M+.- La tranquilidad en la pequeña comunidad El Mendoza se arruinó cuando la empresa Micromolienda de México comenzó a triturar y calcinar piedras dolomita y caliza para producir insumos agrícolas.
La planta no cuenta con licencia ambiental federal y ha provocado el desequilibrio ecológico de la zona, por lo que tiene una clausura total impuesta por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente que no ha sido acatada; el aval del municipio y el estado, permiten que se mantenga en operación, a pesar de que se han demostrado daños al ambiente, la salud de las personas y sus viviendas.
“Yo llevo 20 años viviendo aquí en la localidad del Mendoza, y este problema de la fábrica se presentó hace año y medio, cuando empezaron a moler piedra. La primera vez que sentí esas vibraciones muy fuertes, pensé que era un temblor. Después, dije, ‘no, ya no es normal’, porque se fueron sintiendo más cada día. Con el tiempo nos fuimos dando cuenta de cuarteaduras en la habitación”, señaló María Cano, una de las vecinas afectadas.
El Mendoza es una pequeña localidad del municipio de Francisco I. Madero, cuya cabecera municipal, Tepatepec, se localiza a unos 19 kilómetros de Actopan. La empresa ha estado ahí por años, pero de acuerdo con testimonios de las vecinas afectadas, sus instalaciones constaban solo de un pequeño horno que no generaba molestias, hasta que instalaron cuatro enormes trituradores con elevadores para dejar caer las piedras dentro y molerlas, lo que genera un ruido constante insoportable y vibraciones que vinieron a alterar la vida en este “pueblo quieto” que eligieron para vivir tranquilas.
“Ellos empiezan a ampliarse a partir de julio del 2025, y ya son cuatro hornos y trituradoras, con ello empieza la contaminación que es el polvo, el ruido y las vibraciones, que es lo que nos preocupa porque las casas se están dañando muchísimo”, dijo Dulce María Martínez, otra de las afectadas.
Los afectados encontraron que una renovación de licencia de funcionamiento, expedida por la Dirección de Reglamentos y Espectáculos del municipio, le autorizó a Micromolienda de México operar las 24 horas del día. Más de 30 familias afectadas llevan meses solicitando reducir el horario de operación solo de día, y aunque el permiso expiró el pasado 26 de septiembre, siguen operando.
“El apoderado legal que vino a visitar la casa para ver los daños, en algún momento él nos comentó que él le daba ciertos viajes de piedra y de material a la presidenta municipal”, explica, mientras el ruido de las piedras cayendo en la trituradora interrumpe la entrevista. “Sí, es el ruido que no nos deja, día, tarde y noche”, continuó.
En octubre del año pasado, la Secretaría de Desarrollo Urbano Sostenible de Hidalgo también emitió una prórroga de licencia de uso de suelo industrial por un año, a pesar de advertir que ese tipo de industria afecta a los vecinos por ruido, polvo y vibraciones.
“La demanda principal era que cambiaran su trituradora al cerro a donde extraen la piedra. Dos, que se les redujera el horario para que pues nos dejaran dormir porque realmente pues no podemos dormir. Es un pesar, es un dolor de cabeza, los niños no descansan, los adultos mayores pues igual, y tres, la reparación del daño”.
Dulce María resaltó que el proceso para pedir la intervención de las autoridades “se ha convertido en un vía crucis”, porque a pesar de las quejas y denuncias ciudadanas presentadas, no han logrado que la autoridad logre resolver la situación y continúa operando, a pesar de que existe una clausura federal.
“Hemos visitado dependencias como Semarnat, Profepa, Protección Civil; ellos vinieron y checaron las casas, vieron los daños; presidencia municipal y los regidores se han involucrado, hemos tenido mesas de diálogo. Profepa nos ha dado un dictamen de una visita que hicieron y la fábrica no tiene un permiso que se llama la Licencia Ambiental Única, que se los tiene que dar la Semarnat”.
El 4 de marzo, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) inspeccionó la planta y fue hasta cinco meses después, el 3 de agosto, cuando ordenó su Clausura Total Temporal, “toda vez que se determinó la existencia de un riesgo inminente de desequilibrio ecológico o deterioro grave de los recursos naturales”, según consta en el oficio: PFPA/20.3.1/35,6/0824-2026, dirigido a los afectados.
Según el expediente PFPA/20.3.1/35.6/00006-2026, la Profepa llevó a cabo una inspección en materia de emisiones a la empresa, detectando que ha estado operando por meses sin contar con la licencia de funcionamiento, denominada Licencia Ambiental Única, que es expedida por la Semarnat. Los representantes de la empresa solo mostraron a los inspectores el trámite de constancia de recepción ingresado ante la secretaría.
Además, durante la inspección, la Profepa constató la acumulación del polvo de dolomita y cal en un patio de 400 metros sin cubierta que evite su dispersión. Se trata de un área denominada "Patio de Almacenamiento de Fina", denominada así por la granulometría del producto almacenado, que se extiende en una superficie de 400 metros cuadrados, cubierta parcialmente por una malla sombra que no es suficiente para evitar la dispersión de partículas por el viento, con lo que el riesgo de contaminación es alto.
La dependencia también detectó que en los hornos se observan emisiones fugitivas de polvos, que salen por una compuerta, sin ser mitigadas o controladas. Asimismo, se constató la afectación de palmas (yucca filifera), endémicas de la región, por el contacto permanente con material triturado.
La dolomita es un mineral carbonatado que contiene calcio y magnesio; generalmente es inocua, pero su molienda en polvo representa un riesgo para la salud. Aunque la comunidad ha tenido mesas de diálogo con representantes de la fábrica y el ayuntamiento, no les han revelado la verdadera magnitud del riesgo.
“La presidencia municipal llevó un doctor que nos dijo que las emisiones de esta fábrica Micromolienda México son dañinos hacia la salud y son irreversibles, no sabemos exactamente qué daños nos pueden causar a la salud”, dijo Gloria Martínez, una madre de familia afectada, y preocupada porque sus hijos ya presentan constantes problemas respiratorios.
La dolomita contiene sílice cristalina; su constante inhalación puede provocar silicosis, una enfermedad pulmonar irreversible que causa fibrosis, es decir, la cicatrización del tejido pulmonar; lo deteriora gravemente la función respiratoria y aumenta el riesgo de tuberculosis e incluso cáncer de pulmón.
De esa manera, otra de Gisela González, una maestra jubilada con más de 20 años de residencia en el poblado, también lamentó no pasar su vejez tranquila, en la casa que le costó años construir, y en cambio vivir ahora preocupada por las vibraciones que ya provocaron grietas en su inmueble y las emisiones de polvo.
“Me preocupan los niños de la comunidad, porque son los que van creciendo. Dentro de pocos años va a haber mucha contaminación, porque ese polvo es un polvito pequeño que no se ve y al entrar por la nariz, al rato lo que nos va a provocar es el cáncer”.
La empresa comercializa la dolomita molida como un insumo agrícola orgánico bajo la marca Dolomagnum. En su sitio web refiere que el producto “no pasa por procesos químicos durante su elaboración, por eso conserva su origen natural y cuenta con certificado Kosher Food Grade”. Los representantes de la empresa recientemente informaron a la comunidad que se instalará una planta cementera, ya que la dolomita también se puede convertir en cemento mediante un proceso de calcinación, lo que temen generará mayores problemas.
HCM
