La Comarca Lagunera, situada en el corazón del norte de México, es reconocida por íconos emblemáticos como el imponente Cristo de las Noas y la pasión futbolera que despierta el Santos Laguna.
Sin embargo, más allá de sus símbolos visibles, la región comparte una riqueza menos tangible, pero igual de profunda: su lenguaje. En esta zona metropolitana, que une a Coahuila y Durango, las palabras han tejido un universo propio de expresiones y modismos que conforman una identidad cultural única.
Un habla forjada por la historia y la vida cotidiana
Los habitantes de la Laguna han moldeado un habla que refleja historia, costumbres, migraciones e incluso los procesos económicos que marcaron a la región. Como explica el cronista lagunero Jesús Sotomayor Garza:
“Nosotros tenemos muchas palabras. Por ejemplo: ay chirrión, ay carajo, ay Chihuahua. Es una expresión que utilizamos mucho, ya sea para mostrar sorpresa o incluso para decir ‘me asustaste’. Sin embargo, muchos jóvenes ya no entienden estos modismos que antes eran cotidianos”.
Expresiones que definen pertenencia regional
En las calles, en las pláticas familiares y en los centros de trabajo, circula un repertorio lingüístico que va desde lo coloquial, como “ande no”, “achis”, “abusado”, “ya chole”, “jíjole” o “carrilla”, hasta vocablos más particulares como “azquel”, “reborujado”, “pantalonera”, “discada” y el famoso “lonche de pan francés”.
Son términos que quizá no tengan sentido en otros rincones del país, pero que aquí definen pertenencia y complicidad entre los laguneros.
Palabras que distinguen al norte del país
El historiador Carlos Castañón subraya que “dentro del norte de México tenemos nuestras propias palabras que nos identifican y nos distinguen. Pensemos en el ‘moyote’: si alguien lo menciona en otra entidad, no sabrán qué es; aquí entendemos que se trata de un mosquito que pica y pica.
“También usamos mucho el ‘reburujar’, o el ‘quibo’, contracción de ‘qué hubo’. Son expresiones que nos separan del resto del país y que refuerzan nuestra identidad”.
Influencias extranjeras y símbolos gastronómicos
El tono fuerte y golpeado de la voz lagunera se complementa con un vocabulario marcado por la influencia de familias extranjeras que llegaron a la región durante el auge algodonero e industrial. De ahí surgieron términos como “pan francés” y “lonche”, este último derivado del inglés lunch.
Pero en la Laguna el “lonche” no es cualquier comida ligera: es un pan francés relleno de aguacate, carnitas o carne adobada, que se ha vuelto un símbolo gastronómico tan representativo como las expresiones que lo nombran.
Estudios y publicaciones para preservar el habla lagunera
La vitalidad del habla lagunera ha motivado estudios académicos y publicaciones que buscan conservarla. Entre ellas destacan "Coahuila y sus modismos" y "Habla coloquial en uso y desuso", del investigador Abel García, así como "Lagunerismos", del maestro Saúl Rosales.
Estas obras documentan la riqueza léxica heredada no solo de la vida moderna, sino también de lenguas originarias como el náhuatl, cuyo eco todavía resuena en expresiones cotidianas.
Raíces indígenas y creatividad popular
“En el habla de la Laguna —explica un cronista municipal— tenemos palabras como ‘chincual’, ‘chinana’, ‘chiluca’ o ‘chimolero’, este último usado para referirse a un caldo aguado de chile.
"Decimos ‘mi jacal’ para hablar de la casa, y de ahí derivan verbos como ‘jacalear’, ‘comadrear’ o ‘andar de jacalera’, que se aplica a quien gusta de visitar casas ajenas para convivir o chismorrear”.
El lenguaje como expresión de orgullo y pertenencia
El sociólogo Ricardo Jurado Rangel añadió que estas expresiones no son meros adornos lingüísticos, sino reflejos de una cultura profundamente arraigada: “con ellas mostramos sentido de pertenencia y orgullo por la tierra".
"Palabras como ‘tolvanera’ o ‘reborujado’ no solo describen fenómenos físicos o situaciones, también condensan una manera de percibir el mundo que es muy nuestra”.
Cuando las palabras generan malentendidos
Incluso existen episodios que muestran cómo el habla lagunera puede generar confusiones fuera de la región. Jurado recuerda el caso de un comensal que, al pedir “pan francés” en un restaurante de la Ciudad de México, recibió un postre de repostería en lugar del tradicional bolillo lagunero.
Lo que en la Laguna es una referencia inequívoca, en otro lugar se transforma en un malentendido cultural.
Lenguaje que crea microculturas familiares
La palabra “azquel”, por ejemplo, designa a un insecto en el habla popular, pero en algunas familias laguneras se ha convertido en un apodo cariñoso o en una manera de nombrar a uno de sus integrantes, lo que demuestra cómo el lenguaje también crea microculturas dentro de la gran identidad regional.
Un patrimonio intangible que une a la región
Así, el habla lagunera se erige como un patrimonio intangible que va más allá de las fronteras municipales y estatales. La riqueza de sus expresiones sintetiza historia, herencia indígena, contacto con lenguas extranjeras y creatividad popular.
Cada palabra pronunciada en las calles de Torreón, Gómez Palacio, Lerdo o Matamoros es un recordatorio de que la identidad no solo se construye con monumentos ni con equipos deportivos, sino también con esas pequeñas formas de nombrar la vida que solo cobran sentido dentro de la comunidad.
En la Comarca Lagunera, hablar “lagunero” es reconocerse en el otro, reafirmar pertenencia y rendir homenaje a una tierra que, en cada palabra, deja constancia de su singularidad.
RM