que este sábado fueron declarados en alerta roja por el huracán Simon.

Antes de salir y dejar la localidad, Rubén protegió lo más que pudo su vivienda: “Procuramos, más que nada, asegurar las puertas, amarrar láminas, la madera, lo más que se pueda proteger, que, ante un huracán, pues, definitivamente, no se puede hacer nada, llega y va a hacer lo que va a hacer”, dice resignado.

Rubén, que se dedica al campo y a la pesca, llegó a la parroquia de El Tuito, que está a unos 44 kilómetros de su comunidad, la tarde del viernes, junto con un ahijado y un compadre y unos 50 más de sus vecinos de Ipala, en espera de que durante el fin de semana el huracán Simon, que avanza lento por el Pacífico, toque tierra en el estado.

Los trasladó personal de Protección Civil estatal que, junto con el Ejército mexicano, van y vienen de los pueblos costeros, convenciendo, casi como en una prédica, y trayendo gente, familias enteras, a este lugar seguro, donde hay catres, colchonetas, alimentos y una construcción firme.

“Es bonito porque estamos en la casa de Dios, pero se siente, a la vez, un poquito como extraño convivir con diferentes personas, pero estamos seguros”, añade.
Elementos de Protección Civil y del Ejército Mexicano coordinaron el traslado de pobladores vulnerables a refugios temporales.
Elementos de Protección Civil y del Ejército Mexicano coordinaron el traslado de pobladores vulnerables a refugios temporales. | Foto: Rafael Montes

De Los Corrales, otra población a la orilla del mar, llegó también al refugio la señora Sonia Joya, de 64 años.

“Nos avisaron que iba a llegar un huracán muy fuerte y nos fueron a rescatar”, platica sentada en una esquina de la parroquia, que luce con decenas de catres y colchonetas.

Familias enteras han llegado a pernoctar ahí y se esperaban más.

“Nos han pegado varios ciclones, huracanes, y nos han tumbado techos, y el aire y todo eso nos dio miedito”, dice la mujer que ya pasó una noche ahí con su hermana y su esposo.
“Estamos aquí, pero estamos pensando en lo que dejamos; a ver cómo nos va, porque dicen que viene muy fuerte la lluvia, el aire”, expresa resignada.

En El Tuito, una comunidad rural, se habilitaron cuatro refugios temporales: el de la parroquia, en dos escuelas primarias y en una secundaria, para recibir a los cientos de personas que puedan llegar de pueblos de la zona costera, de los cerros y de localidades que corran el riesgo de quedar sepultadas por aludes o inundadas por la fuerza del agua que pueda bajar por las laderas de las montañas.

Las calles de Puerto Vallarta se quedan en silencio

En Puerto Vallarta, que es zona turística urbana, la gente atendió la instrucción de las autoridades de Protección Civil y desde las cuatro de la tarde del sábado se resguardó en sus viviendas. Las calles quedaron prácticamente vacías y en silencio.

Los negocios cerraron puntuales. No hubo tiendas de conveniencia, ni supermercados, ni bancos, ni restaurantes, ni cafeterías, ni ningún negocio que en un sábado normal estaría lleno de vida, de fiesta, de turistas nacionales y extranjeros.

Viviendas y negocios colocaron costales de arena en las rendijas de sus entradas para tapar el paso del agua, en caso de inundación, pues ese es el gran temor, ya que el puerto es una bahía a la que quizás no entre con mucha fuerza el viento del huracán, porque las montañas la protegen, pero el agua que baje de esas montañas puede ser la gran villana.

Sin embargo, hasta la medianoche del sábado, todavía no había lluvia, ni llovizna, ni siquiera viento. Había mucho calor y mucho silencio, sí.

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Las calles de Puerto Vallarta quedaron prácticamente vacías y en silencio. | Foto: Rafael Montes

Se sentía un ambiente tenso, en calma, pero a la vez estresante, porque nada pasaba, pero no se sabía si era porque el huracán perdería fuerza o porque con el paso de las horas demostraría su ira.

También se colocaron tablones en las ventanas de casas y locales comerciales para protegerlas del viento, pero el tapial más famoso será, seguramente, el de la tienda Calima, en donde su dueño pintó con aerosol sobre la madera la frase: “Simón dice: Todo va a estar bien”. Ojalá.

AH

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Rafael Montes
  • Rafael Montes
  • Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Reportero desde 2008. En 2016 se incorporó al equipo de Grupo MILENIO para cubrir Política y asuntos especiales para diario, web y televisión. Aunque sus temas favoritos actuales son transparencia y rendición de cuentas, también le gustan las historias de la gran ciudad.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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