Un conjunto de arte rupestre con una antigüedad estimada de más de 4 mil años fue localizado en Hidalgo durante los trabajos del proyecto ferroviario México–Querétaro, lo que llevó a modificar el trazo de la obra para evitar daños al sitio.
El hallazgo se ubica en el cerro El Venado, en zonas de acantilado cercanas al río Tula y la presa La Requena, entre comunidades de Atotonilco de Tula y Tepeji del Río, en el surponiente de la entidad. En total, se identificaron 16 elementos, entre petrograbados y pinturas rupestres.
Representaciones y temporalidad del hallazgo
Las representaciones incluyen figuras humanas, animales y símbolos. Entre ellas, personajes con escudos, tocados y rasgos asociados a Tláloc, además de un posible venado, franjas de color y trazos que podrían representar fenómenos naturales.
Especialistas estiman que parte de estas manifestaciones corresponden a la prehistoria, con una antigüedad superior a los 4 mil años, mientras que otras se ubican en el periodo Posclásico (900–1521 d.C.), lo que evidencia ocupaciones humanas en distintos momentos.
“Aquí en el acantilado tenemos aproximadamente entre 12 petrograbados y pinturas rupestres. Aquí más o menos tenemos nueve y hay otros tres en otra zona. Podemos observar varias pinturas rupestres que varían de temporalidad. Todavía no tenemos bien definida la temporalidad, pero podemos observar figuras que son muy prehispánicas y quizás también prehistóricas.
"Lo prehispánico, en un estimado, estamos fechándolo alrededor del posclásico, esto debido a sus figuras, al proceso estilístico. Mientras lo prehistórico, ahí necesitamos hacer más estudios, pero posiblemente son antes de lo prehispánico”, informó el arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Abel José Romero.
Técnicas, registro y conservación
Dijo que los grabados fueron realizados mediante puntillismo, mientras que las pinturas se elaboraron con pigmentos minerales o vegetales. A pesar del paso del tiempo, varias de las figuras se mantienen en buen estado de conservación.
El registro más reciente se realizó en enero de 2026, aunque otros elementos ya habían sido identificados desde mayo de 2025 y eran conocidos por habitantes de la zona. El sitio cuenta con antecedentes de estudio desde la década de 1970.
“Ahorita lo que estamos haciendo es, primero, un registro fotográfico y fotogramétrico. ¿Para qué? Para poder estudiar más o menos qué tipo de pinturas son, a qué están haciendo referencia, qué quieren representar posiblemente y también fecharlas, comparándolas con otras pinturas que se han encontrado en la región. El estado de Hidalgo es muy rico en pinturas rupestres y petrograbados, entonces hay una bibliografía muy amplia con la que se pueden hacer comparaciones”, agregó.
Ajuste del trazo ferroviario
Entre las figuras también se detectaron representaciones con rasgos poco comunes en la región, similares a expresiones de la cultura mogollón, así como una posible imagen asociada al periodo de contacto con los españoles.
El trazo original del tren contemplaba atravesar la zona donde se localizan estas manifestaciones; sin embargo, se determinó modificar la ruta para preservar el sitio, ante la imposibilidad de trasladar las piezas. El proyecto ferroviario continuará bajo un esquema que busca evitar afectaciones al patrimonio arqueológico mientras avanza la obra.
“Se hace una defensa de este sitio y se logra que el trazo cambie para no afectarlo y así preservar la pintura. Nosotros nos involucramos justamente con las autoridades, discutiendo con ellas, llegando a acuerdos para preservar lo más posible. Entonces, si en nuestras manos como arqueólogos está llegar a acuerdos con las autoridades para preservarlo, pues para nosotros ya es un triunfo, que es algo que se hizo aquí”, agregó.
El especialista señaló además la importancia de llegar a acuerdos con la Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa), “que son los encargados de llevar esta obra, para que se preserve el lugar. Hemos tenido acercamiento con la gente; la gente cuida estos lugares y se puede notar en su preservación. Para ellos es importante, incluso el lugar que se llama El Venado, pues hacen propia esta pintura que está representando un venado”.
El Venado revela ocupación milenaria
Ubicado en acantilados cercanos al río Tula y la presa La Requena, entre Atotonilco de Tula y Tepeji del Río, el lugar no opera como zona arqueológica abierta, sino como registro técnico de pinturas y petrograbados distribuidos en superficies rocosas con alta visibilidad territorial.
El sitio fue identificado desde la década de 1970 dentro del Proyecto Arqueológico Tula, coordinado por Eduardo Matos Moctezuma, cuando se documentó una figura de venado que dio nombre al cerro. Desde entonces, el registro se ha ampliado con nuevas evidencias.
Entre los elementos documentados se encuentran figuras humanas con tocados y escudos, representaciones animales —principalmente venados—, así como formas abstractas y símbolos asociados a fenómenos naturales. También se han identificado rasgos comparables con expresiones de la cultura mogollón.
Especialistas plantean que el sitio tuvo una función simbólica o ritual, vinculada al entorno natural. La cercanía con cuerpos de agua y la ubicación en zonas elevadas refuerzan la hipótesis de usos relacionados con la observación del territorio y prácticas mítico-religiosas.
En años recientes, trabajos asociados al proyecto ferroviario México–Querétaro permitieron documentar nuevos elementos rupestres.
Obras abren la puerta del tiempo
El avance de los proyectos ferroviarios en el país activó cuatro investigaciones de salvamento arqueológico en rutas estratégicas, donde especialistas detectaron cientos de vestigios culturales en superficie. Los trabajos, coordinados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), acompañan la construcción de nuevas líneas de tren de pasajeros impulsadas por el gobierno federal.
Las labores abarcan los trazos AIFA–Pachuca, Ciudad de México–Querétaro, Querétaro–Irapuato y Saltillo–Monterrey–Nuevo Laredo, donde equipos de arqueólogos recorrieron más de 800 kilómetros en campo.
“En tiempo récord, hemos completado el cien por ciento de los recorridos de superficie”, explicó el director de Salvamento Arqueológico, Salvador Pulido Méndez.
En el caso de la ruta AIFA–Pachuca, de 57 kilómetros, se registraron siete sitios con concentraciones de cerámica y material lítico, sin presencia de arquitectura. El trazo, asignado a la Defensa, se mantiene bajo observación conforme avanzan las obras.
De hecho, el mayor número de hallazgos se concentra en la ruta Ciudad de México–Querétaro, donde se identificaron 141 lugares con elementos culturales; de ellos, 31 tienen interés arqueológico y dos destacan por su relevancia: El Venado y Tula.
El sitio El Venado, ubicado cerca de Jasso, en Hidalgo, ya había sido registrado décadas atrás. Sin embargo, los recorridos recientes confirmaron afectaciones en estructuras por actividades agrícolas, aunque se mantienen visibles pinturas rupestres. Estas serán protegidas mediante ajustes al proyecto ferroviario para evitar su deterioro.
En Tula, el proyecto contempla ampliar infraestructura ferroviaria en una zona donde la vía actual atraviesa la antigua ciudad tolteca. “Tenemos 11 kilómetros por investigar… es una nueva oportunidad para conocer más aspectos de la capital de la cultura tolteca”, señaló el especialista.
Para la ruta Querétaro–Irapuato, de 108 kilómetros, se registraron 28 sitios, de los cuales siete requieren excavación directa. En el resto se evaluará si se excava o se implementa vigilancia durante la obra, ante la posibilidad de encontrar estructuras enterradas a mayor profundidad.
Los trabajos no se limitan al derecho de vía. También se inspeccionan áreas complementarias como pasos a desnivel, patios de maniobra y zonas de almacenamiento de materiales. Estas intervenciones buscan anticipar impactos antes de que inicie la construcción en cada frente.
Años de historia
El contexto histórico de los hallazgos abarca del periodo Clásico al Posclásico, con evidencia de movimientos poblacionales y relaciones culturales entre regiones del norte y centro del país. Algunos sitios podrían aportar datos sobre procesos de migración asociados a sequías antiguas.
El enfoque, según el INAH, no se limita a rescatar piezas. “No se trata solo de caminar y ver si hay vestigios… sino de hacer con ellos una investigación y propuestas de carácter científico”, afirmó Pulido Méndez.
Las excavaciones en puntos con potencial arqueológico comenzarán en las próximas semanas. El avance de estas investigaciones definirá ajustes en los proyectos ferroviarios y abrirá nuevas líneas de estudio sobre el pasado prehispánico en las regiones atravesadas por las obras ferroviarias.
AH