La reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales en México representa un cambio estructural para las empresas y exigirá nuevas estrategias para mantener la productividad, entre las que destaca la externalización de procesos, que consiste en delegar funciones no esenciales a proveedores externos especializados para mejorar la eficiencia y centrarse en los procesos esenciales del negocio, así como el uso de talento especializado como una de las principales soluciones.
De acuerdo con Norma Godínez, directora de Recursos Humanos en Kelly México, este nuevo entorno laboral no solo implica ajustes operativos, sino un rediseño profundo en la forma en que las organizaciones gestionan su operación. “Si las empresas siguen trabajando exactamente igual que hoy, el impacto económico puede ser muy fuerte. La clave será optimizar procesos y apoyarse en modelos más eficientes para mantener la productividad”.
México: donde más se trabaja
La discusión sobre la reducción de la jornada laboral cobra relevancia en un país donde los niveles de trabajo son de los más altos a nivel internacional. México mantiene una jornada máxima legal de 48 horas semanales, mientras que en gran parte de las economías avanzadas el estándar se sitúa en 40 horas o menos.
De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), los trabajadores mexicanos laboran en promedio 2 mil 128 horas al año, la cifra más alta entre los países miembros y cerca de 500 horas por encima del promedio.
Algunos análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) señalan que México se encuentra entre los pocos países que aún conservan este esquema, lo que ha intensificado la discusión sobre la necesidad de modernizar la legislación laboral, mejorar la productividad y fortalecer las condiciones de trabajo en el país.
La reforma, recién aprobada en el Congreso Federal, no solo reduce las horas laborales, sino que introduce un cambio de fondo en la forma de medir el tiempo de trabajo. Actualmente, existen tres tipos de jornada (diurna, nocturna y mixta), pero con la reforma todas se homologarán a un máximo de 40 horas semanales, migrando de un esquema de medición diaria a uno semanal.
“Estamos pasando de jornadas diarias a una jornada semanal de 40 horas. Ese cambio conceptual es clave para entender cómo se debe implementar la reforma”.
Externalización de procesos
Ante este nuevo contexto, la externalización de procesos y el uso de servicios especializados se perfilan como una herramienta estratégica para que las empresas puedan adaptarse sin comprometer su operación.
De acuerdo con Norma Godínez, estos modelos permiten a las organizaciones rediseñar y optimizar procesos clave, reducir el impacto económico derivado de horas extra o incremento de plantilla, y acceder a talento especializado bajo esquemas más eficientes. “Los servicios especializados pueden ayudar a las empresas a optimizar sus procesos para lograr la misma producción en menos tiempo. Ese es el verdadero reto ante la reducción de la jornada”.
Además, áreas como la administración de nómina, que incluye el cálculo, administración y cumplimiento de obligaciones relacionadas con salarios, prestaciones e impuestos, cobrarán mayor relevancia ante los cambios en el cálculo de horas extra y la necesidad de cumplir con nuevas disposiciones laborales.
Productividad, el reto
Uno de los principales desafíos será lograr un balance entre productividad, cumplimiento normativo y expectativas del talento. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la productividad laboral en México ha mostrado avances limitados, lo que incrementa la presión sobre las empresas para hacer más eficientes sus operaciones.
Al mismo tiempo, las organizaciones deberán implementar sistemas estrictos de control de tiempo y asistencia, ya que las autoridades laborales intensificarán las inspecciones. “Las empresas van a tener que medir las jornadas laborales con mayor rigor. Esto cambia la dinámica de trabajo y obliga a ser más eficientes en el uso del tiempo”.
Las empresas con operaciones continuas o esquemas 24/7 serán las más afectadas por la reforma, particularmente aquellas vinculadas a manufactura, industria automotriz, logística y textil, donde la operación no se detiene y los cambios en la jornada laboral implican ajustes directos en turnos, costos y capacidad productiva.
Por ello, la externalización de procesos puede convertirse en un habilitador clave para garantizar la continuidad operativa, permitiendo a las organizaciones redistribuir cargas de trabajo, acceder a talento especializado y evitar incrementos desproporcionados en costos laborales, especialmente por pago de tiempo extra que se eleva considerablemente con la reforma.
Para que estos modelos funcionen de manera efectiva, será fundamental que las empresas trabajen con proveedores que cumplan con la regulación vigente, establezcan acuerdos con indicadores claros de desempeño y aseguren el cumplimiento en materia fiscal, laboral y de seguridad social, especialmente ante un entorno de mayor supervisión por parte de las autoridades.
Preparación será clave
Frente a este nuevo escenario, la preparación será clave. Las organizaciones deberán comenzar por comprender a profundidad los cambios legales, particularmente el nuevo enfoque de jornada semanal, para después evaluar el impacto operativo y financiero que tendrá en sus modelos actuales.
A partir de este diagnóstico, será necesario diseñar una estrategia de implementación gradual, alineada con los tiempos que marque la legislación, que permita a las empresas adaptarse de forma ordenada, minimizar riesgos y mantener su competitividad en el mercado.
“La clave está en entender la ley y adaptar los procesos internos para ser más productivos. Quienes lo hagan más rápido podrán reducir el impacto y mantenerse competitivos”, concluyó.
Entrada en vigor
La reducción de la jornada laboral en México será una realidad a partir del 1 de enero del 2027, cuando se haga efectiva la primera reducción de 2 horas a la jornada. En 2028, la jornada se reduce a 44 horas semanales; en 2029 a 42 horas y en 2030 bajará a 40.
El Gobierno de México garantiza que no habrá reducción de sueldo al trabajar menos horas y que las horas extra se mantienen con su pago del 100 por ciento adicional (doble) y la posibilidad de alcanzar el 200 por ciento adicional (triple) si se excede el límite permitido.
De acuerdo con un estudio de EY (Ernst & Young), solo el 18 por ciento de las empresas en el país está lista para la implementación. La mayoría de las compañías se encuentra en un estado de parálisis técnica, ya que existe una polarización entre la conciencia y la ejecución, quien lo tiene analizado contra quien realmente lo está ejecutando.
Un 44 por ciento de las empresas en México se encuentra en un proceso de reflexión; es decir, analizando los cambios. Pero el 38 por ciento reconoce que tiene una baja preparación, lo que las posiciona en un riesgo alto frente a la transición.
El miedo al costo de la implementación, la falta de información, el temor a una baja en la productividad y la complejidad de las negociaciones con sindicatos, son los factores que más influyen en la inacción, según la investigación de la firma especializada en procesos.